Pasan niñas su infancia en la Central de Abastos

INFANCIA
    Desnutridas y discriminadas
Pasan niñas su infancia en la Central de Abastos
Por: Miriam Ruiz
cimac | México, DF.- 20/03/2003

Alrededor de 130 niñas y adolescentes trabajan en las 304 hectáreas de la Central de Abastos de la Ciudad de México, que surte de todo tipo de mercancías a comerciantes, sin condiciones seguras para su desarrollo.

José Luis Gutiérrez, fundador y director del Centro de Apoyo al Menor Trabajador de la Central de Abastos (CAMT), asegura que de los mil cuatro menores que acudieron al mercado más grande de Latinoamérica en el 2002, el 13 por ciento eran niñas.

En la Central de Abastos labora una mayoría de varones como carretilleros, limpiavidrios o boleros, mientras que las niñas y jovencitas adolescentes trabajan como auxiliares en las cocinas o vendedoras al menudeo de dulces y otras mercancías que se ofrecen a unas 300 mil personas, de acuerdo con datos de la Delegación Iztapalapa.

Hasta 97 por ciento de las niñas y niños de la Central de Abastos son de origen indígena, migrantes de Puebla, Veracruz, Oaxaca, Michoacán y el estado de México, indicó Gutiérrez en entrevista con cimacnoticias. Esto favorece que las y los menores enfrenten constantemente discriminación o racismo y padezcan desnutrición crónica y analfabetismo.

Al CAMT llegan menores que a los 15 años no han aprendido a leer o que jamás han visitado a un médico. "Son familias expulsadas por la pobreza en sus comunidades", asegura el ex funcionario de Programas Sociales Nacionales y en el Distrito Federal.

Es al mediodía cuando empiezan a llegar las y los menores a las instalaciones, situadas junto al área de pescadería. Salieron ya del trabajo, que inició alrededor de las 05:00 horas, después de caminar los interminables pasillos que unen las miles de bodegas en la "Central."

UNA "CASCARITA" PARA DISTRAERSE

Van a estudiar la primaria o secundaria abiertas, además de jugar un rato o practicar deportes "donde nadie los molesta", aseguran. En la década que ha funcionado el CAMT 150 niñas y niños terminaron la primaria y secundaria, y unos pocos han continuado sus estudios hasta la universidad, refiere José Luis Gutiérrez.

Luego se van a dormir, con sus familias de origen o amigos, en cuartos sin baño que rentan en las inmediaciones. Llevan los 50 o 60 pesos que ganaron en el día.

Para José Luis Gutiérrez, en el marco de los trabajos intergubernamentales para acabar con el trabajo infantil, sólo la eliminación de la pobreza estructural de las familias acabará con la infinidad de problemas infantiles que se repiten en círculos generación tras generación.

Los menores que laboran en las inmediaciones de la Central de Abastos conocen la ubicación del CAMT mejor que la policía interna del lugar, según un pequeño sondeo.

El quehacer del CAMT, en este ambiente crudo para la supervivencia, corre de boca en boca y a sus instalaciones llegan también hasta quienes, ya adultos, requieren asesoría legal para vender un terreno o buscar atención para un cáncer.

Al igual que otras instituciones de asistencia privada, al CAMT el dinero no llegan ni en tiempo, ni en forma. José Luis Gutiérrez --él mismo alguna vez niño trabajador-- confiesa que existe un riesgo de que el centro cierre. Los impuestos que se generan por ayudar a esta población marginada, le resultan gravosos a la institución.

MR/MEL







       
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