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Ruta pacífica en Colombia

Por Fabiola Calvo

Las mujeres en Colombia suman esfuerzos para frenar un viejo conflicto armado, que no se resuelve ni por la vía militar ni por la política.

No basta decir que la población civil cae en medio de los fuegos cruzados porque también los uniformados hacen parte de una sociedad que poco a poco se aniquila, se desgasta, desaparece, muere.

Son estudiantes, campesinos, trabajadores u hombres y mujeres sin trabajo quienes llegan a las filas de unos frentes armados de izquierda y de derecha.

El laberinto colombiano hubiese tenido solución años atrás pero la cerrazón de los partidos Liberal y Conservador y de un ejército instruido en los valores de la guerra fría, no admitieron más camino que el de las balas.

La consolidación del narcotráfico, el surgimiento de los paramilitares, la impunidad, la falta de propuestas políticas de la guerrilla que no abandonó las armas, y la ausencia de un movimiento político amplio y fuerte, llegaron a convertir el deseo de un país de 40 millones de habitantes, en desesperanza.

Miles de mujeres y hombres han muerto no sólo por la violencia política sino por la descomposición de la sociedad, por la delincuencia, la violencia callejera y la carencia de un gobierno que represente los intereses populares, que defienda la soberanía en todo el rigor de la palabra y por ende los recursos naturales.

Pero Colombia no se rinde; ese país de indios, negros, mestizos y mulatos se levanta con la voz de las mujeres de la Ruta Pacífica para decir no a la injusticia y plantar cara para luchar contra la guerra.

Las mujeres de la Ruta Pacífica marcharon hacia el sur del país, caminaron, con paso firme en medio de la zona de guerrilla y paramilitares para entonar un canto por la vida. Ellas con su espíritu de dadoras de vida, madres, hermanas, esposas, hijas o ciudadanas dijeron ante Colombia y para el mundo que su no a la guerra y la violencia públicas y privadas es rotundo.

Las mujeres que luchan contra la violencia en Colombia, denuncian los efectos del negocio nacional e internacional de la droga, “la política antinarcóticos y de fumigaciones y la disputa territorial entre los diferentes actores armados que deja a las mujeres y a las comunidades sin opciones, en medio de la guerra y sin posibilidades de poder construir una región y una vida digna”, refiriéndose a la región sur del Putumayo.

Las Mujeres de la Ruta Pacífica no admiten que se esté juzgando a 170 mujeres campesinas e indígenas mientras los capos nacionales e internacionales del narcotráfico están libres.

No admiten el Plan Colombia financiado por Estados Unidos por sus efectos devastadores.

Ellas, las Mujeres de la Ruta Pacífica, luchan como dijeron en su marcha al Putumayo, “en resistencia no violenta, tejiendo nuestra solidaridad, la memoria, la verdad, la justicia, la reparación y la esperanza de construir un país libre de violencias”.

03/FC/GMT

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