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Reconocen fortaleza de las sobrevivientes del genocidio en Ruanda

Por Lourdes Godínez Leal

A 14 años de una de las matanzas más crueles que ha habido en las últimas décadas en Ruanda, el genocidio en este país africano sigue cobrando vidas, en su mayoría de mujeres, pues luego de haber sido violadas durante los 3 meses que duró el conflicto, ahora están muriendo de VIH/SIDA.

Sin embargo, muchas otras intentan sobrevivir entre la reconciliación consigo mismas y la reconstrucción social de su país, luego del genocidio ocurrido hace 14 años, que cobró la vida de casi un millón de personas y que fue recordado ayer, 7 de abril, como un duro golpe al sistema universal de derechos humanos, según lo calificó Amerigo Incalcaterra, representante en México de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU.

Hoy se continúa buscando responsables y culpando al gobierno ruandés por su omisión para prevenir un hecho, que se había anunciado, refirió el funcionario de las Naciones Unidas.

En un documental titulado Dios duerme en Ruanda (God sleeps in Rwanda), que narra los testimonios de 5 mujeres sobrevivientes al genocidio, presentado ayer en el marco de la jornada de reflexión y del segundo festival de cine africano Africala, se muestra la imagen de un país pobre, donde se buscó exterminar a las mujeres por ser ellas quienes dan vida, evitando así, la reproducción de las etnias.

Si bien esta matanza, calificada por el Tribunal Penal Internacional en junio de 1994 como genocidio, cobró la vida de mujeres, hombres, niñas y niños, también fue la oportunidad para que las mujeres, quienes ahora conforman el 70 por ciento de la población ruandesa, asuman roles y participen en la toma de decisiones, lo que antes del genocidio les era negado.

Como parte de estas transformaciones, las ruandesas ahora pueden ocupar cargos en la administración pública y en el gobierno. Actualmente, el gabinete ruandés está conformado por 15 ministros, de los cuales casi el 50 por ciento son mujeres.

Además, se hicieron cambios constitucionales que les permiten ser propietarias de la tierra y heredar propiedades. Los cuerpos policíacos permiten ahora el ingreso de mujeres y son ellas quienes están al frente de las decisiones de sus comunidades.

EL VIH/SIDA

Durante el exterminio de la etnia tutsi, que inició en abril y culminó en junio de 1994, entre 100 mil y 200 mil mujeres fueron violadas por los hutus, etnia que llevó a cabo la matanza, muchas de ellas fueron infectadas con el virus del VIH/SIDA de manera intencional y algunas más, sin saberse portadoras de la enfermedad, la han transmitido a sus bebés.

Sin embargo, pese al conocimiento del Gobierno de estos hechos, las mujeres mueren en sus casas, la gran mayoría sin acceso a tratamientos, ya que éste resulta muy costoso en un país donde el ingreso per cápita es de 250 dólares mensuales y el costo de los antirretrovirales supera los 40 mil francos ruandeses (72 dólares).

UNA ESPERANZA

Como resultado de las violaciones, algunas mujeres quedaron embarazadas. Una de ellas, que presenció cómo mataban a sus siete hijos y esposo, fue violada reiteradamente hasta que se “cansaron de ella”, meses después se dio cuenta que estaba embarazada.

Aunque en un principio, relata, ella no quería continuar con el embarazo ante el rencor de la violación, la comunidad la convenció de no hacerlo, llevando a término su maternidad y convirtiéndose su hija en su única compañía y, ahora lo acepta, en su única esperanza.

Como ella, el resto de las mujeres que han sobrevivido a la masacre quedaron al frente de sus hogares, las que pudieron salvarse y las que no, empezando de nuevo, como ellas mismas dicen, ahora formando parte de la comunidad.

Magdy Martínez Solimán, coordinador residente de las Naciones Unidas en México, pidió al término de la presentación del documental estar alertas, fortalecer el ejercicio de la democracia, la ciudadanía y los derechos humanos y evitar a toda costa las desigualdades sociales, para evitar la no repetición de este tipo de hechos.

Y destacó el papel de las mujeres en los procesos de negociaciones de paz, ya que lo que se trata de evitar es sentar a las mesas de negociación a quienes iniciaron y participaron en los conflictos.

Actualmente en Ruanda existe un programa de Naciones Unidas para la repatriación de refugiados, en su mayoría tutsis, que iniciaron el desplazamiento a otros países africanos desde 1960, pero que se acentuó más en 1994 con el exterminio masivo de esta etnia que provocó, según cifras de la ONU, que alrededor de un millón de ellos huyeran de Ruanda.

08/LGL/GG

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