Inicio Poderío japonés no se refleja en la situación de las mujeres

Poderío japonés no se refleja en la situación de las mujeres

Por Ariel Barredo Coya*

Pese a ser la tercera economía del planeta, Japón continúa teniendo una asignatura pendiente en el tema de la igualdad de género.
 
O al menos así lo revela el informe anual del Foro Económico Mundial (FEM) sobre la brecha de género que, en 2015, coloca a la potencia asiática en el puesto 101 entre 145 naciones, en términos de equidad política y social.
 
Para establecer ese “ranking”, el FEM valora cómo los países utilizan su reserva de talento femenino, atendiendo a 14 indicadores en los campos de la política, las oportunidades económicas, la educación y la salud.
 
Según el informe, Japón mejoró tres puestos respecto a 2014 como resultado del aumento del número de mujeres en cargos ministeriales.
 
Desde enero pasado el número de ministras en el gabinete aumentó a cuatro, de dos en 2014, y la proporción de mujeres en el Parlamento también se elevó ligeramente.
 
La brecha de género, sin embargo, se agravó en la economía japonesa, en gran medida por el crecimiento de la disparidad salarial, pese a que una mayor proporción de mujeres participan en la fuerza laboral.
 
Aunque el número de trabajadoras está aumentando, muchas de ellas son empleadas irregulares con salarios bajos. Según estimaciones, las japonesas ganan como promedio 70 por ciento del salario de un hombre por la misma labor.
 
Con el paso de los años, la sociedad japonesa viene evolucionando en la misma medida que se desarrolla su economía. Ya no es desde luego la misma que, hasta bien entrado el siglo XX, estipulaba la total sumisión de las mujeres en virtud del código Onna-daigaku (“Manual de la mujer”).
 
Tan es así que hoy día las japonesas son más propensas a tener un título universitario que los hombres, y el número de mujeres que trabaja crece de manera constante desde hace 10 años.
 
Algunas actitudes sociales, sin embargo, no apoyan ese progreso, pues a las trabajadoras que están casadas las consideran “oniyome” o “esposas malvadas”, y sorprendentemente más de 60 por ciento abandona el empleo cuando tienen su primer hijo.
 
Por una serie de razones, una madre todavía tiene dificultades para conseguir un buen trabajo en Japón.
 
En un artículo sobre el tema, la alcaldesa de la ciudad de Otsu, Naomi Koshi, expuso que “una de las principales causas de este exilio laboral es el estado del sistema de cuidado infantil. La mayoría de las que deciden continuar trabajando luego del nacimiento de sus hijos se ven forzadas a buscar una vacante codiciada en una guardería”.
 
Tan sólo en abril de 2014, cerca de 21 mil familias japonesas fallaron en encontrar una guardería para sus hijas e hijos. “He visto a muchas de mis amigas luchar entre el trabajo y los niños, y esta dicotomía ha creado básicamente un escenario en el que deben elegir entre una cosa o la otra”, comentó la funcionaria.
 
Esa encrucijada se resume en dos hechos: las mujeres que tienen hijos no trabajan y las mujeres que trabajan no tienen hijos. Dos situaciones igualmente graves para el futuro del país.
 
La problemática no es nueva. Hace años, en su reconocida investigación “Womenomics: el activo oculto de Japón”, la economista Kathy Matsui advirtió que retener a las madres japonesas en el mercado laboral debe ser una “prioridad nacional”.
 
Según la especialista japonesa-estadounidense, eso podría aumentar hasta 15 por ciento el Producto Interno Bruto (PIB), aunque también señalaba una razón aún más apremiante: en Japón hay crisis demográfica.
 
Desde 2006 su población comenzó a reducirse. La tasa de natalidad en el país es de sólo 1.42 nacimientos por mujer, muy por debajo de la cifra de 2.1 necesaria para que una población se mantenga estable.
 
Si esa tendencia persiste, la sociedad nipona perderá un tercio de sus componentes en el próximo medio siglo, y pasará de los actuales 127 millones de personas a 86.7 millones, según el Ministerio de Salud y Bienestar Social.
 
Para revertir esa situación, el gobierno japonés anunció que planea una serie de medidas para estimular la natalidad, tales como mejorar el acceso a los servicios de guardería e incluir incentivos fiscales.
 
Las y los legisladores japoneses aprobaron una ley para fomentar la contratación o promoción de mujeres a cargos directivos. La normativa, con 230 votos a favor y sólo uno en contra en la Cámara alta, coincidió con una conferencia internacional durante la cual el primer ministro, Shinzo Abe, se comprometió a impulsar una sociedad en la que “las mujeres brillen”.
 
Las disposiciones para garantizar un trato equitativo a los trabajadores sin distinción de sexo, no obstante, las debilitó una reciente ley de reforma laboral, afirmó Richard Katz, del boletín mensual Oriental Economist.
 
“El gobierno de Abe tuvo este año la oportunidad de hacer algo que podría haber sido auténticamente eficaz para subir los sueldos: introducir en la ley una firme disposición de pago igual por el mismo trabajo”, señaló.
 
“En contraste, tomó el rumbo contrario y derrotó activamente el intento”, agregó. A la emancipación femenina le queda todavía un buen trecho por recorrer en el país, apuntó Katz.
 
Según el FEM, la salud es la esfera en la que mejor están los derechos de las japonesas (puesto 42). En educación ocupa el lugar 84, mientras que en política se ubica en el 104. Donde peor le va al país del sol naciente es en las oportunidades económicas (106).
 
El informe de este año es el décimo de esa organización, según la cual durante la última década las diferencias económicas entre ambos sexos sólo se redujeron en 3 por ciento en todo el mundo. A este ritmo, revela la investigación, a las mujeres les tomará 118 años cerrar la brecha salarial con los varones.
 
*Periodista de la redacción de Asia de Prensa Latina.
 
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