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Seguro Popular en Tamaulipas, “un engaño para muchos”

Por Benny Cruz Zapata/corresponsal

Apenas hace dos días, cuando en la ciudad se escuchaban los sonidos del festejo por el nuevo año, cuando en casi todos los hogares tamaulipecos había abrazos y brindis, en los hospitales de la entidad se vivió lo que en realidad significa el aplaudido y publicitado Seguro Popular, considerado por los gobiernos panistas como uno de los mayores actos de justicia social.

Fluyen los testimonios de madres, hermanas y tías, que lamentan y ruegan por una mejor atención clínica para sus niñas y niños enfermos, porque permitan su admisión al hospital, pues así lo prometieron cuando pagaron con esfuerzos el Seguro Popular.

Les dijeron de sus bondades y con esperanza lo adquirieron, pero ahora les regatean servicios y medicamentos. Por humanidad, doctores, enfermeras y ciudadanos comunes les dan el apoyo que el programa les niega, pues la enfermedad de sus hijos a dejado seco el presupuesto familiar y tienen que recurrir a la caridad para poder surtir las recetas.

De mano en mano se reparten los “beneficiaros” del Seguro Popular los pañales, que manos solidarias les hacen llegar.

Todo esto sucede en los interminables pasillos, que los familiares de los enfermos recorren una y otra vez, y que parecen interminables, por más oraciones o reflexiones que se hagan. Pasillos donde la angustia y la esperanza conviven bajo la luz intensa y blanca de los reflectores.

El más alto contraste se da en estas fechas, cuando la alegría de “afuera” nada tiene que ver con la minada salud de la infancia, quien por hoy no sabe de festejos.

UN SEGURO POPULAR QUE NO VALE

Tengo la angustia clavada en el alma, dice María Dolores Torres, del Ejido Santana de Naola, de Tula, Tamaulipas. Mi hijita tiene 13 días de nacida y la trajimos aquí, al Hospital Infantil porque nació malita. Tuvieron que operarla de una hernia y tiene el pie chuequito. En cuanto nació la trajeron en una ambulancia. Mi esposo vino con ella y yo, en cuanto pude levantarme, ve vine detrás de ellos.

Ni ella ni su esposo saben leer ni escribir. “Somos pobres entre los pobres”, dice. Él trabaja en el jornal y yo le ayudo tallando lechuguilla, ¿pero qué puede hacer uno con siete pesos que nos pagan por kilo?

“No nos vale el Seguro Popular”, dice con angustia. “Lo compramos con mucho sacrificio, lo pagamos a tiempo pero no nos ha servido… Sólo Dios y las almas caritativas saben cómo nos la pasamos, de plano cuando me piden pañales tengo que pedirle a la gente, con vergüenza y todo, pero no nos queda de otra”.

“Aquí me quedo toda la noche, dice, no me puedo mover de aquí, porque no conozco a nadie y porque los doctores nos han dicho que debemos estar pendientes”.

Comen lo que los voluntarios llevan a los familiares de los pacientes.

A Dolores y a su esposo Martiniano les preocupa no sólo la salud de su pequeña, también la deuda que han adquirido con el hospital. “Debemos 20 mil pesos, que ni tallando lechuguilla toda la vida, podríamos cubrir”.

Ruegan a las autoridades del Hospital les hagan valido el Seguro Popular, mientras desde su pequeña cama 300, la niña lucha por su vida.

“UN ENGAÑO PARA MUCHOS”

Alma Patricia Montantes López tiene 13 años de edad y ya sabe lo que es querer volverse loca por la magnitud de los dolores de cabeza que desde hace 15 días la mantienen en una cama del Hospital Infantil.

Ella sufre las consecuencias de un diagnóstico y tratamiento erróneos que le hicieron en el Centro Médico de Padilla. Una infección de oídos ha puesto en peligro no sólo su salud, si no su vida misma.

Hoy recibe tratamiento gracias a la solidaridad de sus tíos: “Para nosotros no hubo fiesta de navidad. Por si fuera poca la pena de ver a la niña querer volverse loca del dolor, estamos sufriendo el burocratismo del Seguro Popular. No lo han hecho válido ni en medicina ni en servicios, hemos tenido que cooperarnos entre todos para pagar los estudios y surtir las recetas. Le acabamos de hacer un estudio que nos costo cuatro mil pesos y surtir cada receta nos cuesta más de 600 pesos, relata Rosalinda Montantes López, tía de Alma Patricia.

“Puedo decir con conocimiento de causa que el Seguro Popular es un engaño para muchos, acusa, porque en el caso de nosotros siempre pensamos que con él teníamos medicinas, doctores y hospitales, pero la realidad es otra”.

“Mi sobrina tiene otitis aguda, enfermedad que entra en el Seguro Popular, pero sólo si se atiende en casa. Y como su situación es delicada, ya no nos cubre nada, por eso andamos batallando. Ni queremos pensar en la cuenta de Hospital que tenemos. Ojalá que las autoridades se tienten el corazón y sobre todo lo que pedimos es que la salud regrese a la niña”.

ERRORES Y BUROCRACIA

Gabriela Flores Ramírez nació a los ocho meses una semana de gestación, en el Hospital Civil. Por su condición prematura, fue al Hospital Infantil, en donde la jefa de Pediatría, Nora Velázquez, alteró su expediente, asentando que el nacimiento había sido normal.

No hubo poder humano ni súplica familiar que llevaran a la especialista a ratificar su error. A mi nadie me da órdenes, ni me dice qué hacer, les dijo a los familiares.

Y, como resultado de ese cambio, empezó para la familia un penoso peregrinar por los pasillos de la burocracia hospitalaria: Llevan ya 17 días “con el Jesús en la boca”. Pasaron Navidad y Año Nuevo junto a la pequeña. Y el tratamiento “va para largo, pues aún no llega a los nueve meses de gestación por lo que tiene que tener cuidados especiales y requiere medicina”.

“Como la doctora se equivocó y no quieren aceptar los papeles de nacimiento, comenta la señora María Teresa Hernández, abuelita de la menor, tenemos que surtir nosotros todo el medicamento que la niña requiere. Nos habían dicho que, por estar en el Seguro Popular, ella tiene derecho al servicio y lo que falta. Y por ser prematura, el Hospital Infantil debe cubrir lo que llaman Gastos catastróficos, pero no nos ha valido nada”.

“Dios toque el corazón de esa doctora, porque su error nos esta costando caro y además nos tiene en la angustia de que día que pasa tenemos que pagar la hospitalización de mi nieta”.

07/BCZ/GG

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