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Objeto de museo

Por Cecilia Lavalle

A veces se me olvida que el mundo ha cambiado tan rápidamente que no sólo no es como era hace apenas unos años, sino que el pasado reciente huele a prehistoria. Es por eso, me digo tratando de convencerme, que a veces pareciera que soy una mujer sacada de un museo o de una tienda de antigüedades. Pero no soy yo, me consuelo, es el mundo que cambió muy rápido. ¿Cómo no van a saber lo que es un mimeógrafo?

Mi hijo y mi hija no quitaban la cara de asombro. No era una de esas caras que solemos poner cuando nos asombra algo extraordinario y maravilloso, más bien era de esas que se ponen cuando estamos casi ante un fantasma; o sea, entre sorpresa e incredulidad. Y en esa expresión me pareció ver, además, algún dejo de: “Ahora sí comprobé que mi mamá es de otra era geológica”.

Todo empezó cuando mi hija llegó con un recado para mí. “Mamá, dice la directora que si no te interesaría comprar un… -pausa, saca un papelito y lee con dificultad- mi-me-ó-gra-fo electrónico. ¡¿Un qué?!, preguntó mi hijo. Un mimeógrafo electrónico, contesté yo. ¿Cómo no van a saber lo que es un mimeógrafo?” Y en ese momento hicieron su aparición las caras de quienes se asoman al túnel del tiempo para hablar con un ser de la prehistoria.

En el minuto en que me percaté de sus rostros, caí de golpe en la cuenta de que esta joven generación nació, en efecto, en otra era. Cuando yo nací las computadoras eran un invento sospechoso que utilizaban algunos japoneses y norteamericanos. Veía “Los Supersónicos” absolutamente convencida de que todas las máquinas que les hacían más fácil la vida a los personajes de esa caricatura, eran fantasía pura (¿se acuerdan de Robotina?). Para comunicarse en la lejanía con otra persona existían sólo los teléfonos y las cartas. Para escuchar música lo moderno eran los long plays. Para reproducir volantes o exámenes se utilizaban los mimeógrafos electrónicos. ¡Y sólo tengo 42 años!

Sin duda el mundo de los que nacieron en la década de los 80 y 90 es diametralmente distinto al de los que nacimos apenas 20 años antes. Es una generación que vive y valora la vida en función de lo que es útil, práctico, rápido, compacto y desechable. Es la generación del Internet, de los CD, de los celulares, de las cámaras digitales, de la comida rápida. Es la generación que no tiene idea de distancias porque con un “clic” puede ver lo que pasa en el otro lado del mundo. Que no sabe tener paciencia porque el tiempo se mide en función de la rapidez con la que se abren las páginas de Internet. Que no sabe apreciar los libros porque sólo leen a través de la pantalla de su monitor. Que no sabe, ni le importa mayormente, investigar porque puede “bajar” del ciberespacio la información que quiera masticada y digerida. Es la generación que pretende el mínimo esfuerzo con los máximos resultados. Es la generación que no conoció el mimeógrafo.

A mi hijo e hija les expliqué, claro, lo que es un mimeógrafo y para qué sirve. Sólo logré que se acentuara su expresión de visitantes de museo ante Lucy, la mujer prehistórica. ¡Y eso que no les dije que había conocido los mimeógrafos manuales!

04/CL/GMT

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