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Sida: Mujeres bajo presión

Por Mariana Ramírez-Corría

Mientras en Cuba más del 80 por ciento de las personas seropositivas siguen siendo hombres -en su mayoría hombres que tienen sexo con otros hombres- la tendencia mundial apunta a una creciente feminización de la pandemia.

¿Están realmente las mujeres del mundo, las adolescentes casadas por decisión paterna o las prostitutas en condición de negociar con su pareja estable u ocasional el uso del condón? se han preguntado especialistas y organismos internacionales durante este año.

“¿Puede una mujer concebir la posibilidad de dejar de depender de la fidelidad mutua, cuando ha sido socializada en el principio de que el hombre es la autoridad suprema?, cuestionó Madhu Bala Nath, asesora del Programa Conjunto de las Naciones Unidas para la lucha contra el Sida (ONUSIDA), según reporta el Servicio Especial de la Mujer.

Es más, “¿podría sugerir el sexo seguro a su pareja cuando la mención del condón implica la posibilidad de la infidelidad?”, añadió la especialista.

Un informe de ONUSIDA sobre la situación de la epidemia en el año 2005 asegura que más de 25 millones de personas han muerto por esta causa desde que el virus fue identificado por primera vez en 1981.

Se estima que 40.3 millones de personas viven con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) en el mundo y que cerca de 5 millones contrajeron el virus en el actual año. La proporción de mujeres afectadas por la epidemia creció hasta 17.5 millones, un millón más que en 2003. Trece millones y medio de esas mujeres vivían en África subsahariana. El impacto cada vez mayor sobre las mujeres también resulta evidente en Asia meridional y sudoriental, donde casi dos millones son portadoras del VIH.

“La creciente feminización de la epidemia es un reflejo de las desigualdades culturales, sociales, económicas y jurídicas que exponen a las mujeres y las niñas a un mayor riesgo de infección. Además, la discriminación de género dificulta el acceso de las mujeres a métodos de prevención y tratamiento”, asegura información preparada por Isis Internacional.

“Hay gran unanimidad entre especialistas, activistas y personas expertas en el tema en que el poder y el control de los hombres sobre las mujeres limita la habilidad de estas últimas de negociar el sexo seguro y consensuado”, comenta el texto.

Un estudio reciente efectuado en Lima, Perú, comprobó que casi el 90 por ciento de las mujeres embarazadas seropositivas habían tenido tan sólo una o dos parejas sexuales a lo largo de su vida. Así, el riesgo de infección por el VIH de esas mujeres dependía casi exclusivamente del comportamiento sexual de sus parejas masculinas; las mujeres jóvenes eran las más vulnerables.

La situación se aprecia muy bien en el Caribe. El 30 por ciento de las personas infectadas eran mujeres en 1999; la proporción se disparó hasta 49 por ciento en 2005. Del total de seropositivas caribeñas, 62 por ciento se encontraban entre los 15 y los 24 años.

En América Latina y el Caribe las evidencias más recientes muestran que en algunos países, especialmente en el Caribe, las mujeres jóvenes tienen 1.6 más probabilidades de quedar infectadas con el VIH que los varones jóvenes, porque no están en posición de negociar relaciones protegidas, son biológicamente más vulnerables y conocen menos que los hombres cómo se transmite el virus, a menudo porque no tienen acceso a esta información.

Incluso cuando las mujeres y las niñas saben cómo protegerse de la infección, no pueden usar esa información debido al “machismo”, a la discriminación sexual y a la violencia, afirma la Organización de Naciones Unidas (ONU), misma que explica que la coerción y el abuso sexual son factores importantes que contribuyen a la creciente proporción de mujeres infectadas en la región.

DIMENSIONES CRUZADAS

La violencia contra las mujeres y el SIDA tienen varios puntos de intersección, tales como el abuso sexual contra mujeres y niñas durante conflictos armados, la violencia contra las trabajadoras sexuales, el tráfico y explotación sexual de mujeres y niñas, su inserción en la industria pornográfica, así como la violencia perpetrada por la pareja de la mujer dentro de su casa.

Un estudio sobre los perfiles de violencia doméstica en América Latina demostró una estrecha asociación entre infecciones de transmisión sexual (ITS) y violencia intrafamiliar. El vínculo entre la violencia de la pareja y el VIH/Sida se explica tanto por factores biológicos como socioeconómicos y culturales:

• La inequidad de género que afecta la capacidad de la mujer de realizar y proteger sus derechos humanos, sexuales y reproductivos.

• Transmisión directa a través de la violencia sexual: las relaciones forzadas o coercitivas con una pareja infectada es una de las vías de transmisión a las mujeres tanto de VIH como de otras ITS.

• Transmisión indirecta a través de conductas sexuales riesgosas: existe evidencia de que la relación entre violencia contra las mujeres y niñas y la infección por VIH puede ser indirectamente mediada por conductas riesgosas asumidas por las personas sobrevivientes a la violencia.

• Transmisión indirecta por incapacidad de negociar el uso del condón: algunas investigaciones sugieren que la violencia limita aún más la habilidad de las mujeres de negociar el uso del condón.

• Riesgos de las adolescentes en relaciones forzadas y con hombres mayores: un estudio encontró que las mujeres nicaragüenses que fueron severamente abusadas en su infancia y adolescencia tuvieron una iniciación sexual temprana y reportaron un número más alto de parejas sexuales que aquellas que no habían experimentado abuso sexual o lo sufrieron de manera menos intensa.

• Violencia como consecuencia de ser seropositiva: la violencia o el miedo a ella se ha convertido en barreras para que las mujeres accedan a los servicios de salud, al apoyo psicológico, al tratamiento con antirretrovirales y a la prevención de la infección madre-hijo.

05/MR/YT

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