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País fallido para los jóvenes

Por Clara Jusidman *

Cada día amanecemos con la noticia de que al menos 30 personas han muerto en distintas zona del país, con motivo de actos del crimen organizado. Ahora incluso con actos de terrorismo. Paulatinamente vamos aceptando esas muertes como parte de la vida cotidiana.

Pocas veces, se inician investigaciones para tratar de averiguar quienes perpetraron las muertes. Tampoco nos aclaran quienes son los que mueren. Sabemos que la mayor parte son hombres jóvenes.

Muchos de ellos en edades de alrededor de los 20 años. Se nos insinúa que se trata de sicarios que trabajan para alguna de las bandas de la delincuencia organizada. Se nos hace creer que se merecen morir por estar involucrados en actividades criminales.

Pero varios de los asesinados y en número creciente pertenecen también a los cuerpos de seguridad del Estado: militares y policías federales, ministeriales, municipales y estatales.

Los ejércitos de las diversas bandas delictivas, al igual que los cuerpos de seguridad del Estado están formados por hombres jóvenes. Como todos los conflictos armados éstos son los que están en el campo de batalla, mientras los señores de la guerra, hombres maduros, no se ponen en riesgo y permanecen protegidos, también por cuerpos de seguridad formados por personas jóvenes.

Son también jóvenes muchas de las víctimas masacradas en fiestas, bares y centros de rehabilitación de adicciones. Constituyen asimismo, un mercado importante para el consumo de droga, en el que son atrapados por infames estrategias de las bandas delictivas.

Tanto las bandas del narcotráfico como las policías están reclutando jóvenes en zonas urbanas como los municipios de Nezahualcóyotl y Ecatepec, en el Estado de México e incluso, en el Distrito Federal. Organizaciones civiles que trabajan con adolescentes y jóvenes en colonias del Distrito Federal observan además que cada vez son más jóvenes, casi niños, los que ingresan a las organizaciones delictivas. Hace una década tenían entre 20 y 35 años, ahora reclutan a muchachos de 12, 13, 14 y 15 años.

Con frecuencia se trata de muchachos que han enfrentado problemas para continuar estudiando o para quienes la educación no les representa mejores opciones de vida.

Sus posibilidades para emplearse en actividades legales son casi inexistentes. Así, reciben un entrenamiento mínimo, tanto como parte de la delincuencia como de los cuerpos policíacos, y son enviados a las zonas de mayor conflicto como es el Estado de Michoacán. Se convierten literalmente en carne de cañón.

México cuenta actualmente con alrededor de 31 millones de personas entre 14 y 29 años. Representan el 30 por ciento de la población nacional. Es ya reiterado el comentario de que es el momento con la mayor proporción de jóvenes de la historia demográfica del país.

Ello significaba la oportunidad para dar un salto cualitativo en las capacidades de producción e inversión del país, como ocurrió con los países desarrollados en etapas semejantes de su historia.

Lamentablemente, no sólo no estamos aprovechando esa oportunidad sino que estamos dejando morir a los jóvenes mexicanos en esta guerra absurda o los estamos enviando fuera del país a encontrar oportunidades de trabajo e ingreso o bien los tenemos encerrados en los reclusorios.

Frente a este panorama es alarmante y vergonzosa la ausencia de una política integral y efectiva de juventud en el país, en los estados y en las ciudades.

Presenciamos por el contrario acciones de discriminación, criminalización y exclusión de las poblaciones juveniles. Los cuerpos de seguridad acosan a los jóvenes en todas las ciudades del país, más aún si pertenecen a los sectores populares y pobres.

En agosto próximo tendrá lugar en Guanajuato la Conferencia Mundial de Juventud. Guanajuato es un estado donde encarcelan a las mujeres jóvenes que sufren abortos espontáneos o deciden interrumpir sus embarazos y las sentencian hasta por 30 años de cárcel.

Nos preguntamos entonces ¿qué cara vamos a presentar como país en esa Conferencia?, ¿qué mentiras vamos a contarle al mundo? ¿Qué acciones de simulación mediática vamos a poner en práctica? Habrá que estar pendientes para agregarlas a la larga lista de agravios que sufrimos los mexicanos, pues frente a nuestros jóvenes hemos resultado un país verdaderamente fallido.

* Analista del Cambio Social y Presidenta de INCIDE Social AC

10/CJ/LR/LGL

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