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Pugnan con libro por la no discriminación a las adultas mayores

Por Anayeli García Martínez
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Se dice que después de los 50 años de edad, los temores de llegar a la vejez –pérdida de la memoria, enfermedades crónicas, cansancio, soledad y la cercanía de la muerte– empiezan a rondar a las mujeres, pero las periodistas Patricia Kelly y Alicia Ibargüengoitia decidieron trastocar esas ideas y comprobar que, contrario a lo que se cree, se puede llegar a la senectud lúcidas, activas, llenas de ocupaciones, con proyectos y exitosas.     
 
En 2011 los miedos en torno a la edad llegaron a la vida de ambas comunicadoras (nacidas en la década de los 50), quienes tras una profunda reflexión se dieron cuenta de que no conocían historias inspiradoras de adultas mayores, así que se dieron a la tarea de buscarlas.
 
Como resultado obtuvieron 26 entrevistas con mujeres de entre 70 y 95 años, mismas que se compilan en el libro “Mujeres Grandes”, editado por Sincronía Encuentros.
 
Para conocer cómo se tejió esta publicación que se presentará este miércoles 26 de febrero en la Feria Internacional del Libro (FIL) del Palacio de Minería, esta agencia charló con las autoras que, a través de una mirada periodística, muestran que una feminista al igual que una bailarina, una científica, una filósofa, una psicoterapeuta, una escritora o una política, pueden llegar a ser adultas mayores con dignidad y respeto.
 
LOS ESTEREOTIPOS DE LA VEJEZ
 
Colegas en sus andanzas por la radio y ahora cómplices en este libro, Paty y Alicia se dispusieron a destruir los miedos sobre las mujeres “grades, las mayores, las viejas”, y encontrar un modelo que rompiera con el perfil de la abuelita de Cri-Cri y con los personajes de Sara García, aquella actriz ícono de la llamada época de oro del cine mexicano, que construyó todo una imagen alrededor de la “abuelita perfecta”.
 
Con las entrevistas las periodistas conformaron un mosaico de personalidades, entre ellas la escritora Elena Poniatowska; la empresaria teatral Fela Fábregas; la promotora gastronómica Chepina Peralta; la cardióloga Lilia Ávila; la actriz Silvia Pinal; la política Ifigenia Martínez; la coreógrafa Gloria Contreras, y la activista Concepción Calvillo.
 
Patricia Kelly lo resume así: “La idea del libro surge porque en mi caso no tenía un modelo para envejecer, uno que a mí me satisficiera, que tuviera que ver con mi historia, con mi vida, con mis sueños, con mis pasiones, con mis inquietudes. Comparto la idea (con Alicia) y del día que hicimos la primera junta de trabajo al día que cerramos pasaron dos largos años, de mayo de 2011 a junio de 2013”.
 
Alicia continúa: “Nos interesaba saber si ellas, ahora mujeres grandes, habían tenido modelos en su época. Unas decían que sí, otras contestaban que no, algunas decían que sus modelos eran lo que ellas no querían hacer y por eso cambiaron y se comportaron de otra manera. Se asumen como mujeres grandes, viejas, aunque la palabra asuste”.
 
DISCRIMINACIÓN, SOLEDAD Y MIEDOS
 
Cuando las mujeres dejan de ser jóvenes viven una etapa de complicaciones. “Además de estos estereotipos que son negativos o que son poco inspiradores hay otro asunto: la discriminación por edad. En muchos lugares a los 40 años ya no te dan trabajo, a los 60 los obligan a jubilarse, es una discriminación por tu edad”, dice Paty Kelly.
 
Y a pesar de esta discriminación el Estado implementa políticas que más allá de revertir esta situación son acciones aisladas. Por ejemplo, explican las autoras, a las personas de 60 años o más le hacen descuento en algunos lugares pero esto es una posición de caridad y no una política pública y de respeto.
 
A los estereotipos y la discriminación se suman los fantasmas de la soledad y la muerte, miedos que viven las mujeres de manera particular.
 
“Las viejas llevamos la peor parte del envejecimiento. Los ‘viejitos’ se mueren antes que nosotras. En promedio nosotras vivimos de tres a cinco años más. Nosotras nos morimos a los 80, ellos a los 73 o 75. Eso te habla de que ellos son cuidados por las mujeres y de que vamos a tener muchos años solas”, dice Paty.
 
