Operadoras de Telmex, cerca de la desaparición

Población
    Tras la digitalización de servicios llegó el desempleo
Operadoras de Telmex, cerca de la desaparición
Por: Carolina Velásquez
Cimac | México, DF.- 21/09/2005

En junio de 1986, las operadoras que dábamos el servicio de larga distancia, información y quejas en Telmex regresamos a trabajar. A casi un año del 19 de septiembre volvíamos al corazón del desastre: el centro de la ciudad de México. En la calle, las huellas del temblor se veían por todas partes.

El panorama era otro. La empresa supo aprovechar nuestra ausencia, modificando de tajo nuestras labores. Los turnos eran de cuatro horas en la central Victoria y en unas posiciones provisionales de la central de San Juan, pues no había suficientes conmutadores para todas.

Varias actividades habían desaparecido o se automatizaron y, con ello, desapareció también la necesidad de una operadora para realizarlas: había LADA (servicio directo) para las casetas de las poblaciones pequeñas, y se iniciaba su instalación en las casetas públicas. No existía el servicio de despertador. Las tres casetas de Telmex -con servicio directo a clientes para larga distancia nacional e internacional- estaban cerradas.

En las instalaciones no había comedor: un importante lugar de reunión para nosotras era ahora parte del pasado.

Telmex empezó a contratar a cuentagotas. No había personal para cubrir vacaciones, incapacidad por enfermedad, embarazo o accidente, o para ascender a otra categoría. Además, no descontaba las ausencias en el trabajo ni castigaba retardos o faltas injustificadas, fomentando sospechosamente una actitud que luego achacó a nuestra flojera.

En diciembre del 86 hubo otro cambio. Comenzamos a laborar ocho horas con semanas alternadas. Aunque ya no contábamos con el tiempo libre del Jardín del Arte -frente al local sindical donde pasamos nueve meses fuera del trabajo a causa del temblor del 85-, todavía gozamos por un largo período de una semana para descansar.

Meses, después el sindicato nos convocó a una asamblea. La encabezó el secretario general, Francisco Hernández Juárez, algo que no era común en la asamblea de un departamento.

Cuando lo vimos al frente del auditorio, una compañera comentó: "La cosa ha de estar color de hormiga, ahí está Francisco".

Hernández Juárez pidió hablar desde el inicio de la reunión y no soltó el micrófono hasta el final. Había un punto único: nuestra situación laboral. En síntesis, Francisco -como todas le decíamos- informó que Telmex tenía un estudio donde aseguraba que éramos poco productivas, razón por la cual, decía la empresa, sobraban tres mil 500 operadoras en todo el país.

La asamblea duró varias horas. Al final, una cosa nos quedó clara: nuestra reubicación era inminente. Acordamos no permitir que hubiera despidos por modernización del equipo telefónico; sin embargo el fantasma del desempleo se nos quedó pegado al cuerpo. Otra vez la incertidumbre.

Nos retiramos del recinto sindical con una serie de preguntas. ¿Habría trabajo para todas? ¿Dónde? ¿Era mejor seguir de operadoras o cambiar a otro lugar laboral? ¿Y si la empresa aprovechaba la ocasión para cobrarse deudas pendientes cuando le habíamos arrancado, mediante la lucha sindical, mejores condiciones de trabajo?

Años pasaron antes de obtener una respuesta.

En 1990 se hizo una prueba piloto con el nuevo equipo digital. Era un hecho que el conmutador de cordones pasaría a mejor vida. Poco después de que Telmex llegara a manos privadas -antes pertenecía al Estado-, en el centro San Juan se instaló un moderno equipo canadiense con terminales de computadora. Entonces cuando tuvimos que decidir entre reubicarnos o seguir en larga distancia.

Nos despedimos del Departamento de Tráfico (larga distancia) en noviembre de 1993. De entonces a la fecha, poco a poco las operadoras hemos ido ocupando un papel cada vez menor.

Este 2005, a 20 años del temblor del 19 de septiembre, se empezó a discutir la posibilidad de nuestra total desaparición. Será pronto, lo sabemos.

05/CV/YT