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Necesidad de un Programa Nacional de Emergencia Alimentaria

Por Clara Jusidman*

Salgamos esta semana de la controversia poselectoral, para comentar lo que está ocurriendo en los mercados internacionales de alimentos y que está afectando gravemente a millones de personas en el mundo y en nuestro país.

Nuevamente somos testigos de una escalada de los precios internacionales de los cultivos básicos a partir de junio pasado, después de las observadas en el primer semestre de 2008 y en junio de 2011.

En la segunda semana de julio la tonelada de maíz se colocó por arriba de los 315 dólares y la de soya anda por los 600 dólares, cifras superiores a las observadas históricamente.

Se prevén hambre y violencia en el mundo ante la peor sequía en Estados Unidos desde 1956. De acuerdo con la agencia Reuters, durante los últimos dos meses las cotizaciones de maíz estadounidense subieron más de 50 por ciento y las de soya 20 por ciento (La Jornada 9 de agosto de 2012).

Los datos disponibles del Coneval nos indican que el aumento de precios de los alimentos y la crisis económica de 2008 provocaron que el porcentaje de personas en condiciones de pobreza extrema en México, es decir con ingresos insuficientes para adquirir una canasta básica de alimentos, aumentara del 13.8 por ciento en 2006 al 18.4 por ciento en 2008.

Así entre esos años, de 14.4 millones de mexicanos en pobreza extrema se pasó a cerca de 20 millones, 5.6 millones más. El último dato disponible es para 2010 y el porcentaje de la población en pobreza extrema continuó en aumento para representar el 18.8 por ciento.

Desde 1996 este indicador había venido a la baja a partir de un nivel de 37.4 por ciento de la población alcanzado como resultado de la crisis económica de esos años.

Lamentablemente no contamos en México con información que permita calcular año con año este dato, pero seguramente con la escalada de precios de los alimentos de 2011 la tendencia al alza de la pobreza extrema debió continuar y se profundizará con lo que estamos observando este año.

Un dato que nos corrobora lo anterior es el aumento del Índice de la Tendencia Laboral de la Pobreza, también calculado por Coneval, y que alcanzó su nivel histórico más alto en el primer trimestre de 2012.

Asimismo, en los nuevos cálculos de pobreza que realiza Coneval por tipo de carencias de acceso a varios Derechos Humanos, el resultado señala que para 2010 cerca de 25 por ciento de la población, es decir uno de cada cuatro mexicanos, fue afectado por carencia en acceso a la alimentación.

Los estados que mostraron un aumento mayor de este indicador entre 2008 y 2010 fueron Baja California Sur, Campeche y el Estado de México. Es decir, el agravamiento del déficit en alimentación se distribuye desigualmente en el territorio nacional.

Como consecuencia de las adversidades climatológicas que México ha venido resintiendo en los últimos meses, de manera destacada la sequía que afecta a cerca del 50 por ciento del territorio nacional, fue necesario recurrir a importaciones masivas de alimentos a precios muy altos, afectándose el precio interno de éstos y golpeando severamente a la población que destina un porcentaje elevado de su gasto a la compra de alimentos.

Los últimos datos disponibles de la Sagarpa, que son de 2009, revelan que cerca del 30 por ciento de la disponibilidad de maíz en México proviene de importaciones, 12 por ciento del frijol y 67.5 por ciento del arroz.

Las situaciones de hambre deben estarse extendiendo en muchas zonas del país por el cambio climático, la destrucción de capacidades productivas por la violencia y el despojo de tierras, las elevadas tasas de desempleo y de ocupaciones precarias, la drástica reducción del flujo migratorio hacia EU, y por el desmantelamiento de diversas herramientas del Estado para garantizar la seguridad alimentaria del país.

Los bajos precios a los productores y el resurgimiento de los grandes acaparadores de alimentos ahora se acompañan con el enorme poder adquirido por las cadenas de supermercados y de las industrias de alimentos procesados.

En el fundamentalismo neoliberal que nos agobia hemos dejado a las salvajes fuerzas del mercado una materia tan fundamental como es la seguridad alimentaria de los mexicanos, y ya experimentamos la reciente escalada injustificada de precios de productos avícolas o el contrabando de un millón y medio de toneladas de maíz denunciado recientemente en la prensa.

Sabemos que en el marco de la Comisión Nacional de Desarrollo Social se creó un Grupo de Pobreza Alimentaria, pero la complejidad del tema hace más evidente la peligrosa disminución del Estado frente a la dificultad de las articulaciones y la suma de voluntades, que es necesario poner en práctica si no existe una decisión política clara y compartida.

Estamos ante un inminente cambio de gobierno; esperamos que el equipo de transición esté trabajando intensamente en un Programa de Emergencia Alimentaria.

*Analista del Cambio Social y presidenta de INCIDE Social A.C.

12/CJ/RMB

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