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Peregrinar de madre ante desaparición de su hija en Sonora

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Rosa Muñoz es una trabajadora del hogar que desde el pasado 22 de marzo dejó de ver a su hija Dina Elizabeth López Muñoz, de 21 años, quien se desempeñaba como enfermera en un hospital particular de Nogales, Sonora, ubicado a 275 kilómetros al norte de esta capital estatal.
 
Ese día su hija salió a trabajar a las seis de la tarde. Su ex pareja y padre de su hija, Luis Alfonso Díaz, la llevó a su lugar de trabajo, pero nunca se presentó en el nosocomio, donde nadie sabe de ella.
 
El domingo 23 de marzo empezó la angustia cuando Rosa se percató de que su hija llegó a casa, ni se reportó con algún otro familiar. Marcaron varias veces a su celular pero no contestó.
 
En el hospital Del Socorro, donde laboraba como enfermera, le  dijeron que la joven no se había presentado a trabajar.
 
El tercer intento por localizarla fue con su ex pareja, pero él respondió que la dejó en la parte trasera del hospital (algo “inusual”, a decir de la madre) porque ella así lo había solicitado.
 
A decir de Rosa, su hija tuvo una relación violenta con su ex pareja y padre de su hija de un año y siete meses de edad, según los testimonios e intentos de denuncia por parte de Dina. No obstante, ni un acta administrativa han podido encontrar sus familiares, a pesar de que a su madre le contó que la última de tres veces que lo denunció, lo detuvo la policía pero salió libre tras pagar siete mil pesos.
 
AUTORIDADES LENTAS
 
La familia decidió denunciar la desaparición ante la primera agencia del Ministerio Público (MP). Las indagatorias quedaron a cargo de la Policía Estatal Investigadora.
 
Se les tomó la declaración a las y los familiares, llevaron testigos de la relación de violencia que vivió Dina por parte de su ex pareja, pero las autoridades les respondieron que no eran elementos suficientes para detener a Luis Alfonso Díaz o fincarle alguna responsabilidad.
 
Rosa narra que el hombre encerraba a la joven enfermera, la  golpeaba, le rompía sus uniformes de trabajo para que no fuera a trabajar, lo cual derivó en que se separaran unas tres semanas antes de la desaparición. Para la autoridad estos elementos fueron insuficientes.
 
Rosa cuenta que ella es quien da seguimiento al caso: va al MP, con el subdelegado de la Procuraduría de Justicia en Nogales, pero sin obtener hasta ahora alguna respuesta.
 
Ha buscado en el monte, pegado volantes, acudió a los medios de comunicación, incluso de otros países, ha dado entrevistas y todo en vano.
 
TEMOR
 
Sin interesarse en las indagatorias por la desaparición de Dina Elizabeth, su ex pareja ha emprendido una acción legal para separar de la familia materna a la hija. Antes de la desaparición, la joven y su niña habían ido a vivir a la casa materna, huyendo de la violencia de que eran víctimas.
 
Fue a ese domicilio a donde Luis Alfonso llevó un citatorio del Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), para que Rosa Muñoz, abuela de la niña menor de dos años, se presentara a una audiencia pues el padre exige que le permitan ver o le entreguen a la pequeña.
 
Esto causa temor a Rosa, pues conoce los alcances violentos de su ex yerno y ha decidido “no meter el peligro a su casa de nuevo”.
 
PROCURADURÍA SIN DINERO
 
El pasado 17 de abril, casi un mes después de la desaparición de Dina Elizabeth, la Procuraduría de Justicia de Sonora (PGJE) informó que en Nogales se encontraron los restos de una mujer en un camino hacia la colonia Las Bellotas de esa población.
 
La víctima estaba en estado de descomposición y según medicina legal de la PGJE, tenía alrededor de un mes de haber fallecido. Se calculó que el cadáver tenía entre 25 y 30 años de edad, y presentaba varias heridas de arma punzocortante en diferentes partes del cuerpo, de acuerdo con el reporte oficial.
 
Desde entonces se tomaron muestras de la mujer encontrada, quien quedó en calidad de no identificada, y se llamó a familiares de mujeres desaparecidas en esa frontera sonorense para tomarles muestras biológicas.
 
Dos meses después, Rosa volvió al MP a preguntar qué había pasado. Increíblemente ahí le informaron que el problema era que la máquina para hacer los estudios de ADN estaba descompuesta y no tenían dinero para arreglarla.
 
Ella ofreció pagar los estudios. “No importa que tenga que vender mi casa, que tenga que pedir prestado, pero ya no quiero vivir con esa angustia”, dice entre lágrimas.
 
“Entonces si (la víctima encontrada) era mi hija, ¿no le voy a poder dar cristiana sepultura? Es una angustia terrible, ya quiero que termine”, clama sin consuelo.
 
INDOLENCIA ANTE FEMINICIDIO
 
A la fecha, 26 mujeres han sido asesinadas en Sonora en lo que va de 2014, siendo tres los casos ocurridos en la fronteriza Nogales.
 
A pesar de que en Sonora está tipificado el delito de feminicidio, y forma parte del catálogo de delitos graves, éste no es castigado a cabalidad, pues no hay presupuesto suficiente para implementar el protocolo de investigación con perspectiva de género.
 
Por ello, el peregrinar y la angustia de las madres seguirá hasta que Sonora decida destinar recursos para la procuración de justicia y la prevención del feminicidio, así como para echar a andar el prometido banco de datos de ADN para dar respuesta inmediata a las familias, pues todas coinciden: “No hay nada peor que no saber”.
 
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