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“No está curado” violentar a las mujeres

Por Silvia Núñez Esquer*
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“Está curado” es una frase que se utilizó en años pasados por las y los jóvenes en Sonora para expresar que algo es muy bueno, agradable, positivo o chingón.
 
Poco a poco cayó en desuso y fue sustituido por “es rifado”, término no sólo utilizado actualmente en la entidad, sino en otros estados y fue evolución de “se la rifa o se la rifó”, para describir que alguien hizo algo muy importante, trascendente, y positivo.
 
Y como ocurre siempre con el lenguaje y sus elementos, “rifado” evolucionó y ahora es un adjetivo que abarca personas, objetos y acciones.
 
El pasado 4 de julio, el procurador de Justicia de Sonora, Carlos Navarro Sugich, impartió una conferencia sobre prevención de la violencia contra las mujeres. En ella mencionó en repetidas ocasiones que “no está curado” violentar a las mujeres.
 
A pesar de que la frase estaba simbólicamente dirigida a los hombres que agreden a las mujeres, cuando le preguntaron si no sería útil que esa conferencia la impartiera también a hombres, él contestó que sí sería muy bueno, aunque era mucho más “agradable” el público que tenía en ese momento, refiriéndose a que el recinto estaba repleto de mujeres.
 
Incluso cuando finalizó la conferencia lo hizo agradeciendo “a ustedes mujeres encantadoras de Hermosillo, y hombres no tanto”.
 
Durante su exposición utilizó el ejemplo del caso de feminicidio de la doctora María Concepción de la Torre Martínez Escobar, a quien a mediados de junio pasado se presume la asesinó su pareja, médico también, y quien se encuentra preso, consignado por el delito de feminicidio.
 
En general lo que el procurador argumentaba es que las mujeres deben fijarse con quién se relacionan, y estar atentas a los signos de violencia que ejerza su pareja, por más mínimos que éstos sean.
 
En su exposición exhortaba a las mujeres a que si estaban en situación de violencia acudieran a denunciar al Ministerio Público, ofreciendo que las atenderían de inmediato y que darían curso a la denuncia.
 
Muchas mujeres se acostumbran a ser víctimas, decía el procurador. Hay muchos hombres que son tan débiles, que sólo tienen la fuerza física (sic) que ejercen contra ellas, pero que las mujeres podemos decidir no ser víctimas de esa fuerza física.
 
A las mujeres que escuchaban la conferencia las incitaba a que no se acostumbren a ser víctimas, a ver a los ojos a los hombres, a sentirse iguales, si no es que superiores (sic) que los hombres. La victimización tiene que ver con la seguridad que tenemos que vivir como mujeres y como jefas de familia, explicaba.
 
“Tienen las mujeres que entender que a lo mejor no pueden solas, pero sin ustedes están perdidas”. Este es un mensaje que les suplico, les exijo, les ruego, les imploro que reproduzcan con todas las mujeres que ustedes puedan, exclamaba el procurador.
 
El caso de Conchita, la doctora, no hubiera sucedido si alguna de sus amigas se hubiera animado a decirle algo al papá, o se hubiera animado a enviarnos un correo electrónico anónimo, o a decirle al policía municipal que pasaba por enfrente. Pero aguantaron sin decir, porque pensaban que no tenían por qué andar de “metiches”, enfatizaba el funcionario.  
 
“Y yo no quiero que nadie, ninguna de ustedes sea la siguiente Conchita”. Yo las felicito mucho por animarse a romper el círculo de violencia, por animarse a entender que todas ustedes y cada uno de nosotros somos el principal componente del sistema de seguridad del estado. No las autoridades, sino cada uno de nosotros.
 
“Asúmanse guardianas permanentes de las mujeres. De ustedes, de sus hijas, de sus vecinas, de sus familiares, e incluso de las mujeres que no conozcan”, exclamaba con vehemencia el conferencista.
 
Una cosa es evitar que maten a una mujer y otra cosa es salvarle la vida. Aquí estamos hablando también de salvar la calidad de vida de una mujer, de la educación de nuestros hijos en las familias. Hablamos de evitar la erosión social.
 
Mi convicción es que reforzando la seguridad primero mental de las mujeres, la seguridad intelectual, que adquieran ustedes esta información… que existen casos reales… y reforzando la seguridad física de las mujeres “hay mucho que ganar”, finalizaba su mensaje el procurador de Sonora.
 
Quién iba a decir que mientras él rogaba a las mujeres a que no se descuidaran, una familia de Nogales, madre, hermanos, padre y otros familiares de Dina Elizabeth López Muñoz estaban desolados, en una lenta agonía emocional, por no saber en dónde se encuentra, pues desapareció desde el pasado 22 de marzo.
 
Dina es enfermera y madre de una niña de un año y siete meses. Tres veces llamó a la policía municipal de Nogales para pedir auxilio por el maltrato de su pareja, padre de su hija, Luis Alfonso Díaz.
 
El hombre la golpeaba, la encerraba con llave, le rompía sus uniformes y calzado especial de enfermera para que no pudiera ir a trabajar.
 
La tercera ocasión que llamó, tres semanas antes de la desaparición, al hombre lo detuvieron, pero salió pronto aparentemente con un pago todavía no esclarecido. Con esos antecedentes y siendo la última persona que la vio, pues él mismo la llevó al trabajo, las autoridades no ven indicios suficientes para investigarlo como probable responsable de la desaparición y posible feminicidio de Dina.
 
El pasado lunes 21 de julio Diana López Muñoz y Rosa Muñoz, hermana y madre de Dina, acudieron a la Comisión Estatal de Derechos Humanos en Hermosillo para interponer una queja por negligencia contra la Procuraduría General de Justicia del Estado de Sonora, pues han pasado tres meses desde que fue encontrado un cuerpo de mujer desmembrado en Nogales, y al que se calculó que tenía el mismo tiempo de muerta que Dina de desaparecida.
 
Los exámenes de ADN no se han hecho porque la herramienta con que cuenta la PGJE está descompuesta, y esto ha dilatado el resultado, pero también ha exhibido a funcionarios de la Procuraduría como mentirosos, a decir de Diana y Rosa, pues siempre les argumentan algo diferente para justificar la falta de información.
 
No obstante, ese es uno de los elementos de la investigación, pero hay una laguna inmensa en la indagatoria sobre lo que ocurrió con Dina Elizabeth, de lo cual tampoco se sabe nada.
 
Después de esto, dos veces se ha comunicado el procurador del estado con Diana López Muñoz para decirle que pronto resolverían la situación. La segunda ocasión prometió que los resultados del examen de las muestras estarían listos este martes 29 de julio, pues las habían mandado a Mexicali para dar celeridad al resultado.
 
Hoy es el día para que el procurador cumpla lo que ofreció a todas las mujeres que lo escuchamos el 4 de julio, y proporcione los resultados a los angustiados familiares para inmediatamente después les explique el estado que guarda el proceso de investigación por la desaparición de Dina Elizabeth López Muñoz.
 
Pues para ellas, para las mujeres en Sonora y para todo el sistema de justicia que se detiene tres meses porque se descompuso una máquina, “no está curado”.
 
*Periodista sonorense, editora del sitio mujersonora.com, corresponsal de Cimacnoticias en Sonora, e integrante de la Red Nacional de Periodistas con Visión de Género.
 
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