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“No quiero dinero, para mí la justicia es otra cosa”: Elvira

Por Soledad Jarquín Edgar/enviada

Si no tengo su cuerpo enfrente, ¿a quién le lloro? No puedo llorar, dice Elvira Martínez Espinoza, una de las viudas de la mina número 8 Pasta de Conchos, cuyo esposo, Jorge Vladimir Muñoz Delgado, estaba trabajando como operador en el turno de segunda, aquella madrugada del 19 de febrero.

“Él no está. Vladimir no está. ¿A quién le lloro?”. Su rostro suave se endurece y sus palabras describen la ausencia.

Elvira, de 33 años, es una mujer a quien se le reconoce su valentía y su falta de conformidad con la tragedia que ha marcado la zona carbonífera. Porque si ella y otras mujeres, ante la pérdida de sus compañeros, esposos, hijos, hermanos o padres, se “conformaban”, hubiera sido imposible pelear con la empresa.

Elvira insiste en su primera demanda y desde aquella difícil mañana sigue en pie: “que me devuelvan el cuerpo de mi esposo”.

Sostiene que contra su realidad le queda la esperanza, aunque su vida esté cruzada por las emociones contradictorias que le aparecen cada día desde la tragedia. “Ahí es donde chocan los sentimientos, lo que mi corazón siente con lo que ahora vivo, aún así no puedo llorar, no puedo”.

Madre de Tania, de 14 años, Cristian de 12 y Estefanía de 4, Elvira decidió no recibir los 750 mil pesos que la empresa le ofreció como “ayuda humanitaria”, aunque las otras 64 familias ya tienen ese dinero desde antes de que se cumpliera un mes de la explosión.

“No sería cómodo recibir la ayuda”, responde muy seria a la pregunta insistente. “No, nunca ha pasado por mi mente el dinero, yo quiero otra cosa, para mi la justicia es otra cosa”.

“No se trata de pesos, cómo podría disfrutar ese dinero. Por cada peso que me gastara me acordaría que es por la vida de mi marido”. Y guarda silencio, se conmueve, apenas unas lágrimas, casi nada. Respira y vuelve a su semblante sereno y triste a la vez.

Horas más tarden, en la madrugada, cuando dan las 02:15 horas del lunes 19 de febrero y escucha el nombre de Vladimir, las sirenas y una campana, en el memorial que ella misma promovió, se agacha, tapa su rostro con las manos y se deja abrazar por alguien que fraternalmente la hace compartir su dolor. Y se une al silencio.

ELVIRA LUCHA

Su nombre es ahora muy conocido y su labor reconocida por sus compañeras viudas, por las madres y hermanas de otros mineros.

Seria, pero sin dejar de hablar por ella misma, apunta que ahora se está luchando por la nivelación de los salarios de los mineros, porque están inscritos con un salario en el IMSS, aunque les pagaban otro.

Además de la ayuda “humanitaria” de 750 mil pesos que ofreció la empresa, el gobierno del estado otorgó un fideicomiso para las y los hijos, algunas becas y la promesa de construir casas, proyecto inmobiliario que está en proceso.

Sin embargo, insiste, la promesa principal era rescatar los cuerpos de los 65 mineros, en eso nadie ha cumplido, pues sólo dos han sido rescatados, 63 permanecen en el mismo lugar, en las entrañas de la mina 8 de Pasta de Conchos.

Por eso, Elvira Martínez se negó rotundamente a tomar los “apoyos” de la empresa. “De Industrial Minera México no he tomado nada, no lo pienso hacer, no quiero que me ayude quien tanto daño me ha hecho”.

“Si mi hijo y mis dos hijas salen adelante, va a ser por mi esfuerzo”, dice con seguridad.

Elvira se casó con Vladimir al concluir el bachillerato con carrera técnica. Ella tenía 19 años y se dedicó a trabajar en casa. Desde hace un año, su vida cambió: “Mi vida gira en torno a la mina. Lo que hago, lo que platico, lo que busco?”

Lo hago por amor a Vladimir, por amor a mis hijos. Y las fuerzas salen de ahí, del dolor, del dolor de mis hijos que sufren como yo la ausencia de su padre. Yo seré ahora padre y madre”.

No sé cómo va a ser mi vida en adelante, no sé cómo sería vivir normal -me dice- pero sí sé que voy a seguir luchando, aunque intenten callarnos. Les digo a las demás familias que tenemos que hablar, que debemos contar todo a los medios. La empresa y el gobierno le dicen a la gente que no hablen nada, que los medios están lucrando con nuestros sentimientos.

Pero lo que yo digo es que no es cuestión de riquezas, sino de que la gente conozca lo que estamos viviendo desde hace un año.

Elvira Martínez decidió “caminar” con la Pastoral Laboral para buscar justicia para los mineros. Dice que si logran cambiar algunas cosas, podría cambiar el futuro de sus hijos y de los mineros que hoy trabajan en la zona carbonífera.

Ahí está mi seguridad, para muchos la seguridad está en el dinero, para mí no, lo que tenemos que hacer es cambiar las cosas, reestablecer los derechos.

Esta mujer decidió, en noviembre de 2006, junto con Claudia Maricela Escobar Pacheco, María de Lourdes Zapata Rodríguez y Rosa Riojas Hernández, todas esposas de trabajadores atrapados en Pasta de Conchos, solicitar el expediente a la Contraloría Interna de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, pero la dependencia se negó a dárselos.

Fue entonces cuando decidió promover un juicio de amparo, por medio del cual obtuvo, en el Juzgado Quinto en materia administrativa del Distrito Federal, una copia certificada del expediente, mismo que fue entregado a la senadora Rosario Ibarra de Piedra.

07/SJ/GG

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