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Sima Samar

Por Erika Cervantes

En algunos puntos de globo terráqueo ser mujer es un riesgo latente, ya que no tendrá derecho a alimentación ni educación y se encontrara presa por la cultura que le niega el derecho a ser, esto fue lo que enfrentaron las mujeres afganas durante el gobierno de los talibanes, pero aun en el exilio la voz de las afganas de hizo escuchar en la denuncia de Sima Samar.

Sima Samar nace en 1961 en Razni, Afganistán. Desde pequeña, en su familia, compuesta por su padre, 12 hermanos y dos esposas, sintió la discriminación que sufre la mujer en su país.

También desde pequeña, Sima decide que no iba a ocultar sus dotes. Fue la primera en la escuela, y ganó una beca para estudiar medicina. Su padre se opuso, pues era una mujer soltera.

Sima se casó con un hombre educado e ilustrado, quien le permitió estudiar en la Universidad de Kabul.

En la revuelta prosoviética, su marido fue arrestado y muerto. Sima tenía un hijo de pocos meses.

Obtuvo su licenciatura en Medicina en 1984. Abandonó Afganistán tras la invasión rusa y trabajó como médica en un campo de refugiados en Pakistán; en 1987 abre un hospital en este campo.

Allí cobra conciencia de que la falta de educación hacía la vida de las mujeres aún más intolerable. E inicia su lucha contra el analfabetismo femenino.

A sus 46 años, libra una verdadera batalla por elevar las condiciones de la mujer. La Dra. Samar no acepta que las mujeres deban mantenerse en purdah (excluidas del público) y ni usar el burqa.

La Dra. Samar trabaja hoy en un campo de refugiados en Pakistán. La pobreza de los habitantes de Quetta, unida a una cultura contraria a la mujer, hace su trabajo más difícil.

Dirige 50 escuelas en Afganistán, a través de las cuales se educan unas 20 mil mujeres y niñas, y otra escuelas para niñas refugiadas en Quetta, donde atiende a más de mil. Los programas de educación van acompañados por distribución de comida e información sobre higiene y planeación familiar. Muchas de sus escuelas son clandestinas, el régimen Talibán no las aprobaba. Sima lo sabía y no es secreto que estaba amenazada de muerte. Ella, junto a los 900 colaboradores de la organización, arriesgó su vida diariamente para mejorar la situación de la mujer en los países gobernados por movimientos musulmanes fundamentalistas.

Junto con las escuelas, dirige clínicas médicas en Quetta y Kabul. Entrena a las esposas de los refugiados como enfermeras y maestras. Salva vidas de mujeres que, sin su ayuda, morirían por enfermedad o a manos de un gobierno que no reconoce sus derechos. Bajo el régimen Talibán, las mujeres sólo podían ser atendidas por mujeres.

Aunque Sima no puede cambiar las leyes, es parte de un grupo que espera hacerlo “Mujeres viviendo bajo el régimen musulmán”, tiene contactos en 40 países y va ganando voz en la ONU.

Preside una organización “Shuhada” (Mártires) donde acusa los maltratos y excesos. “No se olviden de las mujeres”, dice, “Aún las incultas son más educadas que cualquier talibán”. Llama a tomar conciencia sobre la realidad de la mujer, pero de una forma activa.

Dr. Sima Samar ha sido premiada con el premio John Humphrey Freedom Award 2001 por sus esfuerzos para fortalecer los derechos humanos de mujeres y niñas en Afganistán y en los campos de refugiados de la frontera norte de Pakistán.

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