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Para una maternidad saludable, vigilancia prenatal temprana

Por Lourdes Godínez Leal

En México no existen estadísticas sobre la morbilidad en mujeres por causas maternas, pese a que es un grave problema pues, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), constituye la segunda causa de pérdida de vida saludable para las mujeres, sólo después del VIH/SIDA.

Aunque tampoco existe una definición precisa del término, se sabe que la morbilidad está asociada a las enfermedades y lesiones durante el embarazo y el parto que no necesariamente terminan en muerte, pero que puede producir incapacidad.

Los investigadores del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) Ana Langer, Bernardo Hernández y Rafael Lozano, coinciden en que no existe una definición universalmente aceptada de morbilidad materna, pero una de las más completas incluye tres categorías de problemas de salud.

Las complicaciones agudas (también conocidas como causas obstétricas directas) ocurren durante el embarazo, el trabajo de parto, el nacimiento, y el posparto inmediato como la hemorragia, infecciones, obstrucción, hipertensión inducida por el embarazo, el aborto séptico y las secuelas de la violencia sexual.

En segundo lugar están los problemas crónicos que aparecen algún tiempo después del nacimiento, como el prolapso uterino (caída o deslizamiento del útero desde su posición normal en la cavidad pélvica dentro de la vagina) y las fístulas.

No obstante, este tipo de problemas no se identifica como morbilidad materna y por lo tanto no se mide en los registros.

Y en tercer lugar, refieren los investigadores del INSP, las enfermedades asociadas, que son las que se presentan o se complican en presencia del embarazo y que afectan la salud de la madre y de la niña o niño.

Entre ellas se encuentran la anemia, hepatitis, malaria, diabetes, hipertensión y algunas Infecciones de Transmisión Sexual. A estas enfermedades se les llama causas obstétricas indirectas y pueden llegar a producir incapacidad que puede ocurrir en cualquier momento y perdurar a lo largo de la vida de la mujer.

De éstas, sólo algunas son registradas de forma rutinaria.

Pero también la morbilidad se asocia con la desnutrición, enfermedades infecciosas o crónicas que aumentan las probabilidades de que el embarazo no llegue a buen término, así como la carencia de cuidados prenatales.

La OMS ha señalado que un 15 por ciento de las embarazadas en el mundo experimentarán complicaciones del embarazo o el parto suficientemente graves como para requerir atención obstétrica de emergencia en un establecimiento de salud.

Mientras que el Fondo de Naciones Unidas para la Mujer (Unifem) estima que por cada mujer que muere durante el parto alrededor de otras 30 sufren lesiones y contraen infecciones, muchas de las cuales no son atendidas ni tratadas, lo que provoca discapacidades y molestias.

LOS PRIMEROS CAMBIOS

Ángel Catalán Ojeda, de la Dirección General de Salud Reproductiva, de la Secretaría de Salud, señala en un artículo publicado en Una nueva mirada a la mortalidad materna en México, que fue a partir de la primera conferencia sobre Maternidad sin riesgos en México, realizada del 8 al 11 de febrero de 1993, en Cocoyoc, Morelos, que hubo cambios importantes a nivel nacional en cuanto a morbi-mortalidad materna se refiere.

Así pues, en el Plan Nacional de Desarrollo 1995-2000 y del Programa de Reforma del Sector Salud, se elaboró el Programa de Salud Reproductiva y Planificación Familiar para ese sexenio, en el que participó un amplio número de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales.

Ahí se crearon estrategias y métodos de acción, señala Ojeda, centrados en tres rubros: planificación familiar, salud perinatal y salud de la mujer.

Para el ejercicio y aplicación de los servicios de salud reproductiva, se elaboraron las Normas Oficiales Mexicanas, para los de planificación familiar, la atención de la mujer durante el embarazo, parto y puerperio del recién nacido, entre otras.

Asimismo, se estableció el Programa de Ampliación de Cobertura y aplicación del paquete básico, que contempla 13 acciones fundamentales donde el control prenatal, la atención del parto y puerperio y la planificación familiar constituyen intervenciones centrales.

A partir de 1989 se inició el estudio sistematizado de la mortalidad materna y perinatal, con la instalación de los comités para su estudio en todos los hospitales con servicio de gineco-obstetricia del Sistema Nacional de Salud.

El concepto de salud reproductiva abarca la atención preconcepcional, o sea antes de que la mujer se embarace, porque así permitirá que se prevengan y detecten enfermedades y males que pudieran terminar en una emergencia obstétrica o incluso en la muerte de la madre y de su hija o hijo.

MATERNIDAD SALUDABLE

José Luis Pozos Cavanzo, coordinador de Salud Reproductiva del IMSS, señala en A lo largo del camino, que una maternidad más saludable está relacionada con el espaciamiento de los embarazos, por lo menos de dos años y la atención médica de las enfermedades que aparecieron durante éste, en el puerperio o con posterioridad.

El diagnóstico temprano y el tratamiento oportuno serán el mejor recurso con que contamos para evitar o disminuir el daño a la salud de la madre y de su hijo o hija, señala el especialista del IMSS.

No obstante, en México todavía pasará algún tiempo para lograr que las mujeres puedan tener una maternidad saludable y esto se logrará, considera el investigador y médico del IMSS, cuando las mujeres embarazadas inicien la vigilancia durante el primer trimestre del embarazo y cuando acudan de inmediato a cualquier unidad médica ante la presencia de signos y síntomas de alarma.

La vigilancia prenatal temprana, sistemática y de buena calidad se relaciona con una menor probabilidad de presentar complicaciones graves durante el embarazo, señala Pozos Cavanzo.

07/LG/GG

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