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Sin estrategia de evacuación y ayuda en Oaxaca, por derrumbe

Por la Redacción

Las acciones de búsqueda en este municipio mixe, en Oaxaca, durante las últimas horas, permitieron rescatar 5 de los 11 cuerpos de personas, reportadas como desaparecidas la madrugada del martes, a consecuencia del desgajamiento de un cerro que sepultó al menos tres casas.

Alrededor de las 7:00 de la noche se encontraron los cuerpos de los hermanos Diana, Jacqueline y Félix Hernández. Después fue localizado el cuerpo de su madre, Carolina González –quien al parecer estaba embarazada.

El esposo de Carolina, el señor Eduardo Hernández, fungía como regidor de Salud de este municipio, localizado a unos 200 kilómetros de la ciudad de Oaxaca, y en la víspera del derrumbe, estuvo alertando a la población para que desalojaran sus viviendas, ya existía el temor del derrumbe debido a las lluvias constantes y los cerros agrietados.

Además de los tres menores de edad y la mujer de 45 años, se localizó un quinto cuerpo identificado como el de Herculano Hernández Pacheco, de 39 años de edad.

SOBREVIVIENTES

Paulina mira lo que quedó de su casa, de donde la madrugada del martes logró escapar, junto con su madre y sus tres hijos: Nada más escuché como un trueno, me acuerdo que empecé a levantar a mis hijos y a jalarlos porque ya nos estaba llevando el lodo”.

El hijo menor de Paulina, Nicomedes de 8 años de edad, completa el relato: No había salida, llegó la tierra y lo movió todo para abajo, yo me lastimé los brazos con la lámina, porque así fue como salimos, sólo me dio tiempo de agarrar mis huaraches y salir. Subí yo primero, con mi abuelita Juana éramos cinco, todos pudimos salir”.

Para el niño, su mamá es la heroína de la familia: “vio que en un dos por tres la tierra llegó al segundo piso de nuestra casa, y a mi mamá se le ocurrió una idea de salir por un hueco de la cocina, entre las láminas.

Betsy, la otra hija de Paulina, recuerda que, cuando se desgajaba la ladera del cerro en donde se ubica su vivienda, pensó que se trataba de un temblor, pero no era así: “Cuando me asomé estaba la tierra en nuestra casa, nomás dijimos aquí nos vamos a morir”.

Decenas de hombres de esta población y elementos policíacos, del Ejército Mexicano y la Armada de México, intentan remover el alud de tierra. La adolescente admite que no entiende bien cómo logró salir con su familia de la casa:

“Estábamos durmiendo, quién sabe cómo fue, pero salimos de la casa por la cocina, no había luz. Nunca pensamos que iba a pasar esto”, ni bien termina sus palabras y rompe en llanto.

No murieron cientos de personas, pero fue un impacto muy fuerte para la población, opina el profesor Marino López Vásquez, docente del Bachillerato Integral Comunitario Ayuuk Polivalente.

Él vio que tras el desgajamiento del cerro “las familias salían en la madrugada sin rumbo, sabiendo que en las cordilleras no hay luz, ni viviendas, nuestra gente no está preparada para un problema de este tipo.

LA TRAGEDIA QUE SE MAGNIFICÓ

Después del derrumbe, el secretario del Comisariado de Bienes Comunales, Donato Vargas, alertó a las autoridades y habló de cientos de casas sepultadas y más de 500 desaparecidos.

Sin confirmar los daños, el gobernador Ulises Ruiz Ortiz declaró a los medios de comunicación que entre 200 y 300 casas quedaron sepultadas al desgajarse un cerro. Incluso dijo que hasta mil personas podían estar como desaparecidas.

La idea de una tragedia de esa magnitud hizo que un centenar de elementos del Ejército Mexicano y un número mayor de policías estatales, bomberos e integrantes del Instituto Estatal de Protección Civil arribaran a este municipio después del mediodía, tras sortear los derrumbes que por horas incomunicaron a la población.

Ayer, el personal de rescate había disminuido, pero también se sumaron elementos de la Secretaría de Marina. “Creíamos que iba a ser más grave, venimos preparados para algo mayor, pero la tragedia se magnificó”, eran los comentarios de algunos jefes militares.

Además de las despensas que el martes trajo el Ejército, ayer al mediodía llegaron 800 despensas por parte del Gobierno del estado. La noticia inicial era un tanto imprecisa y todos se vinieron. Vamos a hacer un balance para tener datos más precisos para que no se envíen apoyos que en otros lados están necesitando”, expresó el director de Planeación de la Secretaría de Asuntos Indígenas, Erick Job López Martínez.

De las seis toneladas que la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), recolectó en el centro de acopio del zócalo, ayer mismo trajeron unos 800 kilos de víveres en camionetas pequeñas, para ver “cómo está la situación y luego traer toda la ayuda”, dijo su dirigente, Azael Santiago Chepi.

La ayuda se concentró en la cabecera municipal, pero a la radio comunitaria Jenpoj pobladores acudieron a reportar que al menos seis de las diez comunidades que integran este municipio registraron afectaciones por las lluvias de días anteriores.

