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Persiste discriminación femenina en Juegos Olímpicos

Por la Redacción

Ausentes en los primeros Juegos Olímpicos de Atenas, en 1896, en los de Atenas 2004, las mujeres representan el 40 por ciento de los atletas y su práctica deportiva no conoce límites.

En un recuento dado a conocer en el portal Mujereshoy, se destaca el largo camino que las deportistas tuvieron que recorrer en la historia de los Juegos Olímpicos, desde que en el nacimiento del deporte moderno eran relegadas a un papel secundario, pese a que se disputaban Juegos femeninos en la Antigüedad griega.

Desde las primeras concesiones que se les otorgaron en los Juegos de París de 1900 para participar en golf y en tenis, y cuatro años más tarde en tiro al arco, el programa para las mujeres en los Juegos Olímpicos ha logrado un considerable avance.

Incluso el Comité Olímpico Internacional (COI) decretó que todo nuevo deporte tiene que incluir una prueba femenina para tener la posibilidad de ser incorporado al programa olímpico.

El camino no ha sido fácil. El francés Pierre de Coubertin, el creador de los Juegos Olímpicos modernos, creía firmemente que el papel de las mujeres se limitaba a coronar a los vencedores y se opuso hasta su muerte a su participación.

Pero su compatriota, Alice Milliat, no compartía su visión y creó en 1921 la Federación Internacional Deportiva Femenina (FIDF) para poner fin a esa discriminación. La FIDF organizó unos Juegos Mundiales Femeninos en Goteborg y París, con lo cual el Comité Olímpico Internacional terminó por capitular.

Fue en Amsterdam, en 1928, donde finalmente iniciaron los verdaderos Juegos Olímpicos de las mujeres con cerca de 300 deportistas –casi 10 por ciento del total– y sobre todo con su participación en el deporte rey, el atletismo.

El crecimiento comenzó en 1976 con 20 por ciento de mujeres en los Juegos, 25 por ciento en 1988 y 35 por ciento en Atlanta. En Sidney la progresión continuó y hoy en Atenas, las mujeres representan el 40 por ciento.

La Carta Olímpica estipula que “toda forma de discriminación con respecto a un país o una persona, ya sea por razones raciales, religiosas, políticas, sexo u otras es incompatible con la pertenencia al Movimiento Olímpico”.

“Todo comenzó en 1992 cuando Suráfrica fue autorizada a regresar entre las naciones olímpicas”, recuerda una de las fundadoras del Comité Atlanta +, Linda Weil-Curiel. “Toda la prensa se felicitó entonces por la presencia de atletas negros y blancos en la delegación sudafricana, pero se nos saltaban los ojos cuando vimos que 35 delegaciones no incluían mujeres”.

El Comité Atlanta fue creado para luchar contra la discriminación hacia las mujeres en el deporte y, en particular, en los Juegos Olímpicos.

Hoy denominado Comité Atlanta-Sidney-Atenas, miembro de la Liga de Derecho Internacional de Mujeres, esta instancia reclama, basándose en los Principios Fundamentales de la Carta Olímpica, la prohibición de participar en los Juegos a toda delegación que excluya la presencia femenina.

Presidenta de la Comisión Mujer y Deporte del COI, instituida en 2004, la estadounidense Anita Defrantz reafirmó que el movimiento olímpico comparte el mismo objetivo – “ciento por ciento de delegaciones mixtas”– pero todavía no se ha logrado tal cosa.

Así, pese a todos los progresos, 26 países no incluyeron a ninguna mujer en sus delegaciones en los Juegos Olímpicos de Atlanta. Razones técnicas y económicas se sumaron a otras de carácter religioso, y se llegó al extremo de que una delegación rehusó que su pancarta fuese llevada por una joven durante la ceremonia de apertura de los Juegos de Barcelona en 1992.

En Sidney 2000, en tanto, nueve países no tuvieron representación femenina en sus delegaciones, y en Atenas, seis países competirán sólo con hombres (países musulmanes), invocando razones culturales o religiosas, a pesar de que el COI estableció que ciertas reglas en la indumentaria atlética serían aceptadas para que las mujeres deportistas musulmanas pudieran participar.

No obstante y si bien el número de mujeres que participan en los Juegos Olímpicos ha aumentado, para la legisladora portuguesa Manuela Aguiar todavía existe discriminación en estos magnos encuentros deportivos.

“Las atletas están poco representadas en las competiciones, son víctimas de prejuicios sexistas en los medios de comunicación y sólo ocupan un puñado de puestos de responsabilidad en las instancias deportivas”, sostuvo.

Para ella, en los Juegos Olímpicos “hay muchos más hombres, mientras que las mujeres tienen un salario y primas inferiores”.

Aguiar, quien prepara un informe sobre la discriminación femenina en el deporte, señaló que los medios de comunicación presentan a las atletas como “productos”, cuyos méritos son los de ser “sexy” y “bellas”.

En cuanto a su representación en los organismos deportivos, la legisladora denunció que en el Comité Olímpico Internacional (COI) hay “menos de un 10 por ciento de mujeres”.

Por su parte, la presidenta del Senado belga, Anne-Marie Lizin, señaló que tan grave como la antigua discriminación de atletas de raza negra en Suráfrica es la actual marginación de la mujer en determinados países musulmanes.

2004/LR

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