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¿Qué necesidad?

Por Cecilia Lavalle

Recuerdo bien dónde estaba y qué hacía el 2 de julio de 2000. Por la mañana de ese soleado día salí a votar llena de convicción y esperanzas. A lo largo del día no me despegué del televisor para seguir todos los detalles. Hacia la noche festejaba. ¡Claro que festejaba! Por fin habíamos logrado la alternancia en el poder presidencial. ¡Es un día histórico!, les dije a mis hijos que miraban perplejos mi emoción. Sí, lo recuerdo bien. Y, sin embargo, hoy no celebro.

No me arrepiento de haber votado por el señor Fox. Y que conste que me parece que su gobierno ha sido un desastre. Pero estaba convencida de que urgía terminar con 70 años de dictadura partidista, urgía darle oportunidad a la alternancia; aunque, como bien dijera entonces el escritor Carlos Fuentes, lo más seguro es que nos volviéramos a encontrar en la oposición en el 2006.

Sí, el triunfo de la oposición por primera vez en siete décadas pudiera ser digno de celebrar si el desencanto no fuera tan brutal, si el malestar por los yerros recientes no fuera tan molesto, si no oliera a proselitismo partidista, si… Y en este punto lo único que se me viene a la mente es una frase del cantautor Juan Gabriel: ¿Pero qué necesidad?, ¿para qué tanto problema?

Yo de verdad no entiendo por qué el presidente insiste en meterse en camisa de once varas. Insiste en crear polémica donde no es necesario ni preciso ni útil. Insiste en complicar el panorama. Porque, ¿qué otra cosa fue sino eso la idea de convocar a un mitin para festejar la democracia?

Para empezar alguien debió haberle dicho oportunamente que ese tipo de festejos organizados desde el poder apestan y casi siempre pierden toda legitimidad. Para cuando se lo dijeron señalaron que el organizador del festejo era el partido en el poder. El PAN tomó la estafeta sólo para acabar de regarla. Al empezar el escándalo por la fundada sospecha de que se trataba de un acto proselitista -dado que al día siguiente (3 de julio) se celebraban elecciones en el Estado de México y Nayarit- fundó su “estrategia” en la profunda convicción de que somos idiotas. Afirmó que sí lo organizaba pero que no era un acto partidista (¿?), y apenas hace unos días anunció que en realidad la organización corría a cargo de varias asociaciones civiles, la mayoría de las cuales son desconocidas y tienen nombres tan… (¿cómo decirlo de manera amable?) “originales” como Foxpopuli (¡¿?!) ¿Pero qué necesidad?, ¿para qué tanto problema?

Prestigiados analistas publicaron a lo largo de la semana reflexiones sobre lo erróneo de insistir en realizar esa marcha. Algunos señalaron que era una apuesta política incorrecta, riesgosa y costosa. Otros hicieron las cuentas de lo que en realidad nos habían dejado estos cinco años (no se pierdan el artículo titulado “Necios”, de Federico Reyes Heroles. Reforma, junio 28). Comentaristas y conductores de radio y televisión se la pasaron cuestionando la legitimidad y legalidad de la marcha. Varios medios publicaron que muchas de las supuestas organizaciones convocantes han recibido recursos federales. Los sondeos y las encuestas señalaron claramente el rechazo popular a la marcha. Las cúpulas empresariales también manifestaron su rechazo. Total, más claro, ni el agua. Y sin embargo, insistieron. ¿Pero qué necesidad?

El resultado fue una innecesaria humillación para el presidente y su partido. Tomando como parámetros las megamarchas recientes: una para protestar por la inseguridad, que reunió entre 300 y 500 mil personas, y otra contra el desafuero de Andrés Manuel López Obrador, que reunió entre 800 mil y un millón, lo que vimos el sábado fue una pena. Y falta conocer los resultados de las elecciones. Si como se espera gana el PRI, el revés será mayúsculo.

Ahora vendrán largos días de justificaciones, de cortinas de humo, de repetir su verdad aspirando a que se convierta en la verdad popular. Y mientras, los grandes problemas en un segundo plano. Y mientras, el ambiente político rumbo al 2006 se enrarece como madrugada en Londres. Y mientras, una aquí malgastando letras. ¿Pero, qué necesidad?

Felicitaciones.- La Asociación 1000 Mujeres para el Premio Nobel de la Paz, dio a conocer los nombres de entre quienes propondrá una terna para obtener el prestigiado reconocimiento. Entre esas mil hay 12 mexicanas: Sara Lovera (Comunicación e Información de la Mujer A.C./CIMAC), Teresa Ulloa (Defensoras Populares); Sandra Jiménez (No pertenece a ninguna agrupación); Rosario Ibarra de Piedra (Comité Eureka); Sylvia Aguilera (Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos); Marta Lamas (Grupo de Información en Reproducción Elegida/GIRE); Martha Lucía Micher (Centro de Derechos Humanos Hermanas Miralva-Milenio Feminista); Guadalupe Hernández Dimas (Coordinadora de UARHI); Nuria Costa Leonardo (Red Nacional de Mujeres Rurales A.C./Red Mexicana de Mujeres S.C); María Servitje Mariscal (Cruz Roja Mexicana); Patria Jiménez Flores (Closet de Sor Juana) y Macedonia Blas Flores (Fotzi Ñaño A.C). ¡Bravo!

05/CL/GM

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