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Parejas de varones migrantes afrontan solas tristeza y abandono

La tristeza es lo más notorio en la salud mental de las mujeres cuyos familiares emigraron a Estados Unidos en busca de una mejor vida, revela un estudio de expertas en el tema de migración y género de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.
 
De un total de 82 mujeres de siete poblaciones del estado de Michoacán, 45 dijeron sentir tristeza, de acuerdo con las entrevistas aplicadas por un grupo de académicas.
 
El sondeo se hizo entre esposas, hermanas, hijas y madres de hombres que han emigrado al vecino país del norte.
 
El estudio de la Universidad de San Nicolás evidenció la inexistencia de políticas de atención a la salud mental de las mujeres en contextos migratorios.
 
La coordinadora de Movilidad Humana de la Arquidiócesis de Morelia, Alejandra Samaniego Maya, explicó que la parte emocional de las personas que se quedan, sobre todo mujeres, niñas y niños, se tiene que atender. “Esto nadie lo está viendo”, sostuvo.
 
En entrevista con Cimacnoticias, la religiosa explicó que “hace falta mucha atención para quienes se quedan; hay abuelitas y tías que se quedan criando a los niños, niñas y no siempre reciben la atención que necesitan, hablando en todos los aspectos”, desde lo emocional y espiritual hasta lo económico.
 
La académica Nydia Obregón Velasco dijo que con el estudio se confirmó que al emigrar los esposos, las mujeres se quedan a cargo de sus familias teniendo como principal reto compaginar las funciones domésticas y de crianza de las y los hijos con las de administradoras del hogar, lo que deriva en una sobrecarga laboral y de estrés que les afecta su salud física y mental.
 
Además de Obregón, las investigadoras Tamara Martínez Ruiz, María Elena Heredia Rivera y Ericka Ivonne Cervantes Pacheco mencionan en su análisis que la migración es un “factor generador de estrés” que se refleja en el cuerpo con dolores de cabeza o de espalda, fatiga, insomnio o el agravamiento de enfermedades como hipertensión o diabetes.
 
Heredia Rivera precisó que tales síntomas son una expresión de la afectividad reprimida, ya que estas mujeres manifestaron que no tienen con quién hablar de cómo se sienten o qué necesitan.
 
La especialista mencionó que la gran mayoría de ellas tiene dificultad para expresar sus sentimientos a sus familiares o la pareja.
 
“Con la inestabilidad que trae la migración y esta falta de reconocimiento y de expresión de las emociones, las mujeres tienden a somatizar, proyectándolo en diversos malestares en su cuerpo. La somatización es una expresión corporal de la afectividad reprimida, característica en este grupo de mujeres”, se indica en el estudio.
 
Por otra parte, la religiosa Alejandra Samaniego detalló que de septiembre a diciembre de 2012, estudiantes de la maestría en Psicología de la Facultad de Psicología de la Universidad Vasco de Quiroga trabajaron terapia grupal en las comunidades Álvaro Obregón y Tarímbaro.
 
Se trabajó con 35 mujeres, entre esposas, tías y abuelas que asumieron la responsabilidad de quedarse con la familia al momento en que los hombres decidieron emigrar hacia EU.
 
Con el paso del tiempo, estas mujeres se enfrentaron al abandono de sus parejas y familiares. Uno de los casos detectados fue el de una abuela con cuatro nietos, quien decía que ya no podía más con ellos, al grado que estuvo a punto de mandar al más pequeño con sus padres a EU.
 
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