Inicio Oaxaca, tierra donde aún se conserva el baño de temascal

Oaxaca, tierra donde aún se conserva el baño de temascal

Por Carolina Velásquez

Aún cuando la migración ha afectado el uso del temazcal en México, en algunas regiones todavía se conserva para atender a las mujeres después de parir.

En Oaxaca, al sur de México, existe una importante red de promotores de salud en todo el estado –indígenas la mayoría– quienes se ocupan de promover y conservar el saber ancestral de su pueblo. Rosario Gaspar, originaria de Santiago Laxiopa, municipio de la Sierra Norte oaxaqueña, forma parte de esta red.

Del temazcal recibió las primeras enseñanzas en su pueblo desde que era niña, pues ahí se acostumbra bañar a las mujeres “parturientas”.

“La partera la acompaña y se le da por tres días seguidos, para que amacise y pronto ella pueda hacer sus quehaceres del hogar. También se le da al bebé para que no tenga cólicos”, cuenta Rosario, mujer soltera, de 50 años y madre de cuatro hijos.

A causa de la migración, en Santiago esta costumbre ha ido desapareciendo poco a poco, únicamente el 40 por ciento de las personas tienen una instalación adecuada para este baño de vapor.

Su estilo y costumbre es distinto al del centro del país, donde se hace con varias personas, mediante un ritual y se entra a una construcción redonda, en forma de iglú, con piedras calientes al centro, a las que se les rocía agua para sacar el vapor.

En Santiago, la forma es otra, cuadrada y construida con adobes como base (de 60 a 70 centímetros), a los que encima se les coloca madera y arriba un aplanado de lodo. Tiene dos puertas, una para entrar y otra más pequeña para las piedras que se calientan afuera con leña.

Para nosotras el temazcal es sólo para la mujer que dio a luz, explica Rosario, “entra con ella la partera, si no hay pues la madre o la suegra, nadie más. Esa es la manera como yo lo hago.

Entro con la persona sola o si acaso con una pareja, me quedo unos momentos y después me salgo. Es algo muy íntimo. A veces la gente trae mucha energía negativa, quiere llorar o gritar y desea hacerlo sola”.

Con los años y ahora que es promotora de salud, Rosario combina masaje y temazcal en Santiago y en Huayapan los fines de semana, en un pequeño hotel cercano a la ciudad de Oaxaca. Prepara sus propios aceites, agua con hierbas y té de limón para dar a beber al salir del baño. Antes de empezar se persigna “para encomendarse a Dios”.

“No hay rituales como en otras partes, eso no es costumbre en mi pueblo. Lo que si hago es bautizar el temazcal cuando está nuevo. Pido mezcal, cacao, camarón y maíz negro. Muelo todo, lo mezclo con la bebida y dos huevos. Hago un hoyo junto al baño y ahí entierro todo. Después platico con la madre Tierra. Le doy de comer para que me dé permiso para trabajar”.

* Periodista mexicana y psicoterapeuta Gestalt
[email protected]

06/CV/LR

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