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Sin opción, salvadoreñas desempleadas migran a EU

Por Marta Sigarán, corresponsal

"He perdido la esperanza de encontrar trabajo, ya son más de seis meses en los que mi esposo y yo estamos sin empleo y el dinero se nos terminó hace mucho", relata Johana Hernández, una joven madre de 24 años que se dispone a emigrar a Estados Unidos en busca de trabajo y dinero para su familia.

Cifras oficiales de la Dirección General de Estadísticas y Censos destacan que en El Salvador 7 de cada 100 personas están desempleadas, lo cual los economistas locales no consideran alarmante comparado con las 22 personas de cada 100 que están subempleadas, no logrando obtener el salario mínimo que en la zona rural es de 87.48 dólares (mil 165 pesos mexicanos), mientras que en la urbana es de 187.60 dólares al mes (2 mil 498 pesos mexicanos), monto con el cual no se cubre la canasta básica.

A diario centenares de salvadoreñas y salvadoreños como Johana, dejan su familia y deciden emigrar. Históricamente, EU se convierte en la primera opción por razones de distancia y de que la mayoría de migrantes tienen familiares en el país del norte.

Más del 80 por ciento de hogares salvadoreños tiene entre uno o dos familiares en el extranjero. En la zona oriental de El Salvador el porcentaje es mayor; hay familias que cuentan hasta con 12 miembros fuera del país, según la más reciente encuesta de hogares del Ministerio de Economía.

Más de 2 millones 900 mil salvadoreños viven en EU; en su mayoría emigraron huyendo de la pobreza y del conflicto armado que golpeó a esta nación centroamericana entre 1980 y 1992.

Sin embargo, la migración no se detuvo con el fin de la guerra y alrededor de 700 personas al día siguen saliendo del país, de acuerdo con organizaciones de ayuda al migrante.

CRISIS

Johana explica que es difícil para ella tomar la decisión de dejar su país y a su familia, ya que nunca lo había considerado. Ella culminó sus estudios de educación básica y luego trabajó como secretaria por seis años, pero tras un recorte de personal perdió su empleo.

Ramón, de 26 años, es el esposo de Johana. Se quedó sin trabajo un par de meses antes que ella. Por el momento subsisten de la compra y venta de granos básicos y con sacrificios Ramón estudia una carrera técnica en computación.

De común acuerdo decidieron que Johana sea la que deje el país, ya que consideran que para ella será más fácil trabajar en EU en labores domésticas, trabajo al que se dedican su tía y su hermana, quienes viven allá desde hace más de 10 años. Ramón confía en encontrar trabajo en El Salvador.

En este país sólo 38.6 por ciento de la población femenina participa en el mercado laboral; en el caso de los hombres el porcentaje asciende a 66.5, de acuerdo con datos de la Fundación Nacional para el Desarrollo (Funde).

Las remesas han mejorado las condiciones de vida de quienes las reciben. La mayoría de las y los salvadoreños en EU se dedican al cuidado de niñas y niños, limpieza de casas, oficinas, jardinería o fontanería. No muchos han logrado realizar tareas ejecutivas, se expresa en el Informe de Desarrollo Humano del PNUD.

Según datos del Banco Central de Reservas, de enero a noviembre de 2011 se recibieron 3 mil 286 millones de dólares (43 mil 769 millones 520 mil pesos mexicanos) en remesas familiares. Este rubro se ha convertido en la base de la economía.

Según el PNUD, un tercio de la población rural subsiste gracias a las remesas, lo que ha provocado una reducción de la dependencia de la producción agrícola.

Un estudio reciente de la Organización de Mujeres Salvadoreñas (Ormusa) señala que las migraciones en parte podrían estar contribuyendo a una mayor inserción laboral de las mujeres y/o a reducir las presiones sobre el desempleo femenino.

Se esperaría que esta reducción de la tasa de desempleo se acompañara con mejores condiciones laborales para las mujeres, pero la investigación de Ormusa-Funde evidencia situaciones de discriminación, informalidad, menores ingresos e inestabilidad laboral para ellas.

Johana planea tomar dentro de una semana el autobús que la llevará a Texas, donde espera reunirse con su hermana y su tía para iniciar una nueva vida. Sostiene que extrañará a sus dos hijos, pero que este sacrificio es por ellos para que tengan una mejor vida. "Toda mi esperanza está en el trabajo que tendré en Estados Unidos", apunta.

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