OTROS DAMNIFICADOS

Un kilómetro abajo, en la comunidad de Santa Ana, decenas de casas están deshabitadas. El río, que generalmente tiene dos o cinco metros, aumentó su caudal hasta 20 metros y el agua pasó por terrenos de cultivos, casas, invernaderos, escuelas y una envasadora de agua potable.

Tuvimos que huir, rescatar algo de lo que tenemos, pedimos hospedaje allá arriba, está muy triste la situación, relata Victorina García González, madre de cuatro hijos, quien vio desde el sábado por la mañana que su cocina se empezó a agrietar, y luego el río se llevó la pared del dormitorio y un librero.

Recuerda que antes de las lluvias de estos días, “el río pasaba a diez metros de mi casa” y “no tenía ni cinco metros de ancho”, pero el martes “alcanzó hasta 20 metros y creció a una altura de tres metros por los derrumbes que hay allá arriba”.

Aunque la tarde del martes dejó de llover, y ya no está nublado, ella teme que haya nuevas precipitaciones y su casa termine de ser arrastrada por un río que reconoció su cauce. Lo peor es que “no hay dinero para hacer una nueva casa, así rápidamente.

Desanimada, trata de sacar el agua que aún queda en su cocina. Sus hijos caminan descalzos o con zapatos de plástico. Su esposo Ausencio Pérez trata de desviar el río junto con otros hombres. Un grupo de ocho mujeres y cinco niños observa desde un extremo del río cómo algunos mueven troncos de gran tamaño y otros siete avientan piedras al agua tratando de desviar el caudal.

Clara Pérez Vásquez también los observa, con su hijo de una semana de nacido pegado al pecho, enrollado en un rebozo. Con desesperación, habla entre sollozos, lo que más me preocupa son mis dos hijos, dice.

Frida, la mayor, juega con su conejo de peluche enlodado, así está toda la casa de adobe: una recámara que sirve también de comedor y una cocina que es al mismo tiempo una tienda en ruinas.

Ahora duerme en casa de su hermano, más no sabe qué va a hacer. “Me han dicho que no es seguro aquí, que hay más derrumbes más abajo”, pero ella, como muchas familias, no tiene a dónde ir.

El río que pasaba a 40 metros de la casa de Perfecta Cresencia González, se llevó la nueva construcción que levantaba su esposo Erasmo. “Íbamos a ir al centro pero dijeron que ahí estaba peor, mejor nos quedamos aquí.

La casa de Antonino Jiménez Orozco se cayó al desgajarse un pedazo de cerro, por fortuna desde el domingo “que vino el agua” su esposa Alicia y sus seis hijos sacaron sus cosas poco a poco.

Todo es confusión, no se logra precisar cuántas de las 150 casas que existen en Santa Ana están afectadas, las familias huyeron, sólo llevaron lo necesario. El río lo cubrió casi todo. El camino principal, que servía de acceso a Tlahuitoltepec, está lleno de rocas que arrastró el agua y los vehículos no pueden pasar porque el puente se cayó.

En ese camino destruido, ayer era común encontrar a personas que venían de otras rancherías para contar lo que les ocurrió, como a Ana Vásquez Gómez, que caminó dos kilómetros desde Santa Cruz para contar que perdió su casa: Por un derrumbe primero mi cocina se cayó, luego vino otro y se llevó toda”.

Desde Rancho Red, Mateo Gutiérrez Jiménez, llegó aquí para informar que ahí se cayeron tres casas el martes por la noche: “Las familias se escaparon, ya no viven ahí”.
En la palacio municipal en un papel bond escrito se van apuntando algunos de los daños reportados: Barrios afectados de muy alto riesgo: Los Pinos, Calvario, Llano Grande, Albergue, Ocotal, San Pablo y Santa Cecilia”.

SIN PLAN DE EVACUACIÓN

Son más afectaciones, eso es lo que estamos viendo, es lo poco que pudo decir el secretario municipal, Cipriano Gómez, quien no se atreve a dar cifras porque el recuento no termina.

La autoridad no está haciendo mucho, la gente está evacuando por su cuenta, no podemos vivir aquí, yo voy a refugiarme en casa de mi suegra, con mi esposa y mi hija de tres meses. Mis papás y cinco hermanos se quedan porque no tienen a dónde ir”, cuenta Mario Cardoso.

Quienes deciden abandonar la comunidad, lo hacen por sus propios medios. Si no cuentan con vehículo propio deben caminar un kilómetro al crucero más cercano, a esperar quien pueda llevarlos a esquivar los derrumbes que todavía se siguen registrando en las carreteras de la zona. Ninguna autoridad ha implementado un plan de evacuación.

Por lo pronto, la organización Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad AC, Oaxaca, pone a disposición de quienes quieran hacer donativos el siguiente número de cuenta, para ayudar a las mujeres mixes de Tlahuitoltepec con quienes han trabajado desde hace varios años y solo para las propuestas y necesidades que ellas mismas acuerden para su fortalecimiento.

Los donativos podrán hacerse en HSBC Dirección: Calzada. Porfirio Díaz No. 233, Col. Reforma Oaxaca, Oaxaca. C. P. 68050
Sucursal: 1456 Numero de cuenta: 4038441986
Clabe Interbancaria:021610040384419869 Código Swift: BIMEMXMM

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