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Posterga Corte resolución de amparo por caso de feminicidio

Por Anaiz Zamora Márquez
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La Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) postergó su respuesta al reclamo de Irinea Buendía Cortez, quien exige que el asesinato de su hija, Mariana Lima Buendía –presuntamente cometido por el agente judicial Julio César Hernández Ballinas–,  no quede impune.

Hoy se tenía previsto que la Primera Sala resolviera en una audiencia pública el amparo 554/2013, que obligaría a la Procuraduría General de Justicia del Estado de México (PGJEM) a reabrir el caso de Mariana Lima a fin de que se corrija la investigación retomando los más altos estándares en materia de casos sobre muertes violentas de mujeres.
 
No obstante, luego de tres horas de espera el proyecto se enlistó para ser discutido en otra sesión sin precisar alguna fecha.
 
Poco antes de las 11 de la mañana, Irinea Buendía llegó a la SCJN con la esperanza de que las y los ministros finalmente le abrieran el tantas veces bloqueado camino a la justicia.
 
Con ella iban su esposo, Lauro Ignacio Lima Cervantes –de 85 años de edad– y Rodolfo Domínguez Márquez, director de la organización civil Justicia, Derechos Humanos y Género, y quien además es el abogado responsable –junto con el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF)– de que el caso del asesinato de Mariana Lima llegara hasta la máxima instancia de justicia del país.
 
Acompañando también el silencio y la esperanza de la mujer de 62 años, estaban otros integrantes del OCNF, académicas como Lucía Melgar y Cynthia Galicia; defensoras de Derechos Humanos como Norma Andrade; representantes ciudadanos como Fernando Ríos, y familiares de otras víctimas de feminicidio, como Viviana Muciño, hermana de Nadia Muciño Márquez (asesinada en 2004), y Conrrado Sánchez, padre de Karen Joana Sánchez Gochi (asesinada en 2012).
 
En conjunto, ellas y ellos hicieron suyas las escaleras y la estancia que anteceden a las Salas de la SCJN.
 
Compartían el nerviosismo que mostraban las manos de Irinea, pues confiaban en que la eventual resolución de hoy pudiera abrir brecha para todas las mujeres, especialmente las mexiquenses, que desde hace años han sido víctimas de la violencia machista y torturadas por la impunidad.
 
JUSTICIA QUE NO LLEGA
 
Entre los murales de José Clemente Orozco, Irinea –mujer originaria del estado de Morelos– fingía no sentir el paso del tiempo, daba abrazos a quienes llegaban y les decía que este podría ser el gran día para las mujeres víctimas de feminicidio. Era la primera vez que las y los ministros de la Corte abordarían el tema.
 
“Lo único que espero de la SCJN es justicia y justicia, nada más”, dijo la madre de Mariana a Cimacnoticias, y recordó que su lucha empezó la mañana del 28 de junio de 2010 cuando –por teléfono– “Ballinas” –el presunto feminicida– le dijo que la joven “se había suicidado”.
 
En un primer momento, ella no creyó lo que escuchaba porque en dos ocasiones previas su yerno le había hablado para decirle que iba a matar a Mariana, quien finalmente perdió la vida a los 25 años de edad, sólo dos años después de haberse convertido en licenciada en Derecho. 

Tras esa fatídica llamada, Irinea se trasladó al municipio mexiquense de Chimalhuacán, donde encontró el cuerpo de su hija en la cama; tenía rasguños en el cuello, un golpe en la frente, en la sien, en el pómulo, en el muslo derecho, de las rodillas para abajo varios golpes, tenía la mandíbula como fuera de su lugar, y marcas en los tobillos “como si los hubiera tenido amarrados”.

En la casa también vio dos maletas de “la flaquita” –como ella le decía de cariño– con su ropa y libros, y en el comedor había otra maleta de ropa. Un día antes, su hija estuvo en su casa y le dijo que estaba decidida a abandonar a su esposo, harta de la violencia doméstica que sufría.

Julio César Hernández Ballinas dijo a las autoridades judiciales que su esposa se había quitado la vida, y él retiró el cuerpo de donde se había colgado y lo colocó en la cama, pero antes le tomó fotografías para que las policías observaran el cuerpo que pendía de una “armellita”, sujetado con un hilo de macramé de cinco milímetros de ancho.

Agentes de la PGJEM concluyeron la inspección ocular en 10 minutos, no acordonaron el lugar, no preservaron la evidencia, y no tomaron fotografías de toda la casa. En el colmo, durante las pesquisas nunca consideraron la violencia previa sufrida y denunciada por Mariana.
 
En todo momento creyeron la versión del judicial mexiquense, quien nunca fue detenido y por el contrario fue ascendido de rango dos años después del asesinato.

En septiembre de 2011 el Ministerio Público cerró el caso al concluir que no contaba con elementos para determinar la intervención de terceras personas en la muerte de la víctima.
 
Sin embargo, férrea en su lucha, Irinea se aprendió el expediente de su hija, acudió a todas las dependencias mexiquenses encargadas de procurar y administrar justicia, pero ninguna la ayudó.
 
La ayuda llegó –como en casi todos los casos de violaciones a los Derechos Humanos (DH)– de las organizaciones civiles. Fue así que Irinea pudo presentar todos los recursos jurídicos necesarios para lograr que se reabriera el caso y se consideraran todas aquellas diligencias que la misma PGJEM había omitido desde el inicio de la investigación.
 
En febrero de 2013 se solicitó a la SCJN la atracción del asunto y fue en septiembre del mismo año que la Primera Sala admitió el caso por reunir los “requisitos necesarios de interés y trascendencia”.

Desde entonces, Irinea esperaba con ansia este día. Pocos minutos después de las 2 de la tarde, ella, su esposo y sus representantes legales entraron a la Primera Sala.
 
El corazón de la mujer que ahora se dedica a defender los DH se detenía por segundos al escuchar el número de proyecto que sería votado por los ministros. Finalmente el amparo 554/2013 fue turnado como “proyecto enlistado”, es decir, pospuesto.
 
Al principio los ojos de Irinea se entristecieron, pues no entendían lo que implicaba el término jurídico de “enlistado”. Su abogado Rodolfo Domínguez le explicó que la SCJN decidió resolver el amparo en otra sesión (aunque sin precisar fecha).
 
Irinea salió al pasillo, a donde ya la esperaban –además de sus compañeras de lucha– representantes de los medios de comunicación. “No estoy triste, ni desilusionada, sigo esperando dos cosas de la SCJN: justicia y justicia”, dijo ante las cámaras y grabadoras.
 
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