“Es una soledad muy especial porque es la soledad después de muchos años de convivencia con una pareja que si fue una buena pareja te puede deprimir enormemente porque vas a sentir el dolor y la ausencia, pero por otro lado también es liberador porque muchas sienten que rejuvenecen”, agrega.
 
Pero advierten que si bien los miedos individuales son importantes, son más relevantes las consecuencias colectivas de las mujeres, por ejemplo en aquellas que tienen todas las consecuencias de la edad pero que carecen de proyectos, alternativas o la simple oportunidad de trabajar y recibir un buen salario.
 
LAS EXCEPCIONES: LAS MUJERES GRANDES
 
Aunque en general las mujeres enfrentan un mundo adverso durante la vejez, las autoras decidieron charlar con aquellas que, por diversas razones, viven una realidad más amable que la mayoría de las mexicanas.
 
“Éstas no, éstas están vivitas”, asevera Paty al referirse a las académicas, feministas o profesionistas que llegaron a la senectud radiantes y con largas trayectorias.
 
Si bien las entrevistadas son la excepción, Alicia advierte que no por ello dejan de ser ajenas a los episodios de discriminación. “También padecen los estereotipos. Por ejemplo Ana Ofelia Murguía dice que no hay papeles de calidad para las actrices, son las abuelitas, las amas de llaves, las señoras que hacen el aseo. No está reivindicado el papel de una actriz grande”, comenta.
 
No obstante estas mujeres viven una vejez exitosa porque desde jóvenes rompieron esquemas, la mayoría tuvo educación y estudiaron carreas atípicas para su época; por ejemplo entre ellas hay una médica cardióloga, otra especializada en medicina nuclear, una política y publirrelacionista, una economista y una concertista de piano, entre otras.
 
Son ellas las que se forjaron un camino exitoso comprendido como la coherencia con su proyecto de vida y con su manera de vivir y son ellas quienes ahora se pueden tomar ciertas libertades.
 
Es el caso de Fela Fábregas, quien puede viajar a otro país para ver nuevas obras de teatro, o la economista Guadalupe Rivera, quien se da el lujo de escribir una novela.
 
“Todas tienes planes y proyectos”, remarca Ibargüengoitia al explicar que hay más casos, como el de Elena Poniatowska, quien prepara un libro para cada uno de sus 14 nietos, mientras que la cardióloga Lilia Ávila planea otro sobre la enseñanza clínica y otro sobre el pregrado de cardiología, es decir, cada una tiene una forma de vivir con una serie de proyectos propios.
 
LAS JÓVENES Y LAS “VIEJAS”
 
Hay indicios de que no hay una buena comunicación entre mujeres jóvenes y adultas, por ello Alicia detalla que en esta ocasión también se sumergieron en las relaciones entre estas abuelas y su descendencia.
 
Ahí descubrieron que hay muchas que no están de acuerdo con la manera de vivir de las más jóvenes, pero que aún así hacen un ejercicio por respetar a las nuevas generaciones.  
 
Paty menciona que muchas de estas mujeres buscan vincularse con la juventud sin esperar que sus hijas, hijos o nietos sean sus cuidadores, porque su objetivo es que unos a otros se alimenten de ideas.
 
“La relación intergeneracional nos enriquece a todos: a los chavos para que no teman a la vejez y a nosotros para saber que lo que hemos vivido sirve a las nuevas generaciones”, agrega.   
 
Alicia y Paty, ambas con 60 años de edad, cuentan que las mujeres sin hijos también se relacionan con otras generaciones al ser formadoras de nuevos talentos, al dar clases o al escribir libros.
 
Esto significa que hay que reflexionar sobre el envejecimiento y las actividades que aún se pueden hacer, porque hay personas que hasta el último día de sus vidas siguen lúcidas y aportando conocimiento.  
 
Por último, las autoras destacan que hace apenas dos años la filósofa Carmen Torres Monroy (entrevistada a los 81 años), la compositora Ema Elena Valdelamar (con 87), y la concertista de piano María Teresa Rodríguez (de 89 años), dijeron haber llegado a la senectud satisfechas y seguras de que durante su vida alcanzaron grandes metas, sin embargo el destino las alcanzó y fallecieron tiempo después de participar en el libro.
 
Una invitación más para leer “Mujeres Grandes” es el prólogo de la escritora y socióloga Sara Sefchovich y la entrevista a manera de cierre a la antropóloga Marcela Lagarde, quien habla del legado de una vieja camada de académicas y activistas y sus aportes a la teoría de género, y quien además no pierde la oportunidad de ubicar a la vejez como un cautiverio más de las mujeres.
 
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