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Piden cooperación contra violencia sexual en conflictos armados

Por Anaiz Zamora Márquez

Ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, señaló hoy que la violencia sexual vinculada los conflictos armados “es un abuso grave de los Derechos Humanos (DH) y tan destructivo como cualquier bomba y bala”.
 
Al presentar al Consejo su reporte anual sobre “Violencia sexual en conflictos armados”, Ban Ki-moon pidió la cooperación y ayuda internacional para detener este fenómeno lamentable que inflige un gran sufrimiento a quienes lo padecen, y que al mismo tiempo destruye familias y comunidades.
 
Exhortó a que los Estados miembro de la ONU y los líderes políticos trabajen en conjunto, para evitar este tipo de abusos a los DH de mujeres y niñas en el mundo.
 
Mediante el informe –presentado por la representante especial de la ONU para la Violencia Sexual en Conflictos, Zainab Bangura, y que será público en breve– se examinó la situación de vulnerabilidad que padece la población femenina en 21 países que enfrentan (o enfrentaron) graves conflictos o situaciones de guerra.

Entre los países en los cuales se atribuyen delitos sexuales a grupos irregulares o tropas gubernamentales están Afganistán, Costa de Marfil, Mali, Myanmar, Siria, Sudán del Sur, República Centroafricana y República Democrática del Congo, y como único país latinoamericano: Colombia.

Según declaraciones de Bangura a la prensa internacional, fueron identificadas 34 milicias y fuerzas de seguridad vinculadas a estos delitos, los que calificó como un “crimen global”.

De acuerdo con lo expuesto hoy por Ban Ki-moon y ayer por la relatora especial, las violaciones sexuales en medio de estos conflictos inciden en desplazamientos y matrimonios forzados, el tráfico humano y la esclavitud sexual.
 
De igual forma, están relacionadas con mayores posibilidades de que las mujeres puedan adquirir VIH u otras infecciones de transmisión sexual.
 
En su mayoría, los actos de violencia sexual se cometen contra mujeres y niñas de sectores marginados, alejados o donde se padece extrema pobreza, lo que incrementa las posibilidades de que los delitos no sean denunciados.  

Los abusos sexuales en zonas de conflicto no son investigados y tampoco sancionados, por lo que la impunidad en ocasiones multiplica el problema.
 
En ese contexto se destaca la necesidad crucial de que las mujeres víctimas de estos abusos tengan pleno acceso a los servicios que les permitan reconstruir su vida.
 
También se asienta en el informe que en algunos países en conflicto, grupos armados utilizan la violación como un arma para ganar control de territorios con valiosos recursos naturales, incluido minerales usados para la fabricación de automóviles, teléfonos móviles y otros productos que se venden en todo el mundo.
 
Además del llamado a trabajar en conjunto, se convocó a que la protección de mujeres y la visibilidad de este conflicto se incluyan en las misiones políticas y de mantenimiento de paz de la ONU.
 
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