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Reclaman mujeres pensión alimenticia a sus parejas migrantes

En abril de 2005 Vianney Zamjuapa Pérez viajaba junto con su esposo y su hijo, de apenas año y medio, rumbo a Chicago con el objetivo de  mejorar su situación económica; sin embargo después de tres intentos fallidos para llegar a Estados Unidos a través de la frontera en Ciudad Juárez, fue deportada a México.
 
Sin otra alternativa regresó con su pequeño Jonathan Cielo Zamjuapa a vivir a la casa de sus padres, en San Cosme Atlamaxac, municipio de Tepeyanco, al sur del estado de Tlaxcala.
 
Su esposo, Gilberto Cielo Flores, cruzó por el Río Bravo y logró internarse a EU, prometiéndole que le enviaría dinero suficiente para la manutención de ambos.
 
Sin embargo Gilberto incumplió su promesa, pues durante 2006 y 2007 Vianney sólo recibió cada semana mil o mil 500 pesos para ella y su hijo; en tanto que para sus suegros llegaban depósitos de hasta 10 mil pesos que debía entregarles porque estaban remodelando su casa en Cholula, Puebla.
 
De 2008 a 2013, Vianney dejó de recibir dinero y además perdió comunicación con su esposo. “En estos cinco años si acaso me depositó unas ocho veces, no me hablaba por teléfono, cambió su número celular y yo intentaba conseguirlo con sus hermanos, pero ellos siempre me decían que tampoco lo tenían, por lo que a mí me parecía todo muy raro”, recuerda con tristeza.
 
De acuerdo con datos del Centro de Estudios Migratorios (CEM) del Instituto Nacional de Migración (INM) –con base en información registrada en los puntos oficiales de repatriación–, se señala que durante 2012 se repatriaron a México 2 mil 342 personas de origen tlaxcalteca, de las cuales 284 eran mujeres.
 
Asimismo hasta el primer cuatrimestre de 2013, 83 tlaxcaltecas fueron repatriadas; 15 en enero, 17 en febrero, 28 en marzo y 23 en abril.
 
LA ÚNICA OPCIÓN
 
Desesperada porque no tenía cómo solventar sus gastos, Vianney pidió apoyo a sus padres –quienes son comerciantes–, para que le consiguieran un espacio en los tianguis donde trabajan.
 
“Ya voy a cumplir seis años vendiendo carteras, bisutería y cosméticos todos los domingos en el tianguis de Los Lavaderos, en la ciudad de Puebla, y los lunes en el mercado ambulante de San Cosme Mazatecochco, al sur de Tlaxcala; así he logrado mantener a mi hijo”, subraya.
 
Añade que sus padres le dieron una accesoria en su casa y ahí vende ropa y regalos de martes a sábado, y sus ventas son en promedio de mil 500 pesos a la semana.
 
Explica que si bien sus ingresos no son tan altos, no busca un empleo formal porque a sus 33 años de edad es difícil que la contraten; sólo tiene estudios de secundaria y eso es una limitante, además trabajar bajo un horario le significaría no atender a su hijo.
 
Detalla que en los tianguis vende en ocasiones hasta 2 mil 500 pesos durante los dos días, pero la mitad es para sus gastos y el resto para adquirir mercancía. Lo que vende en la tienda lo destina también al puesto ambulante.
 
LA SEPARACIÓN
 
Vianney relata que en marzo pasado Gilberto la llamó para decirle que no lo esperara más y que no lo buscara, ya que él tenía a otra pareja desde hace cinco años y con la que ya tenía una niña. “Te doy un número de celular, pero sólo llama cuando sea algo verdaderamente urgente, de importancia y relacionado con Jonathan”, le dijo por teléfono.
 
“Ya no me dolió, pero sí me sorprendió confirmar mis sospechas; sentí coraje porque su familia ya lo sabía e incluso dicen que también tiene a un hijo de 11 años, pues él ya había vivido en EU y cuando íbamos juntos era la segunda ocasión que iba para allá, y a la mamá de sus hijos la conoció desde que estuvo por primera vez en Chicago”, explica Vianney.
 
Agrega que ella le pidió que hablara con sus padres y con Jonathan, pero Gilberto nunca lo hizo. Ahora la mujer pretende estudiar la preparatoria abierta, actualizar sus conocimientos de estilista y abrir una estética, pues eso estudió al concluir la secundaria.
 
SIN APOYOS
 
Para la presidenta de la asociación civil Colectivo Mujer y Utopía (CMU), Rosario Adriana Mendieta Herrera, “no hay condiciones para atender a las mujeres mexicanas en su lugar de destino, y mucho menos ayuda para las mujeres y sus hijos que se quedan sin el apoyo del padre que emigra, quien suele dejar a la esposa con la deuda del dinero que requirió para cruzar la frontera”.
 
Lamenta lo complicado que es para las mujeres –a pesar de que intervenga la Secretaría de Relaciones Exteriores– demandar desde México una pensión de sus parejas que están en EU.
 
Cuando se logra la pensión alimenticia después de varios años, se corre el riesgo de que el esposo sea deportado por carecer de documentos de estancia legal, y al regresar sin empleo a México justifica que ya no puede aportar la pensión, “entonces de nada sirvió tanto trámite”, dice la defensora de Derechos Humanos.
 
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