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Necesario, replicar modelo de autodefensa en Cherán

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Los desaparecidos, los huérfanos y las viudas del municipio de Cherán, en Michoacán,  quedaron en el olvido, pero a decir de la dirigente social Teresa Guardián Pulido, la gente que en 2011 se atrincheró para resguardar su territorio, su agua y su bosque, dio una lección de rebeldía y de un proceso distinto de “autodefensa” frente al Estado y el crimen organizado.
 
Para esta mujer –una de las líderes purépecha del movimiento– sería ideal que otras comunidades de Michoacán, de otros estados y hasta de otras regiones buscaran alternativas de organización en las que las mujeres se sumen y participen, para abrir espacios para ellas y también para reivindicar los derechos de la comunidad.
 
En entrevista con Cimacnoticias, Teresa habla de la participación femenina en una comunidad que recurrió a la autodefensa de sus bosques porque era asediada por los talamontes e ignorada por las autoridades, que en vez de atender el problema apostaron a la inestabilidad social. 
 
Cuenta que en su momento Cherán fue el centro de atención por ser un movimiento social defensor del bosque, pero además fue un movimiento para unir y solidarizar al pueblo y en el que las mujeres arriesgaron sus vidas para detener a los talamontes. Gracias a ello hoy tienen una forma de gobierno independiente con base en los usos y costumbres.
 
LA LECCIÓN
 
Actualmente este movimiento de autodefensa indígena en Michoacán quedó en el olvido y ahora los comuneros deben tomar nuevos bríos para analizar qué sigue. Las mujeres, dice Teresa, tienen que –asegurar que estén representadas.
 
–Cimacnoticias (CN): ¿Entonces están llegando a tiempos de paz?
 
–Teresa Guardián Pulido (TGP): La comunidad siempre ha sido pacifica. Si llaman a Cherán conflictiva por defender su territorio, su agua, su bosque, estar contra las minas, somos rebeldes. Quienes han querido causar inestabilidad en la comunidad son el crimen organizado, la gente de afuera, el Estado. Están molestos porque Cherán se sale del papel estructural.
 
–CN: ¿Crees que frente al crimen organizado esta experiencia de autodefensa debería replicarse en otras comunidades de México?
 
–TGP: Sería magnífico; creo que es una alternativa que tenemos todas las comunidades y las ciudades. El resguardar las fogatas, las sembradas del pueblo eran el momento en el que los vecinos nos juntábamos a resguardar al pueblo. Teníamos que vigilar las 24 horas y entre las guardias comunitarias había roles, era una forma de organización impresionante.
 
“Los niños aprendieron. Tengo una niña; mi niña no dice el presidente municipal, mi niña dice el Consejo Kel, que es la autoridad máxima y lo componen tres personas por cada uno de los 12 barrios. Los integrantes son personas que fueron reconocidas y tomadas en cuenta para ocupar estos puestos. A partir de los usos y costumbres elegimos democráticamente a las personas.
 
EL FEMINISMO
 
Al hablar de la resistencia, la mujer considera que el precio siempre será alto pero también deja enseñanzas. “He aprendido mucho de las personas, las mujeres no sólo están formadas por la universidad también por la voz de otras mujeres, de las abuelas. Yo tengo un gran respeto a las abuelas, a su sabiduría. Eso es interesante en este camino de mujer purépecha feminista. Es un reto decir ‘sí se pueden hacer las cosas diferentes’”.
 
–CN: ¿Qué le dio a tu vida ser feminista?
 
–TGP: Al principio no sabía que me estaba metiendo al feminismo, lo fui reconociendo al recorrer de los años. A mí me asustaba la palabra, pero me quedaba claro que yo tenía que estar ahí, defendiendo los derechos de las mujeres, compartiendo sus palabras y vivencias, porque soy parte de la comunidad.
 
“Cuando llega el momento de ¿te sientes o no feminista? Me dije: ‘¿Qué es eso? ¿Cómo lo voy a digerir? ¿Cómo lo voy a asimilar?’. Llegó el momento en que dije; ‘Sí es cierto, somos feministas porque las feministas defendemos y exigimos justicia’”.
 
–CN: ¿Es complicado ser feminista en un mundo de usos y costumbres, o cuál es el lado positivo?
 
–TGP: Mucha sabiduría de las mismas compañeras no sólo purépechas, pero que comparten esa mirada del buen trato a las comunidades indígenas, a las mujeres; ésa es otra parte que tengo que  reconocer. Me forme al interior desde la visión de mujer indígena.
 
–CN: ¿Enfrentaste algún tipo de violencia por esta ideología?
 
–TGP: Claro, yo tengo claro que es violencia institucional. Al principio los hombres decían: ‘La maestra quiere un puesto, quiere ser presidenta municipal, quiere ser la tesorera’. Conforme fueron pasando los años, la gente vio que no iba por un puesto político, que mi interés iba más allá, mi interés era colectivo y claro tuve que luchar al interior de la comunidad con las mismas críticas y miradas de las compañeras. Ellas se han dado cuenta de mi trabajo, que me siento parte de las mujeres.
 
–CN: Supongo que van avanzado. ¿Van fortaleciendo una alianza entre las mujeres?
 
–TGP: Yo digo que vamos avanzando porque más de 20 años de caminar por los derechos de las mujeres indígenas y que a algunas ‘les caiga el 20’. Ahí vamos cuando las mujeres dicen: “Tiene razón lo que dice la maestra, lo que ella señala, tiene razón cuando nos dice en las asambleas, cuando ella se pone de lado de nosotras”.
 
MUJERES REBELDES
 
Teresa es originaria de Michoacán, de padres artesanos y aunque la costumbre es que las mujeres estudien hasta la secundaria, en su familia la apoyaron y logró ser trabajadora social para después convertirse en líder ambientalista.
 
“Aprecio la naturaleza, la lluvia, el sol, la tierra, la milpa, aunque mi papá no sembraba en grandes cantidades de tierra, tenía y sigo teniendo contacto con la naturaleza”.
 
–CN: ¿Qué te impulsó en este interés por los derechos femeninos?
 
–TGP: Algo muy en el fondo de mi corazón me decía que yo tenía que hacer algo. No soy parte del típico patrón de las mujeres de la comunidad porque yo pude salir a estudiar. En segundo lugar hacía cosas que no hacían otras mujeres. El hecho de no casarme a edad temprana era como ser la mujer quedada, la mujer solterona.
 
“Y luego como trabajadora social empecé a ver que las mujeres tenían más vulnerabilidad. Me tocó dar prácticas en un hospital y entendí las cuestiones de los derechos sexuales y reproductivos porque las mujeres de nuestras comunidades llegaban sin saber hablar español y los doctores las ignoraban, las discriminaban, las insultaban.
 
“Me quedé pensando en esa situación del trato y gracias a una organización que está aquí cerca, que trabaja temas de mujeres, llega a Cherán y da un taller y me escuchan hablar. Así me invitan a más talleres y voy para allá y voy para acá y empieza mi formación.
 
“Me empiezo a acercar, a entender más la violencia de género, a trabajar y a ver todos esos temas con pequeños grupos de la comunidad, invitando a tres, cuatro, cinco mujeres, y empezamos a platicar lo qué nos pasaba”.
 
Esa formación y su militancia feminista, además de los conflictos con el crimen organizado, hicieron que Teresa se uniera a las y los comuneros para armarse con piedras y palos. Ésa fue su opción, pero asegura que lo más importante fue una alianza y una organización conjunta de aquéllos que veían peligrar la estabilidad de su pueblo.
 
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