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Narra Eugenia Meyer la historia de Cuba a través de las mujeres

Por Redaccion

La historiadora Eugenia Meyer da voz a ocho mujeres que, de distinta manera, participaron en el proceso revolucionario de Cuba, en el libro El futuro era nuestro, una coedición de la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Facultad de Filosofía y Letras y el Fondo de Cultura Económica.

A lo largo del enorme volumen –más de mil páginas–, las ocho cubanas narran al lector, guiadas por la autora, su cotidianeidad y su participación en la revolución; sus voces hilvanan el panorama histórico de casi todo el siglo XX, de acuerdo con un texto de Ana Rita Tejeda, publicado en Gaceta UNAM del pasado 21 abril.

La fascinación de Meyer por este movimiento revolucionario la llevó a visitar la isla en 1976, señala el artículo. En ese viaje se sorprendió particularmente por el desarrollo que habían alcanzado las mujeres y sus familias, además de percatarse de los esfuerzos que hicieron por romper esquemas y dejar atrás la marginación de siglos de usos y costumbres injustas.

Luego de tres años de trabajar con la Universidad de La Habana en diferentes programas y actividades, en 1979 decidió recuperar estas experiencias por medio de entrevistas. Se trata de un libro cuya portada es la imagen del cuadro Es lo que se ve, de la pintora Antonia Eiriz, una de las protagonistas.

Fuera de Esterlina Milanés Dantín, que fue una heroína, traductora personal de Fidel, y de la pintora Eiriz Vázquez, ambas reconocidas en Cuba, las otras entrevistadas se convierten en protagonistas a partir del libro: Norberta Rivas Viáñez, Gladys Maimó Brito, Sonnia Iraida Moro Parrao, Mireya Herrera Martínez, Migdalia González Cruz y Consuelo Rolo Hernández

Cada una de ellas, explica la historiadora, es el reflejo de lo que sucedió en la isla en diferentes situaciones. Dos tenían en la fecha de la entrevista más de 70 años y ya fallecieron. Esterlina Milanés, quien luego de pertenecer a la burguesía se unió a la revolución, fue torturada por las fuerzas de Batista y permaneció en Cuba hasta su muerte.

La mulata Norberta Rivas Viáñez, de abuelos esclavos, trabajó como criada y cocinera. Después vio en el cambio social su gran emancipación y se convirtió en una ejemplar trabajadora del campo.

Meyer recordó que Eiris Vázquez en los años 60 fue marginada por no pintar acorde con los cánones de la revolución. Después, cuando volvió a hacerlo, en la década de los 90, ganó una beca Guggenheim, indica el texto.

También se refirió a la obrera Consuelo Rolo Hernández. De Migdalia González recordó que fue miliciana, junto con el contingente del Che. Además, Sonia Moro es una historiadora que se educó en Alemania Oriental y, con base en su formación, narró lo que vivió, el escenario y las situaciones.

La más joven de todas, Mireya Herrera Martínez, tenía en esa época 29 años y, ya educada con las bases de la revolución, entró a trabajar en un reformatorio para mujeres prostitutas.

HISTORIA DE LA HISTORIA

Olvidado en un cajón, Eugenia Meyer comentó que el libro lo produjo en 1979, primero con cuatro mil páginas que releyó y corrigió entre 1980 y 1982. El material estuvo listo en 1985, pero lo dejó en un cajón durante muchos años. Regresó a ese texto olvidado en 2004, cuando descubrió, en un viaje por Vietnam, que el proceso de las mujeres en ese país fue parecido al de las cubanas.

Siendo un volumen de historia, la autora aclaró que introdujo una síntesis de hechos relevantes ocurridos hasta 2005, una cronología que ubica a los lectores en el tiempo. De igual manera, en cada capítulo coloca notas explicativas a pie de página. También agregó un epílogo que escribió en 2006 con el título Y después, donde cuenta qué le sucede a cada mujer posteriormente a 1979.

Aunque las historias pueden leerse como se quiera, señala Gaceta UNAM, la académica de la Facultad de Filosofía y Letras reconoció que no fue fácil ubicar en qué orden estaría cada una, y al final decidió crear un ritmo en el libro donde Esterlina estuviera en las primeras páginas y Antonia fuera la última, porque es la única que se fue de Cuba.

Dijo que a las ocho las entrevistó entre seis y 10 veces, dos horas por ocasión, y utilizó un cuestionario tipo, para “ver como se habían desarrollado por generaciones desde el punto de vista de las mentalidades”, explicó.

Recuperar las voces de la historia La especialista en la Revolución Mexicana explicó que el método de historia oral es un recurso auxiliar para este tipo de investigación: “No pretende sustituir a otras formas de fuentes escritas, más bien sirve para ocuparse de asuntos que no están rescatados y dar la voz a los de sin historia”.

Advirtió que recuperar información mediante la entrevista demanda conocimiento de la época a tratarse y la capacidad para conocer al personaje y su temperamento, pues este recurso se traduce en un proceso de catarsis y hay momentos difíciles para los informantes. “Esterlina no había contado todo lo de su tortura y, después de hacerlo, se había quitado el peso más grande de su vida. En la confesión o denuncia hay que saber guiar”, precisó.

Para Meyer “cada relato fue una lección de vida”, y destacó que las mujeres tardíamente aparecen en la historia escrita como personajes, aunque “ahora estamos recuperando las voces de los vencidos”.

La autora del libro John Kenneth Turner, periodista de México reconoció que este volumen está acorde con su pensamiento y experiencia de vida, pues se la ha pasado haciendo historia a contracorriente; a contrapelo. “La historia positivista, científica, llena de datos y fechas no la lee nadie y a mí me interesa que los libros tengan una difusión. Uno de los problemas más difíciles para los historiadores es lograr llegar a los lectores. Debemos despertar su interés; por ello hay que hacer una historia de manera lúdica”.

Al final comentó que actualmente está interesada en el tema de la fotografía en México y de la infancia en tiempos de la Revolución. Explicó que trata ciertos asuntos por temperamento, finaliza el texto de Gaceta UNAM.

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