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Seguridad pública

Por Marta Guerrero González

Con buena voluntad y un activismo elogiable, la sociedad civil busca espacios de encuentro con las autoridades encargadas de la seguridad de los ciudadanos. Así ocurrió la otra tarde, cuando María Teresa Arango convocó a Joel Ortega y a su equipo a platicarnos de los avances en esa materia.

La Secretaría de Seguridad ha abierto una página en Internet, www.ssp.gob.mx, donde se pueden ver desde los delitos cometidos con violencia hasta los hurtos a establecimientos, los llamados robos hormiga. En la página vemos a los delincuentes ya detenidos, por si es posible reconocer a algunos participantes en otros delitos, pero también los retratos hablados y los nombres de los miembros de bandas organizadas y sus perfiles.

La apuesta es poner bajo cámaras de video a la ciudad, no sólo en las colonias de ricos, sino también en las zonas donde se comenten más delitos; pero sólo treinta cámaras tendrían un costo de 18 millones de pesos. La tirada es que todo el mundo participe denunciando, donando recursos y consultando la página.

El asunto de fondo son los policías, quienes obtienen por su trabajo algo más de cinco mil pesos mensuales y, desde luego, eso los coloca en una situación muy precaria frente a la posibilidad de corromperse. Se proponían mecanismos para otorgar créditos de forma que los policías tengan casa propia, pero no hay terrenos, como en otros estados del país; además, el policía debería tener un mayor ingreso si va destinar una parte a cubrir el crédito.

Alguien propuso crear un comodato para proteger la propiedad de los malos policías, pero eso, a mi juicio, propiciaría la corrupción; además, el individuo que no paga por su vivienda no la aprecia ni la cuida, ni le interesa no perderla por un mal desempeño o por posible corrupción. Creo que la vivienda y otras ofertas deben ser manejadas como incentivos al desempeño honorable, eficiente y valeroso.

Destacaba el secretario de Seguridad que prefiere a los nuevos elementos por su juventud y libertad; son hombres y mujeres que todavía no tienen compromisos de familia, jóvenes de 22 a 25 años. Sin embargo, la juventud no es un escudo contra las tentaciones; lo son la capacitación y la formación en la academia.

La autoridad se queja de la poca credibilidad que les otorgamos cuando nos dicen que los delitos han disminuido, y nos pide que nos informemos mejor. El problema no es lo que creamos o dejemos de creer; es la seguridad personal y la del patrimonio de los capitalinos.

No creo que una estadística conforte a la víctima de un secuestro, de un asalto, del robo de su auto, ni da consuelo al familiar al que le han asesinado a un ser querido.

Hay tanto por hacer y tan pocos recursos que ha llegado el punto en que la prioridad de cualquiera que acceda al gobierno debe ser detener el crimen y garantizar mejores mecanismos de prevención del delito. Esto debe ser una política de Estado.

*Periodista mexicana

05/MG/YT

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