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No se respetan en Uruguay derechos y necesidades de reclusas

Por la Redacción

La mayoría de las cárceles uruguayas están diseñadas para los varones: no hay guarderías ni sitios adecuados para las visitas íntimas, reveló un estudio presentado este mes por el Ministerio del Interior.

“No contamos con guarderías en las cárceles del interior del país y el derecho a la visita íntima no se respeta”, dijo Ana Laura, una reclusa uruguaya a la televisión local.

Según el informe, no existe en Uruguay una sola cárcel construida para albergar a las mujeres privadas de libertad.

A excepción de las reclusas del departamento de Canelones, que cuenta con un centro de reclusión independiente de la prisión para hombres, el resto de las presas de los otros 18 departamentos que conforman el país están en dependencias policiales o áreas femeninas de las cárceles para varones.

Datos gubernamentales indican que en 12 departamentos las reclusas están separadas de los hombres por una reja o un muro, “compartir lugares de detención con varones conlleva a que el sistema las abandone, negándoles derechos, como las salidas al patio, entre otras cosas”, dijeron fuentes gubernamentales al presentar el informe oficial.

Sin embargo, el centro penitenciario femenino en Canelones no cuenta con un lugar físico para visitas íntimas, y en cuatro departamentos se desconoce este derecho.

Sólo en la cárcel de Montevideo, conocida como Cabildo, este se concede bajo ciertas condiciones, como haber cumplido tres meses de reclusión, tener buena conducta y una pareja estable.

Pese a que este requisito es violatorio de los derechos sexuales y reproductivos, que incluyen la decisión a escoger con quien ejercer la sexualidad, en Cabildo las mujeres tienen una mejor asistencia médica.

El penal capitalino cuenta con guardia médica las 24 horas del día y personal especializado en ginecología y ecografía.

Además, las reclusas portadoras del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) reciben tratamiento médico, según fuentes gubernamentales.

De acuerdo con el informe, la separación, la manutención y el cuidado de los hijos e hijas conforman los mayores motivos de preocupación y depresión de las mujeres privadas de libertad.

En consecuencia, dice el estudio, las reclusas madres buscan puestos de trabajo dentro de la penitenciaria para apoyar económicamente a su descendencia.

De las 370 presas, sólo una cuarta parte ha sido condenada, el resto está a la espera de que se defina su proceso judicial. El 40 por ciento de ellas tienen cargos contra la propiedad, el 36 contra la vida e integridad física y el 18 contra la salud pública.

El informe insta a la construcción de centros penitenciarios que sean pensados para las necesidades de las mujeres y que aseguren sus derechos.

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