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Por la migración, se triplican labores agrícolas de mujeres rurales

Por Marta Sigarán, corresponsal

Al aumentar la migración de campesinos salvadoreños a Estados Unidos, la presencia de las mujeres rurales en actividades agropecuarias en el país centroamericano se ha triplicado en los últimos cinco años.
 
Las mujeres han retomado muchos de los espacios dejados por la migración masculina, según la Asociación Agrícola de Polorós, municipio del departamento de la Unión.
 
Marcela Arias, trabajadora agrícola de la zona, comenta a Cimacnoticias que las labores de siembra y cosecha recaen ahora en las mujeres –aunque muchas veces con poca retribución económica–, ya que la mayoría de sus parejas han emigrado en  busca de un mejor futuro.
 
En un estudio elaborado para la Alianza por la Defensa de los Derechos de las Mujeres Rurales, la catedrática Julia Evelyn Martínez, de la facultad de Economía de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, detectó que “las mujeres rurales trabajan entre 15 y 17 horas en el hogar, trabajo agrícola o productivo y trabajo comunitario, (pero que) la mayoría de estas horas de trabajo no son pagadas”. 
 
En la investigación se advierte que “el trabajo de estas mujeres no es reconocido socialmente, ni tampoco se traduce en ingresos económicos”. Por esta situación, muchas de ellas también deciden migrar, dice la trabajadora Marcela Arias.
 
BENEFICIO DE LAS REMESAS
 
Nora Hernández, de 19 años, vivía de la siembra y cosecha de maíz y granos básicos hasta que sus dos hermanos se fueron a vivir a EU y comenzaron a mandar remesas.
 
Según el último decreto del Ministerio de Trabajo de los Salarios Mínimos, un trabajador o trabajadora del sector agropecuario percibe un ingreso diario de 3 dólares con 50 centavos (44 pesos mexicanos). Comparado con los salarios mínimos en EU, la diferencia es sustancial.
 
Según Nora, sus hermanos le mandan 300 dólares al mes (poco más de 3 mil 800 pesos mexicanos), y en cambio ella lo más que puede ganar en el campo son 100 dólares (mil 271 pesos mexicanos) si trabaja todos los días.
 
“Para mí es más fácil quedarme en la casa ayudando a mi madre a cuidar a mis otros hermanos y con la comida, que pasar todo el día con sol y calor caminando mucho y cansándome”, explica Nora.
 
“Sé que la vida de mis hermanos en Estados Unidos es difícil también, pero es un sacrificio que ellos hacen para que estemos mejor”, añade.
 
Las organizaciones comunales de mujeres rurales, como la Asociación Agrícola de Polorós, pretenden que este cambio en el patrón cultural de las zonas rurales y la migración repercuta en mayor alfabetismo y educación para las niñas y mujeres que se quedan en los hogares.
 
La reciente recesión económica en EU repercutió en una disminución de las oportunidades de trabajo y en el envío de remesas a El Salvador.
 
En 2010 y 2011 existió una mayor participación laboral en el sector agropecuario en la nación centroamericana, según el Ministerio de Trabajo, pero a medida que las condiciones económicas mejoran en EU la migración se dispara y la mano de obra en el campo salvadoreño vuelve a escasear.
 
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