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Peligra en Canadá ley sobre matrimonios homosexuales

Por la Redacción

La condena del Vaticano a la legalización de las uniones entre homosexuales ha aumentado las críticas a la decisión de Ottawa de autorizar estas bodas, amenazando la inminente ley sobre matrimonios entre parejas del mismo sexo, que transformaría a Canadá en el primer país americano en poseer este código.

Cuando en junio pasado, el primer ministro canadiense, Jean Chrétien, anunció que su gobierno no apelaría a la decisión de los tribunales de Ontario de legalizar los matrimonios homosexuales y que, en cambio, presentaría una ley equiparando las uniones entre parejas del mismo sexo a las de una mujer y un hombre, desató una discusión que traspasó las fronteras de su país y todos los estamentos sociales, y que lejos de apaciguarse con el tiempo hoy parece acrecentarse.

La decisión de Chrétien fue una consecuencia directa de una sentencia del Tribunal de Apelaciones de Ontario que, a principios de año, declaró anticonstitucional la ley que define el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer, por considerarla discriminatoria en razón del sexo.

Antes, otros dos tribunales de Columbia Británica y Québec también habían determinado que la ley canadiense era anticonstitucional.

Pero mientras estos dos tribunales habían establecido un periodo de gracia antes de que sus sentencias fueran efectivas para que Ottawa pudiese modificar la ley, Ontario obligó a las autoridades canadienses a aceptar los matrimonios entre parejas del mismo sexo de forma inmediata.

La respuesta de Ottawa al desafío judicial fue presentar ante el Parlamento y el Tribunal Supremo del país un proyecto de ley que redefine el matrimonio como la unión de dos personas sin importar su sexo, propuesta que los diputados tendrán que votar durante la sesión parlamentaria que comienza en septiembre.

Desde entonces, Toronto se ha convertido en la “capital gay” de América del Norte, con la celebración de decenas de matrimonios entre homosexuales y lesbianas, y para muchos y muchas estadounidenses en la única esperanza de legalizar su unión ante la cerrada oposición del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, de seguir los pasos de Ottawa.

Una de las tantas uniones ya celebradas en el país del norte fue el de dos mujeres chilenas, Lina Soto (42 años) y Paulina Acevedo (37 años), que se transformaron en una de las primeras parejas de lesbianas en formalizar legalmente su relación.

Pero los grupos religiosos y tradicionales de Canadá se han empezado a organizar para evitar que la nueva ley sea aprobada.

Tras el edicto papal emitido por el Vaticano la semana pasada, que conmina a los y las políticas católicas a oponerse a las leyes en favor de los matrimonios homosexuales, los párrocos católicos han empezado a hacer patentes sus puntos de vista desde el púlpito.

El arzobispo de Toronto, el cardenal Aloysius Ambrozic, envió una carta a las 223 congregaciones de Toronto en la que declara que es “imperioso” que los párrocos utilicen el púlpito para condenar la futura ley que regulará los matrimonios homosexuales.

Y aunque la Conferencia Episcopal de Canadá no ha establecido todavía una campaña similar a nivel nacional, muchos obispos parecen dispuestos a seguir los pasos del cardenal Ambrozic.

El obispo de Calgary, Fred Henry, declaró esta semana que el primer ministro Jean Chrétien, católico declarado, ha puesto en peligro su “salvación eterna” al poner en el parlamento una ley que redefine el matrimonio.

Y muchos diputados del gobernante Partido Liberal (PL) han empezado a sentir las presiones de sus votantes y han anunciado que votarán en contra de la ley.

El diputado del PL Eugéne Bellemere señaló en una carta enviada a los votantes de su circunscripción electoral que “mi definición de matrimonio es la unión de un hombre y una mujer. Si la propuesta ley sobre matrimonio cambia esta definición para incluir matrimonios entre parejas del mismo sexo, mi intención será votar contra el cambio de la definición tradicional de matrimonio”.

Y aunque 13 de los 30 millones de canadienses se declaran católicos, el problema no se circunscribe a esta fe religiosa, dado que musulmanes, judíos e hindúes y los otros cultos mayoritarios del país, también se oponen a la medida.

2003/MHY/RGR

cimacnoticias

       
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