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Obligadas a emigrar, hasta las adultas mayores en Oaxaca

Por Citlalli López, corresponsal

Obligada por la caída de remesas en su comunidad, a sus 63 años doña Adriana Pérez decidió seguir el “sueño americano” y migró a Dinuba, California, Estados Unidos.
 
El dinero que mensualmente enviaban su hija e hijo desde Estados Unidos dejó de ser suficiente hasta que un día simplemente se agotó.
 
“Fue en diciembre cuando mi mamá emigró”, recuerda Verónica –una de las hijas de doña Adriana– mientras decora los dulces caseros con los que ahora hace frente a la crisis de los dólares.
 
El taller de dulces caseros se ubica casi en el centro de Ejutla de Crespo, municipio de Valles Centrales, en Oaxaca. Verónica Josefina Sánchez Pérez se quedó al frente del pequeño negocio familiar. Ella lleva la batuta en la elaboración, decoración y venta, y es ayudada por su padre, su esposo y sus hijos.
 
Verónica recuerda que fue hace tres años cuando los dólares que enviaban su hermana y su hermano para el apoyo de los padres comenzaron a llegar a cuenta a gotas.
 
A inicios de 2011 las remesas cesaron definitivamente. “Ahora ya no nos mandan los recursos que mandaban antes porque ya no hay trabajo”, dice la mujer. 
 
Cuando la abuela Adriana se fue “pa’l otro lado” en diciembre de 2012, lo hizo pensando en levantar el negocio familiar llevando la elaboración de los dulces hasta Dinuba, pues tiene la esperanza de poderlos colocar con el éxito que tienen otros productos que forman parte de llamado “mercado de la nostalgia”, es decir aquellos de carácter autóctono.
 
Paralelamente la abuela Adriana se empleó en el empaque de fruta para completar el gasto dado el recorte de personal y de horas de trabajo que afectaron a su hija e hijo.
 
Verónica recuerda que sus hermanos trabajan en EU desde hace 22 y 18 años. En los “tiempos buenos mandaban hasta 500 dólares (más de 6 mil 300 pesos mexicanos) al mes, después ya no había trabajo, los descansaban. Cuando podían ya sólo enviaban 50 dólares (poco más de 600 pesos mexicanos) y después ya nada”.
 
El estudio “Mujeres afectadas por el fenómeno migratorio en México. Una aproximación desde la perspectiva de género”, realizado en 2007 por el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), señala que las motivaciones de las mujeres para migrar se centran en razones de tipo económico-laborales, en el placer de viajar y conocer otros contextos socioculturales, y en el desarrollo de aspiraciones personales, y no en la idea tradicional de que la principal motivación de las mujeres para migrar es la familiar, ya sea como acompañantes, para buscar la reunificación, por arrastre o restructuración de la relación conyugal.
 
La posibilidad de que las mujeres emigren a EU depende sobre todo de las redes familiares constituidas con anterioridad, y con relativa independencia de los motivos para migrar, agrega el estudio.
 
Conforme las cifras obtenidas a través de encuestas a mujeres migrantes, un 73 por ciento se apoya en las redes familiares (nuclear, extensa y política) para migrar; 10 por ciento en amigos; 7.4 por ciento en paisanos, conocidos y familias de amigos; 3.3 por ciento en “coyotes” (traficantes de personas), y 3 por ciento se va sola, sin ningún tipo de ayuda.
 
MICRONEGOCIO
 
En Ejutla la familia fundada por la abuela Adriana es la única que realiza los típicos dulces de leche y fruta de la temporada. De esta forma ellos hacen frente a la falta de los dólares que para el caso de Ejutla de Crespo es uno de los principales motores económicos.
 
En el mercado la falta de circulante también se nota. Los puestos están repletos de gente, pero sólo compran de a poquito.
 
En casa, Verónica se apresura a terminar de preparar los dulces para su venta en el mercado. Es día de plaza. Confía en que sea un día bueno. “Las ventas han caído”, expresa. Explica que todo está relacionado con la crisis de empleo en EU.
 
En el micronegocio participan el esposo y los hijos de Verónica, así como su padre, don Ramiro, quien tiempo atrás vivió durante 18 años en EU.
 
En esta ocasión el hombre vio la partida de su esposa como ella lo hizo a mediados de los años 80, cuando don Ramiro se fue en busca de los dólares.
 
El señor entrecruza las ásperas manos, ajadas por el trabajo en la lavada de las pepitas de calabaza con las que su hija elabora los dulces.
 
Cuando su esposa, doña Adriana, le hizo saber su decisión, él no tuvo más remedio que aceptar porque “aquí la situación está muy difícil… Con tantita suerte le va bien y podremos salir adelante porque aquí los nietos también necesitan estudio principalmente. Ella fue a probar a ver que sale, pero Dios mediante regresará”.
 
La familia, que también tienen un taller de vidriería, pidió un préstamo y tomó de los ahorros familiares para lograr que la abuela Adriana se fuera a EU.
 
De acuerdo con la organización Lubitzha, dedicada al trabajo en comunidades con alto índice de migración, un 50 por ciento de los hogares en estos municipios son dirigidos sólo por mujeres, quienes administran los dólares que envían el esposo, hijo o hija desde el país vecino.
 
La caída de las remesas impacta de manera profunda en la economía familiar, tan es así que parte de la actividad económica en las comunidades está semiparalizada porque no hay dinero circulante.
 
Para hacerle frente a la crisis, bajo la batuta de las mujeres, algunas comunidades como Coatecas Altas y El Portillo, también se iniciaron en el mundo de la agroindustria.
 
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