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Problema de todos

Por Cecilia Lavalle

“Algo está mal”, me dijo un compañero de trabajo, “año con año traes la misma cantaleta de la lucha contra la violencia hacia las mujeres, pero las siguen matando; así que algo están haciendo mal”.

El reclamo encierra buena parte de la problemática y deseo reflexionar al respecto a propósito del Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres: “la cantaleta” de cada 25 de noviembre, “la cantaleta” de todo el año aunque no sea 25 de noviembre.

Para empezar, parte del problema es que la mayoría de los varones no consideran ser parte del problema. Sin contar a los abiertamente violentos, muchos hombres levantan el muro y se colocan tras él con el arma enfundada en cuanto se toca el tema. Se sienten agredidos por “esas mujeres que de todo le echan la culpa a los hombres”. Y, claro, ni por casualidad aceptan que necesitan revisar sus conductas violentas.

Otros muchos no se asumen como violentos porque, afirman, serían incapaces de pegarle a una mujer o de violarla, pero no quieren ni oír hablar de la violencia emocional y de la violencia patrimonial, porque “esas son exageraciones de las feministas, viejas locas y amargadas a las que de seguro les falta marido”. Y, por supuesto, jamás de los “jamases” aceptarán que eso que dijeron constituyó un acto de violencia.

Muchos más miran el tema como si fuera algo que sucede a seres intergalácticos en un Universo paralelo que nada tiene que ver con su realidad.

De modo que, en cualquiera de estos tres casos –entre los que se encuentran la mayoría de los hombres de mi país que no son abiertamente violentos– el problema no es su problema, sino problema de las mujeres, a lo mucho también del gobierno.
Esta distancia, esta lejanía, también está matando mujeres.

Lo dice mejor un cartel de Amnistía Internacional: “¡Cuidado!, El machismo mata”.

Porqué no sólo son los agresores directos los que inciden en los altísimos índices de violencia contra las mujeres que se registran en México. No sólo son los hombres que piensan y sienten que tienen derecho de pegar, insultar o violentar de cualquier otra forma a su esposa, a su pareja, a su novia, por las sinrazones que usted imagine. Son también los hombres que no se preguntan, ¿qué estoy haciendo mal?, ¿por qué siguen matando mujeres?

Son también los hombres que no se preguntan, ¿qué no estoy haciendo?, ¿por qué siguen matando mujeres?

Son también los que no se preguntan, ¿en qué contribuyo, así sea involuntariamente, a que sigan violentando mujeres?

Son también los que de mil maneras justifican cualquier agresión contra las mujeres, incluidos los chistes y las canciones que nos degradan o nos convierte en objetos.

Son también los que perdonan, toleran o deciden ignorar las múltiples formas de violencia contra las mujeres.

Son también los que no ven que el feminicidio es la expresión cúspide del problema, pero la base está en una forma de pensar y de actuar que desvaloriza, minimiza, ridiculiza, ignora, cosifica, discrimina, somete, controla, domina, violenta a las mujeres.

Pensar que la violencia contra las mujeres es un asunto de las mujeres, como puede ser la menstruación, es parte del problema.

Y mientras se siga pensando así, y mientras los gobiernos sigan actuando así, seguirán matando mujeres, seguirán aumentando las cifras de la violencia en México.

Y mientras el problema no se resuelva, muchas mujeres –y varios hombres que han entendido que ser hombre no es sinónimo de ser macho– seguiremos con la misma cantaleta.

El machismo mata. Y la indolencia, también.

Apreciaría sus comentarios: cecilialavalle@hotmail.com

*Periodista y feminista mexicana en Cancún Quintana Roo, integrante de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género.

08/CL/VRI/GG

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