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Nien Hsing Internacional, síntesis de explotación

Por Benny Cruz Zapata/corresponsal

La maquiladora Nien Hsing Internacional, una de las más grandes en esta ciudad, sintetiza la forma en que operan este tipo de empresas en México donde las condiciones de abuso, humillación y violencia obligan a las y los trabajadores a buscar salidas como la formación de sindicatos que defiendan sus derechos, como hicieron ocho mujeres, hoy despedidas de la planta.

Plantadas a la entrada de la empresa, las mujeres narran a Cimacnoticias cómo decidieron formar un sindicato independiente para firmar un contrato colectivo federal que garantizara sus derechos laborales y diera fin a los salarios y jornadas de esclavitud, las prestaciones simbólicas y con reglas laborales que atentan contra la dignidad, tranquilidad mental y salud.

A pesar de las amenazantes rondas de vigilancia que empleados de confianza de los empresarios hacen para intimidarlas, grabándolas con cámaras de video, las mujeres explican que, de acuerdo con la información que han consultado, los salarios y las condiciones de trabajo no guardan relación directa con los niveles de productividad de las maquiladoras.

Es evidente, dicen, que al contratar a las personas sin las prestaciones de Ley, la mano de obra se vuelve más barata y esto redunda en la disminución de los costos para las maquiladoras.

Sólo en el Sur de Asia y en China se pagan salarios más bajos que en las maquiladoras mexicanas.

Ante el deterioro salarial y la necesidad que tienen las maquiladoras de aumentar su productividad, los trabajadores han tenido que aceptar el aumento de la duración de sus jornadas laborales para incrementar sus ingresos. En algunos casos llegan a duplicar la jornada de trabajo, con todas las consecuencias laborales y humanas imaginables.

También regresamos al pago por destajo, dicen, un sistema prohibido por la legislación laboral después del triunfo de la revolución mexicana. Pero ha reaparecido en las maquiladoras, sobre todo en aquellas donde predomina el trabajo manual. Pero las autoridades mexicanas parecen ignorar estas prácticas para captar inversión extranjera.

En general la política del gobierno es dejar trabajar a las maquiladoras a puertas cerradas, aún cuando se realicen en ellas operaciones peligrosas sin el equipo adecuado que pongan en riesgo la salud de los trabajadores, aseveran.

Para sobrevivir, los trabajadores mexicanos no sólo se han empleado en la economía informal o han aumentado sus niveles de emigración a EU, se han tenido que emplear en la Industria Maquiladora de Exportación y han tenido que cambiar incluso sus hábitos alimenticios, trabajar horas extras o varias jornadas muchas veces, regresar al pago por destajo.

También se han visto obligados a realizar trabajos a domicilio, han tenido que contratarse sin ninguna prestación de ley a la que tienen derecho, han tenido que emplearse mediante la contratación temporal y verbal, y cada vez más mujeres, jóvenes y niños trabajan por aumentar el ingreso familiar.

Es increíble pensar que a 157 años de distancia un poco más de un siglo y medio, las similitudes entre la clase obrera en Inglaterra en el año 1845 y la mexicana en la actualidad sean tantas.

Hoy la industria maquiladora, como la manufacturera en 1845, centralizan la propiedad en manos de unos pocos, utilizan a los trabajadores como piezas del capital y los explotan en las condiciones más adversas.

Evidentemente, el modelo maquilador no es la solución al atraso económico de México, consideran, aunque las maquiladoras han ayudado parcialmente a resolver el problema del desempleo en México, no han elevado el nivel de vida del pueblo en general si reconocemos que el 40% de la población mexicana vive en la pobreza.

Además de que nos colocan en una situación de vulnerabilidad a la dependencia de inversiones que en cualquier momento de inestabilidad buscarán otras latitudes.

DÍA NEGRO

Esa es la realidad que vive María, luego de 5 años de trabajo en la empresa: Se levantó a las 5 de la mañana, apenas escucho el reloj despertador.

En la oscuridad, para no despertar a sus hijos, llegó hasta el baño para asearse y luego se preparó un café, “negro porque la leche y las galletas son para mis hijos”.

Ya con la luz encendida, les preparó el desayuno y una sopita de fideo para la comida y se arregló para ir al trabajo.

Salió para encargar sus hijos, de 9 y 11 años, con la vecina. “Le doy 150 pesos por semana a fin de que me les eche un ojo. Y tomó el primer microbús que la lleva a la maquiladora, donde entra a las siete de la mañana y sale a las tres de la tarde.

Como no trabaja un turno definitivo, pues hay rotación, “en todos estos años no he podido buscar otro trabajo, mucho menos estudiar”, se lamenta.

“A mis 27 años me siento acabada, atrapada en un callejón que parece no tener salida, con los 450 pesos que me pagan a la semana muy apenas sobrevivo.

“Hay semanas que de plano tengo que pedir ayuda a mis hermanas, porque no me alcanza ni para lo más indispensable, por eso ando en este movimiento, sé que el riesgo es mucho y que si no trabajo no tengo ni para comer, pero de plano, ya Dios dirá”, dice y regresa a hablar con sus compañeras, algunas de las cuales ya fueron despedidas.

07/BC/GG

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