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¡Pobre campo!

Por Manuel Fuentes Muñiz*

Todavíano se me quita la tierra de los zapatos. Acudí recién con Martín, un viejo campesino del Estado de México para saludarlo y me topo con una pobreza que parece crónica. Josefina, su esposa, me ofrece tortillas y frijoles: “es todo lo que tenemos; de haber sabido que venía nos hubiéramos preparado”, la respuesta me apena. ¿Cómo están?, mi pregunta parece innecesaria, pero ella me contesta: “aquí olvidados, parece que el Gobierno quisiera que despareciéramos, pero aquí seguimos”.

Salgo un momento de la humilde vivienda y me encuentro con dos niñas, de entre 4 y 5 años de edad, corriendo –entre risas– descalzas escondiéndose de mi presencia y detrás de ellas siguiéndolas unos perros flacos; son las nietas de Martín y Josefina que ahora están a su cuidado porque sus padres se fueron al otro lado “para ver si nos va mejor”.

Mientras observo a las niñas jugar, me pregunto: ¿por qué tanta pobreza?

La escena me hace recordar a Eduardo Galeano que en su libro Las venas abiertas de América Latina dice: “nuestra riqueza ha generado siempre nuestra pobreza para alimentar la prosperidad de otros: los imperios y sus caporales nativos…”. En otra parte dice: “cada vez queda más gente a la vera del camino sin trabajo en el campo, donde el latifundio reina con sus gigantescos eriales (terrenos), y sin trabajo en la ciudad, donde reinan las máquinas: el sistema vomita hombres.”

Esta afirmación de Galeano es cierta en nuestro país, donde la concentración de tierras en manos de unos cuantos es el mal del campo. Los nuevos terratenientes se esconden a través de las sociedades anónimas que son las propietarias de grandes extensiones de tierra. En Sonora, por ejemplo, el 80 por ciento de los distritos de riego son propiedad de unas cuantas empresas; el mismo fenómeno ocurre en el estado de Sinaloa donde la proporción asciende a un 60 por ciento.

Estas empresas radicadas en México, entre las que se encuentran Rene Produce Rehability Olways, dedican el 90 por ciento de su producción a la exportación de alimentos, granos, hortalizas.

Citrofrut, otra empresa, se dedica a la elaboración de productos derivados de cítricos y también orienta su producción al exterior.La empresa Chataasentada en Sinaloa es líder en exportación de productos enlatados, entre otras.

En contrapartida, de acuerdo a estudios de la Cámara de Diputados, durante el sexenio de Vicente Fox se compraron alimentos que rebasaron los 70 mil millones de dólares. Padecemos una enorme dependencia alimentaria y a pesar de ello el campo mexicano está en el abandono y los paganos son las y los campesinos pobres.

Son los grandes comerciantes e intermediarios extranjeros los que deciden sobre la política alimentaria: exportan alimentos desde nuestro país a través de grandes empresas con capital transnacional y promueven a la vez la importación de alimentos desde México, para que el Gobierno los compre a empresas norteamericanas.

Promover la autosuficiencia alimentaria en México no es negocio para las transnacionales. Explotan a nuestros connacionales que laboran sin visa en Estados Unidos, pagándoles menos salario en dólares que a los otros trabajadores de ese país y obtienen jugosas ganancias con las importaciones que como nación hacemos.

Por otro lado las empresas que están apoderadas de las mejores tierras en México, pagan salarios bajos, jornadas que rebasan los máximos legales, sin derechos sindicales y además obtienen subsidios gubernamentales, logrando importantes dividendos. Es un negocio redondo, un círculo de riqueza y de miseria a la vez, que mantiene nuestra dependencia alimentaria.

La legislación mexicana en materia agraria está basada en fomentar los proyectos individuales de las grandes empresas. El trabajo colectivo de organizaciones de campesinos no es una política de este gobierno y por ello la privatización de los ejidos y de las comunidades agrarias es una de las prioridades de los capitales extranjeros.

Sobrevivir en el campo es laborar de jornalero o del autoconsumo con la mínima extensión de tierra ejidal que algunos poseen, que los más viejos y mujeres principalmente defienden como su último bastión.

De acuerdo a la Confederación Nacional Campesina el 75 por ciento de las y los productores agrícolas siembran parcial o totalmente para su autoconsumo. Como contrapartida, el 8 por ciento de las unidades de producción nacional están en posibilidades de exportar y éstas representan apenas el 2 por ciento de los productores nacionales.

En nuestro país el gobierno federal no concibe que las políticas de soberanía alimentaria consideren la promoción, reconocimiento y respeto de los derechos de las mujeres en la producción de alimentos y la representación de ellas en todos los órganos de toma de decisiones.

Hay una carencia de objetivos del Gobierno de Felipe Calderón para invertir en el campo y buscar beneficiar directamente a los campesinos.Por el contrario el incremento constante de los insumos agropecuarios, semillas, fertilizantes gasolina, diesel, electricidad, combustóleo, amoniaco y gas agravan la situación económica de las y los pequeños productores mexicanos.

Nuestros gobernantes no están interesados en promover la soberanía alimentaria basada en sistemas y políticas propias que proporcionen a cada uno de los mexicanos alimentos de calidad, adecuados, asequibles, nutritivos y culturalmente apropiados.

Contrariando los intereses de la nación, el Gobierno federal permite, promueve y solapa que las empresas transnacionales sigan dirigiendo la política alimentaria de nuestro país. ¡Pobre campo!

* Abogado, especialista en temas de justicia, profesor en la Universidad Autónoma Metropolitana.
manfuentesm@yahoo.com.mx

08/MF/GG

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