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Reiteran Teresa y Alberta pruebas de su inocencia

Por Paulina Rivas Ayala, enviada

Tras las rejas del Juzgado Cuarto de Distrito en Querétaro, Jazmín, la hija de Teresa González, juega con su mamila, y le dibuja una leve sonrisa a su tía, Alberta Alcántara que, al igual que su madre, mujeres indígenas hablantes de otomí, permanecen desde hace 3 años en el Centro de Readaptación Social (Cereso) de San José el Alto, acusadas de un delito que no cometieron.

Afuera llueve, pero ellas sólo pueden ver el color blanco de la pared del juzgado y advierten la presencia de algunas personas desconocidas que han ido a la “audiencia de vista” realizada esta mañana. Están presentes su abogado defensor, Leonides Ortiz Castillo y el agente del Ministerio Público, Omar Aguilar Hernández, representante de la Procuraduría General de la República (PGR).

Hoy, Teresa y Alberta vieron por primera vez al juez Rodolfo Pedraza Longi, quien el 9 de agosto de 2006, las sentenció a 21 años de prisión, y al pago de 91 mil pesos de multa, por el “presunto secuestro” de seis elementos de la desaparecida Agencia Federal de Investigación (AFI) durante un operativo realizado el 26 de marzo de 2006, en el tianguis de Santiago Mexquititlan, en Quéretaro.

Aquel día, los elementos de la AFI llegaron al poblado en busca de una mujer apodada la güera, que “supuestamente” vendía droga y productos “pirata”. La acción respondía a una llamada anónima hecha al Ministerio Público de la Subdelegación de Procedimientos Penales de San Juan del Río, Querétaro.

Al momento del operativo en el tianguis, ambas se encontraban en el puesto de Gabriel, hermano de Alberta y esposo de Teresa, y exigieron la identificación de quienes pensaron que eran unos ladrones.

Tres meses después fueron detenidas arbitrariamente, conjuntamente con Jacinta Francisco Marcial, otra mujer indígena otomí, acusadas de secuestro en contra de los agentes y con un cargo extra para Alberta Alcántara, quien fue señalada como la “güera”, a pesar de que ella es morena.

Jacinta obtuvo su libertad la madrugada del 15 de septiembre de 2009 luego de que la PGR decidió presentar conclusiones no acusatorias contra ella. No así para Alberta y Teresa.

En el reloj son las 10:30 y el juez Pedraza Longi da por iniciada la audiencia. Concede la palabra a Omar Aguilar Hernández, Alberta y Teresa escuchan atentas, ansiosas por aclarar la situación y recuperar su libertad.

LA AUDIENCIA DE VISTA

Con la vista hacia las rejas el representante de la PGR fue sintético: “solicito que se dicte sentencia condenatoria a las acusadas Alberta Alcántara Juan alias “la güera” y Teresa González Cornelio por el delito que se les acusa, toda vez que se acredita su plena responsabilidad en el expediente” de la causa penal 48/06.

Pedraza Longi ordenó a la secretaria de acuerdos que leyera frente a las acusadas, las conclusiones acusatorias presentadas por la PGR precisamente el pasado 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las mujeres.

Según las conclusiones acusatorias de la PGR de 2009, esa instancia pidió una sentencia de más de 40 años para Alberta y Teresa, luego de que el Juez cuarto de Distrito, Rodolfo Pedraza Longi, ya les había impuesto en 2006 una sentencia de 21 años de cárcel y una multa de 91 mil pesos.

La secretaria de acuerdos se acercó a las rejas con un grueso apilado de hojas y comenzó la lectura, los rostros de Teresa y Alberta estuvieron serios mientras escuchaban el ir y venir de artículos e incisos Constitucionales en los que según la PGR sustentan su culpabilidad.

Al término de la lectura, el juez otorgó la palabra al abogado Leonides Ortíz quien exhortó al juez a que estudie el expediente a fondo y lo invitó a desestimar los argumentos de la PGR que acusan falsamente a Alberta y Teresa y solicitan una condena de 40 años de prisión para ellas por un delito que no cometieron.

Unos minutos después Alberta tiene la palabra. Con la voz cargada de impotencia, urgió a que se revisen las pruebas que presentó el abogado “para que me den absolución”.

La voz del juez se dirigió a Teresa para preguntar si estaba de acuerdo con las exposiciones de su defensor, ella sólo emitió un tímido “sí” al tiempo que cargaba a su hija con un movimiento parecido a un arrullo.

Después de una hora y media, la audiencia terminó y a pregunta expresa el juez no quiso dar ninguna declaración, se excusó diciendo que tenía prisa y “lo único que puedo decir es que (el caso) ya está para dictar sentencia” para lo que el Código Federal de Procedimientos Penales otorga 30 días hábiles.

Alberta y Teresa se muestran desesperadas y lo expresan abiertamente en un español claro, que han tenido que aprender dentro de la cárcel porque no las dejan hablar su lengua materna, el otomí.

No han visto a sus padres desde hace unos meses porque “no han tenido dinero para venir a vernos” explica Teresa que, ya en confianza, es menos tímida de lo que parece y explica con una sonrisa que espera ver a su mamá antes del 14 de febrero, día del cumpleaños de su hija.

Una de las secretarias se acerca a las rejas e interrumpe la plática porque en cualquier momento la custodia las llevará de vuelta al Cereso.

Por las ventanas se ve el día gris y no ha parado de llover, la despedida es un apretón de manos por un orificio inferior de las rejas. Detrás se percibe la impotencia, y la esperanza de que esta vez el juez dicte un resultado justo que les devuelva la vida y le muestre la luz a Jazmin, la hija de Teresa, quien nació en prisión.

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