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Pese a mala atención en sector salud, mujeres sobreviven a CaMa

Por Lizbeth Ortiz Acevedo
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Ante la poca inversión que hace México para indagar las causas, nuevas formas de detección y tratamientos contra el cáncer de mama (CaMa), mujeres sobrevivientes de este mal advierten que lograron salvar sus vidas gracias a la autoexploración y su propia insistencia para ser tratadas médicamente.
 
Y es que los primeros diagnósticos que ellas se realizaron, tanto en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) como en hospitales particulares, resultaron “negativos” pero al final se confirmó que tenían el padecimiento.
 
Desde 2006 el CaMa es la primera causa de muerte entre las mexicanas, y en el mundo cobra la vida de una de cada tres mujeres que lo padecen, según datos oficiales.
 
Para la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), México es uno de los países de la región que menos invierte para enfrentar esa enfermedad, ya que sólo destina el 0.47 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).
 
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), de no prevenirse y detectarse a tiempo, para 2020 en México habrá casi 20 mil mujeres con CaMa y podrían morir 7 mil 618. Mientras que para 2030 las cifras podrían dispararse a más de 24 mil 300 casos y 9 mil 700 fallecimientos.
 
Datos de la OMS indican que sólo el 21 por ciento de las mexicanas de entre 40 y 60 años de edad acceden a una mastografía para detectar a tiempo el padecimiento.
 
Enrique Bargalló, jefe del Departamento de Tumores Mamarios en el Instituto Nacional de Cancerología (Incan), explica a Cimacnoticias, que a esta dependencia acuden al año mil pacientes nuevas con CaMa, y de ellas casi el 70 por ciento se presenta en etapas avanzadas de la enfermedad con tumores de unos cinco centímetros de diámetro.
 
El especialista agrega que a estas mujeres se les brinda una atención personalizada por parte de diversos profesionales de la salud. Como medidas de prevención, Bargalló recomienda que además de la autoexploración, las mujeres deben acudir a revisión médica una vez al año y realizarse la mastografía.
 
DIAGNÓSTICOS FALLIDOS
 
Diana, de 69 años, cuenta a esta agencia que fue con una autoexploración en 2002 que ella se detectó el padecimiento en una de sus mamas. Al ser derechohabiente del IMSS, de inmediato acudió para realizarse una valoración.
 
Sin embargo –relata– el primer médico que la atendió le dijo “que no tenía nada”, pero ella, con la certeza de que algo no estaba bien en su cuerpo, buscó una segunda opinión.
 
Entonces al segundo médico le informó que tenía antecedentes de CaMa en su familia y aunque no había ninguna anomalía en su última mastografía, el doctor la envío al área de Medicina Preventiva del IMSS, donde le detectaron otra tumoración.
 
A los dos meses del diagnóstico, Diana fue sometida a una cirugía en la que le quitaron un cuadrante de la mama para dar paso a la quimioterapia y radioterapia por alrededor de seis meses. No obstante, destaca Diana, ella nunca perdió la esperanza de salir viva de esa experiencia.
 
Tras pasar por esa difícil situación, la mujer se acercó a la fundación “Conocer para Vivir” donde realiza voluntariado y apoya a otras personas que padecen cáncer.
 
Leticia, otra mujer sobreviviente de CaMa, relata que también fue ella quien detectó a través de una autoexploración una irregularidad en uno de sus senos en 2012, cuando tenía 39 años de edad.
 
Buscó de inmediato atención médica en una institución privada, pero el resultado de la primera biopsia que le practicaron también fue “negativo”.
 
Sin embargo, la protuberancia que tenía en su mama izquierda siguió creciendo, por lo que se realizó hasta un tercer diagnóstico en el que se confirmó lo que ella se había palpado un par de meses atrás: tenía un tumor “sujeto a milignidad”, según los términos médicos.
 
Leticia fue sometida a una mastectomía radical, con la que perdió toda su mama y aunque corrió con suerte porque su tumor estaba “encapsulado” y pudo ser extraído completamente, tuvo que someterse, al igual que Diana, a quimioterapia y radioterapia por algunos meses.
 
Los tratamientos le hicieron perder su cabello y el vello corporal, incluidas cejas y pestañas. Luego tuvo que someterse a un segundo periodo de quimioterapias porque se le detectó otro tumor más agresivo que el primero, narra Leticia.
 
La sobreviviente de CaMa fue dada de alta el pasado 16 de octubre; cuenta sólo con el apoyo de su padre y estará bajo vigilancia médica en los siguientes años. No obstante, resalta que fueron “la fe y su actitud” los que la salvaron de morir de esta enfermedad.
 
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