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Para argentinas, mayoría de cargos inferiores en Poder Judicial

Más de la mitad de los puestos de trabajo del Poder Judicial en Argentina es ejercido por mujeres, pero esta presencia disminuye notoriamente a medida que aumenta la jerarquía de los cargos.

Así surge del informe “Mapa de género de la Justicia Argentina”, una especie de “foto” tomada durante 2010 hacia el interior de los palacios judiciales, que acaba de difundir la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia.

En el país sudamericano, el 54 por ciento del personal judicial (que incluye administrativos, secretarios, jueces, camaristas, ministros de la Corte, peritos, fiscales, defensores, etcétera) es femenino, y el 46 por ciento masculino. En las provincias, las mujeres son incluso más dentro del total: 55 por ciento, contra 45 por ciento de hombres.

Pero ellas son siempre la gran minoría en los puestos de rango alto. Esto ocurre en cualquier jurisdicción de la Justicia Federal o Provincial, y en cualquier fuero.

En la Corte Suprema de Justicia de la Nación hay dos ministras y cinco ministros, y en la Suprema Corte de la provincia de Buenos Aires hay una ministra y seis ministros. Pero dentro de los puestos administrativos de estas Cortes las mujeres llegan a representar el 78 por ciento.

En el resto de las provincias, las mujeres son el 60 por ciento del personal administrativo de las Cortes pero sólo tienen 25 por ciento de presencia como ministras.

En la misma línea, en el ámbito auxiliar del Ministerio Público Fiscal los hombres tienen hegemonía en puestos altos (como procuraduría general de la Nación, procuradurías fiscales ante la Corte Suprema, fiscalías generales y de primera instancia), mientras que las mujeres componen el tejido masivo de secretarías, prosecretarías y cargos administrativos de rango inferior, y no llegan a los puestos altos con facilidad.

La jueza de la Corte Carmen Argibay, impulsora de la Oficina de la Mujer y partidaria de desterrar “sesgos patriarcales” del ámbito judicial, explicó que el mapa “mostró lo que más o menos todos sabíamos: hay muchísimas mujeres en los cargos de empleadas, secretarias, hasta juezas de primera instancia, pero en la Cámara ya hay muchísimas menos.

“Y ni hablemos de los superiores tribunales. Algunos, a esta altura del siglo XXI todavía no cuentan con una mujer entre sus miembros y otros que tienen una sola. Y en la Corte nacional en realidad hace muy poco que hay mujeres”, observó.

Argibay urgió a transformar “cierta cultura” de la justicia, en la que, dijo, hasta lo edilicio expresa desigualdades de género: “Durante muchísimo tiempo a nadie se le ocurrió que las mujeres podían transitar el Palacio de Tribunales.

“La misma arquitectura no favorece el acceso de las mujeres cuando pueden ir con chicos o con bebés en cochecitos, o cuando necesitan un baño público y en tribunales casi todos están destinados a los hombres. Desde que entré a tribunales advertí que había una diferencia en el trato entre varones y mujeres”, criticó.

La Oficina de la Mujer arma protocolos de capacitación para magistrados, funcionarios, empleados, peritos y auxiliares de la Justicia. Y trabaja para tener delegaciones en todo el país aunque funciona con poco presupuesto y personal voluntario, y con la resistencia al cambio como viento en contra.

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