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Pobreza expulsa a jóvenes a otros estados

Por Cirenia Celestino Ortega

Tere tenía 13 años cuando su padre tuvo un accidente automovilístico en el que perdió la memoria, nunca más pudo volver a trabajar y su cuidado exigía tiempo completo de su esposa.
 
En Pénjamo, Guanajuato, donde vivía toda la familia, Tere y sus cuatro hermanas buscaron empleo para solventar los gastos de la familia, educación, para algunas, y medicinas y tratamiento para el padre.
 
Ante la falta de ingresos dejó la escuela secundaria y durante dos años se dedicó a las tareas de la casa ya que por su edad y su poca escolaridad nadie le daba trabajo. Una amiga la invitó a irse a Baja California Sur, allá la hermana de su amiga les conseguiría empleo.
 
A sus 16 y 15 años respectivamente, viajaron solas, más de 12 horas hasta Los Cabos, San Lucas, en Baja California Sur, pues allá había una promesa de trabajo… ¿de qué? aún no lo sabían, pero la sola idea de tener dinero y mandar algo a sus hermanas y madre la entusiasmaba.
 
En Los Cabos empezó haciendo limpieza en una estética y hacía mandados. Con el tiempo aprendió a cortar el cabello y con ello incrementó su salario.
 
Ya establecida en Los Cabos conoció a Lázaro, un náhuatl poblano que había migrado por la misma razón que Tere: buscar empleo.
 
Después de un par de meses de noviazgo se “juntaron” y cuatro meses después Tere estaba embarazada. Con 17 años de edad, sin información sobre anticoncepción -el único método que conocían era el condón y falló- llevó a término el embarazo; así nació Melanie, quien hoy tiene dos años.
 
Con la intención de que su hija conociera a la familia de Lázaro, emprendieron hace un par de semanas un viaje a San Marcos Tzicuilan, comunidad del municipio Cuetzalan del Progreso, Puebla, donde nació y vivió su infancia Lázaro, aunque no se quedarán mucho tiempo pues el empleo es precario y mal pagado.
 
En Cuetzalan, un pueblo agricultor mayoritariamente de café, pimienta y plátano, donde las mujeres visten su traje tradicional, pocas recurren a los servicios de Tere. Mientras en Los Cabos cobraba 80 pesos por cada corte de cabello y hacía por lo menos cinco cortes diarios, en Cuetzalan lo más que pagan son 20 pesos.
 
AMOR POR LAS MUJERES
 
Doña Micaela López, es la abuela de Lázaro, ha sido el sostén de ambos desde su llegada a la sierra poblana. Sobadora, curandera y partera, ha aprovechado los quince días que llevan en el pueblo para enseñar a Tere a “querer a las mujeres”.
 
Tere está aprendiendo a acompañar y sobar a las mujeres durante el embarazo y ayudarlas en el parto, además de apoyarlas en los cuidados del recién nacido.
 
En su estancia, ha presenciado dos partos que doña Micaela – quien ya perdió la cuenta del número de niñas y niños que ha visto nacer desde los16 años cuando su abuela le enseñó su oficio- atendió dentro del temazcal.
 
Micaela dice que tiene que querer a esas mujeres porque de otra forma no las ayudaría en sus dolencias  pues “cada vez se embarazan más y más jóvenes y son poquitas las que tienen el apoyo del esposo, solo quienes tienen mamá todavía son más socorridas”.
 
A ella su esposo la abandonó junto con sus seis hijos. Durante muchos años vivió violencia, pero entrar al temazcal y ayudar a otras mujeres siempre le traía tranquilidad, aunque hubiera poco de comer.
 
Micaela reza y canta en su temazcal y va enseñando a sus nietas y nietos su lengua materna, el náhuatl; sin embargo Tere no tiene interés en aprenderlo ni que su hija lo haga pues se pregunta “¿para qué lo aprendo? si donde hay trabajo no se habla náhuatl, se habla inglés”.
 
Según datos del Observatorio de Violencia Social y Género de la Sierra Norte de Puebla, en Cuetzalan hay solo un médico para atender a los 47 mil 433 habitantes.  
 
En Tzicuilan hay solo un centro de salud que da servicio de 8 de la mañana a 4 de la tarde; los lunes, miércoles y viernes se da consulta y martes y jueves se ponen vacunas.
 
Como solo hay un doctor y una enfermera, Micaela es un referente en la comunidad, ella revisa a la gente y si puede la cura, si no, las acompaña al centro de salud y exige se les atienda o van al centro de salud de Cuetzalan a buscar la atención.
 
Aunque es muy consultada, su oficio no es bien pagado, las mujeres le dan lo que pueden y lo que gana no es suficiente para mantener a toda la familia, por esta razón Tere, Lázaro y Melanie regresarán pronto a Los Cabos.
 
TRABAJO INCIERTO
 
En Cuetzalan, Lázaro no ha encontrado trabajo, corta leña para el temazcal y cuida las tierras de su abuela para cosechar productos para el autoconsumo como maíz, aguacate, plátano y maracuyá.
 
A finales de junio, Tere, Lázaro y Melanie viajarán a la ciudad de México a visitar a la mamá de Lázaro, quien migró por la misma razón cuando Lázaro tenía 13 años y desde entonces no la ve.
 
Con los ahorros de ambos, también irán a Pénjamo, en Guanajuato, para que la familia de Tere -a quien no ve desde 2007- conozca a Melanie.
 
Con la incertidumbre a cuestas de recuperar sus trabajos, ella en la estética y Lázaro como jefe de almacén en un Walmart, Tere espera que a principios de agosto ya estén de vuelta en Los Cabos “a ver si los vuelven a contratar”.
 
13/CCO/LGL

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