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Preocupación y alarma por reelección de Bush

Por la Redacción

Católicas por el Derecho a Decidir (CDD) expresó su preocupación por el peligro que implica la reelección de George W. Bush en materia de respeto a los derechos humanos de las mujeres y llamó a las organizaciones de la sociedad civil internacional comprometidas con la defensa de estos derechos, a mantenerse alertas y vigilantes ante el probable advenimiento de una nueva ola de conservadurismo, intolerancia y prepotencia que amenaza tanto la paz mundial, como la propia democracia y la libertad.

Por las graves omisiones y violaciones a los derechos humanos llevadas a cabo en los últimos cuatro años, es evidente que la nueva gestión gubernamental de Bush augura un período de desesperanza y desilusión, aún mayor que el padecido durante los años 2001-2004, para las personas que tenemos un compromiso con la justicia social, la paz, los pobres y marginados.

Los anuncios del presidente reelecto de intensificar la guerra, a la par de conferir a sus acciones gubernamentales un sustento teocrático de corte fundamentalista, evidencian el serio peligro por el que atravesarán los derechos humanos, especialmente de las mujeres, en los años venideros.

En materia de salud y derechos sexuales y reproductivos, CDD advierte las graves consecuencias que representa la continuidad del gobierno de Bush para el desarrollo de políticas públicas a favor de las mujeres, ya que durante su primer período de gestión los criterios del conservadurismo religioso del mandatario estadounidense, provocaron grandes atropellos y marcados retrocesos, tanto en los Estados Unidos como en varios países de la región.

En febrero del 2001, Bush reinstauró la denominada Ley Mordaza al instruir a la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID) el retiro de recursos de cooperación a organizaciones civiles con programas de salud sexual y reproductiva que tocaban el tema del aborto como parte de su labor.

Posteriormente, reasignó recursos a su programa de “abstinencia sexual”, como medio para evitar embarazos no deseados y transmisión de infecciones. En cuanto a los programas de lucha contra el VIH-SIDA, en el 2002 su gobierno anunció que aportaría, en cinco años, 15 mil millones de dólares, al Fondo Global contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria; sin embargo, estos fondos han sido dirigidos sólo a instituciones que no promueven el uso del condón, sino la abstinencia.

Mediante vetos legislativos y nuevas regulaciones también logró negar las contribuciones de su país al Fondo de Población de la ONU, lo cual dejó desprovistos de asistencia médica a importantes sectores poblacionales, especialmente en África, América Latina y el Caribe.

De igual forma, a nivel federal ha promovido restricciones para la efectiva aplicación de la ley en torno al aborto?lo que vulnera los derechos constitucionales de sus propios ciudadanos, como son el derecho a la privacidad y por lo tanto el derecho a decidir.

Luego de la reelección de la semana pasada, es evidente que la política de Bush, en alianza con sectores fundamentalistas evangélicos y católicos, se mostrará implacable en su pretensión de imponer su forma de concebir la sexualidad y controlar las vidas y los cuerpos de millones de hombres y mujeres, no sólo en el territorio de los EEUU, sino en todo el mundo.

En América Latina y el Caribe, los movimientos de mujeres reivindicamos el derecho a decidir que tenemos todos los seres humanos, en tanto condición inalienable e inherente de la dignidad humana.

Por esto, como Católicas por el Derecho a Decidir, nos comprometemos a redoblar esfuerzos junto con organismos de la sociedad civil y de gobierno para compartir los valores de la democracia y la libertad con nuestras hermanas y hermanos del continente; promover la justicia social y la paz; luchar por la erradicación de la pobreza; e impulsar la consolidación de los derechos sexuales y reproductivos, reconocidos en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (El Cairo,1994), por nuestros gobiernos y legitimados en nuestros propios países.

Nuestros retos se refuerzan y nuestra esperanza no se apaga; nos acompañan millones de personas alrededor del mundo y la mitad del electorado estadounidense que no comparte el proyecto de Bush.

Estamos concientes de la importancia histórica de este momento y trabajaremos porque nuestro aporte esté a la altura del desafío.

2004/LR

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