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Niñas de 9 años, con trastornos alimenticios

Por Guadalupe Cruz Jaimes

En el país sólo existen dos clínicas del sector salud para atender a pacientes con anorexia y bulimia, trastornos de la alimentación que cada vez se presentan a edades más tempranas y en fases más críticas, señaló el investigador de la UNAM Rodrigo León Hernández.

En entrevista, el psicólogo especializado en el tema criticó que las clínicas para atender la enfermedad son insuficientes y consideró que la estrategia que impulsó el gobierno federal para combatir los trastornos alimenticios es inoperante, ya que no está focalizada en la población que es más vulnerable: las niñas y adolescentes.

En México, quienes padecen anorexia o bulimia y carecen de recursos para atenderse en una clínica particular pueden acudir al Instituto Nacional de Psiquiatría (INP) y el Instituto Nacional de Nutrición. Cada instituto cuenta con una clínica.

De acuerdo con Rodrigo León, dos clínicas para atender a las pacientes de todo el país son insuficientes. Además, dentro de éstas los espacios son mínimos; por ejemplo, dijo, en el INP “el área de hospitalización sólo tiene tres camas para las chicas que llegan muy mal y requieren intervención inmediata”.

Además de los servicios públicos, en el país existen 12 clínicas particulares especializadas en el tratamiento de pacientes con anorexia o bulimia. El costo de la atención en estas clínicas es de entre 10 y 100 mil pesos al mes, según el grado de la enfermedad.

Para prevenir los trastornos alimenticios (entre ellos la anorexia y la bulimia), el gobierno federal implementó la estrategia “5 pasos por tu salud”, con la que se promueve el ejercicio, hábitos saludables de alimentación, como tomar agua y comer frutas y verduras, pero también propone que las personas se midan la cintura para controlar su peso.

A decir del especialista, esta estrategia es ineficiente porque no está focalizada en las niñas y adolescentes, pero también porque invita a medirse para controlar el peso y éste es un hábito de quienes padecen anorexia o bulimia. “Se corre el riesgo de que se enganchen para perder peso y lo hagan de una manera poco saludable”, alertó.

Por ello, Rodrigo León indicó que el sector salud está “apostando mal” pues el impacto de sus acciones está en el tratamiento, que es largo y costoso, y no en la prevención, que debe dirigirse a las y los estudiantes de primaria y secundaria.

La estrategia debe basarse en educar a púberes y adolescentes a comer sanamente, aceptar la diversidad corporal, y ser críticos ante los estereotipos de belleza que se proponen en los medios de comunicación, la industria cosmética y del adelgazamiento.

En el país, durante la década de 1990 a 2000, la edad promedio en la que se presentaba la anorexia y la bulimia era a los 17 años, ahora se presenta a los 13, aunque hay casos de niñas de 9 o 10 años con “un cuadro bien establecido de estas enfermedades”.

Además de que se presenta a edades más tempranas, los casos se detectan en etapas crónicas: “Llegan en estados críticos con pocas posibilidades de curación, pesando entre 25 y 30 kilos, con daño renal, osteoporosis o a punto de un paro cardiaco”.

La agudización de la problemática se debe, en parte, al desconocimiento de las familias: “Cuando les preguntamos por qué no acudieron antes dicen que no sabían que era una enfermedad, o pensaban que dejaron de comer por capricho”.

No dimensionan que es un trastorno mental, “que a lo mejor comienza con una decisión, pero se convierte en una enfermedad”.

A lo anterior se suma la normalización de las dietas y consumo de productos light, que son una puerta de entrada a los trastornos alimenticios, ya que iniciar una dieta sin la prescripción médica incrementa ocho veces la probabilidad de desarrollar anorexia o bulimia.

Ponerse a dieta no siempre tiene la finalidad de tener una vida saludable y estar en el peso adecuado; en muchos casos la razón obedece a la búsqueda de la figura ideal promovida por la cultura de la delgadez, que inició a finales de los años 60 con la inclusión de modelos con cuerpos muy delgados.

“Tenemos pacientes con madres o abuelas muy preocupadas por mantener una silueta delgada, que hacían dietas para toda la familia y consumían alimentos light”. La transmisión familiar del trastorno es recurrente, afirmó León Hernández.

Además de tener en casa la presión por tener una figura delgada, las y los niños y adolescentes la reciben a través de los medios de comunicación y de personas de su misma edad, e “internalizan la cultura de la delgadez”.

Un ejemplo es que en un estudio con una muestra de preadolescentes, el 94 por ciento eligió como su figura ideal una silueta muy delgada.

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