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Nueve historias exitosas de mujeres rurales e indígenas

Por Adriana Franco Rosales
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Financiar proyectos de mujeres de comunidades rurales e indígenas con el fin de reducir la brecha de desigualdad permite que quienes viven situaciones de pobreza, en ocasiones extrema, puedan crear microempresas con las que no sólo logran su independencia económica sino que además generan empleo para familiares y congéneres.
 
Así lo demuestran las historias de nueve colectivos femeninos que forman parte del cuaderno “Hacia la autonomía económica de mujeres productoras indígenas, rurales, huéspedes y migrantes”, que se presentó ayer en la Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades (SEDEREC), que de 2009 a 2011 otorgó recursos para diversos proyectos con perspectiva de género.
 
María Guadalupe Noriega García, presidenta de In Lakesh Alakem, asociación civil que elaboró el cuaderno mediante mesas de trabajo y entrevistas con las emprendedoras, dijo que este proceso de empoderamiento de las mujeres es irreversible, ya que aunque puede haber retrocesos quienes están en este camino ya no regresan al punto de partida.
 
Ese antes y después es evidente en mujeres como Reyna Abonza Martínez, de 34 años de edad, quien es originaria de Xochimilco y madre soltera de tres hijos.  Ella trabajaba en fábricas y lavanderías, donde no respetaban sus horarios ni los pagos acordados.
 
“Nos trataban como animales, incluso tengo una enfermedad en el riñón debido al exceso de calor que había en mi lugar de trabajo y a que no me dejaban ir al baño tantas veces, además no podía ir a las juntas de mis hijos porque si no, me corrían”, narra.
 
Su abuelo y su padre eran panaderos, de ellos adquirió el amor a este oficio al que se dedicaba por temporadas porque las máquinas que tenían eran muy viejas y se descomponían a menudo. Cuando eso sucedía tenía que trabajar en lo que fuera para juntar dinero suficiente y así mandarlas a componer.
 
A partir del apoyo económico que le otorgó SEDEREC compró dos máquinas, charolas y básculas, entre otras herramientas de trabajo, lo que le permitió dejar de buscar otras fuentes de ingresos y dedicarse por completo a su panadería “Las Conchitas”, además de darle empleo a cinco hermanas y a sus padres.
 
Pero no sólo las carencias económicas frenan el desarrollo de las mujeres, ya que al ser las principales responsables del cuidado de la familia -como esposas, madres o hijas- tienen cargas de trabajo que les dificulta en un inicio cumplir con sus objetivos sin sentirse culpables de descuidar sus hogares.
 
Así le pasó a Francisca Vicenteño Soto, mujer de 60 años de edad. Tuvo nueve hijos pero su esposo no la dejaba trabajar porque “abandonaba” a su familia. Sin embargo, los problemas económicos que tenían en casa la motivaron a buscar el apoyo de SEDEREC para que financiara su cafetería “La casa de la abuelita” en el pueblo de Aculco, de la delegación Iztapalapa.
 
Con esos recursos pudo comprar la máquina del café, el molino, las sillas y las mesas. Logró ser independiente económicamente y eso no le gustó a su marido, quien intentó chantajearla para que dejara el negocio. Ella se negó, aunque reconoce que se esfuerza cada vez más para que no se note tanto su ausencia en la casa mientras está en el trabajo.
 
“Antes tenía que conformarme con lo que me diera el esposo de gasto, aunque no me alcanzara; y ahora ni para mis medicamentos le pido. Cuando empecé no sabía ni cómo hacer un capuchino mucho menos un frappé. Ahora trabajan conmigo cinco mujeres y acabamos de contratar a un muchacho para que atraiga a las chicas jóvenes”, dice entre risas Francisca Vicenteño.
 
Los apoyos económicos que reciben las mujeres emprendedoras se van a fondo perdido, es decir, no tienen que pagarlos después como sucede con programas de la Secretaría de Economía federal, pero sí deben comprometerse a comprobar qué material adquirieron con ese dinero y permitir que personal de la SEDEREC monitoree el avance de los proyectos.
 
Cabe mencionar que esta secretaría del Gobierno del Distrito Federal calcula que la población rural en la Ciudad de México asciende a 700 mil personas, de las cuales 370 mil son mujeres, que están en condiciones de marginación, violencia, analfabetismo y rezago educativo, por lo que requieren políticas públicas que las fortalezcan económicamente para que eleven su calidad de vida.
 
13/AFR/LGL

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