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Sophie Germain

Por Erika Cervantes

Con todo el afecto para Sandra de los Santos

A Sor Juana Inés de la Cruz, nacida en 1651 en Neplanta, Estado de México, como a Sophie Germain, nacida en 1776, en Paris, Francia, en tiempos y lugares distintos se les negó el derecho al conocimiento por el hecho de haber nacido mujeres.

Tal vez en la actualidad cuando paseamos por las grandes ciudades no vemos la relación entre una mujer nacida en el siglo XVIII y los grandes edificios del siglo XX y XXI.

Sin embargo, es Sophie Germain a quien se le debe poder realizar este tipo de construcciones. Fue su contribución al teorema de Fermat sobre la elasticidad de la vibración de las placas, lo que permite la construcción de edificios altos, de tal manera que el movimiento de la tierra no los haga caer.

Sophie nace en el seno de una familia burguesa en París, Francia, el 1 de abril de 1776; cuando contaba con 13 años, su familia fue llevada al campo ante la inminencia de la Revolución Francesa. Es en esta estancia donde Sophie descubre la pasión por las matemáticas.

En un principio, su familia consideró que el gusto por las matemáticas era una afición aceptable para una mujer que debía tener ciertos conocimientos para ser atractiva socialmente, pero al ver el profundo interés de Sophie consideraron que era una virtud que una mujer no debía cultivar.

A Sophie poco le importa esta prohibición, ya que decide que si a Arquímedes su celo profesional le llevó a la muerte a manos de un soldado romano, por estar realizando cálculos matemáticos sobre la arena, ella se convence de vencer los obstáculos y sigue adentrándose en su pasión.

Así, Sophie empieza a estudiar por las noches para burlar el celo de su familia, que para desalentarla le prohíben el uso de velas en su habitación por la noche, hecho que viola al introducir a escondidas las velas y arriesgarse a morir quemada al estudiar bajo las cobijas de su cama, es en estos años que aprende griego y latín para poder acercarse a los más grandes matemáticos de la antigüedad.

Finalmente, sus padres entendieron que la pasión de Sophie para las matemáticas era “incurable,” y la dejaron aprender. Sophie pasó los años del reinado del terror estudiando cálculo diferencial sin la ayuda de un profesor particular.

En 1791, cuando Sophie tiene 18 años, se funda el Ecole Polytechnique en París, una academia creada para entrenar a matemáticos y a los científicos. Pero le estaba prohibida porque no se permitía a las mujeres ingresar a la academia. Ella se las ingenia para obtener las notas de las clases y aprender de los matemáticos más prominentes de su época.

Su interés está centrado en la teoría de J. L. Lagrange, por lo que bajo del seudónimo de M. LeBlanc, realiza una disertación sobre la teoría de Lagrange que impacta tanto a este matemático que pide conocer a este joven alumno y al darse cuenta que era una mujer se sorprende.

Pasando por alto este detalle acoge a Sophie como alumna, lo que le permite por fin acercarse al círculo de científicos y matemáticos que admiraba. Pero un nuevo obstáculo se presenta, ella no era aristócrata, por lo cual también se le niega el derecho al conocimiento. Pese a ello, Germain tenía un profesor que podía inspirarla y con quien compartir e incrementar sus habilidades y ambiciones.

Germain creció en confianza y se dedica a solucionar problemas sobre áreas inexploradas de las matemáticas. Así que se interesa en la teoría del número y el teorema de Fermat.

Lo que acerca a Sophie y el matemático alemán, Karl Gauss, otra vez utilizando el seudónimo de M. LeBlanc, para expresar su postura sobre su teoría del número.

La respuesta de Karl Gauss fue alentadora. Sophie le envió otros ejemplos de su trabajo. Pero Gauss estaba tan ocupado con su trabajo que sólo le contestaba cuando el trabajo se relacionaba con sus propios teoremas.

En 1811, la Academia Francesa de Ciencias anuncia una competencia para explicar la “ley matemática subyacente” del estudio de un físico alemán en la vibración de las superficies elásticas. Sophie concursa pero su carencia de la enseñanza convencional era evidente y el anonimato la privan del premio.

Sin embargo, concursa nuevamente -en la tercera emisión del premio- y a finales de 1816 gana con su trabajo sobre el papel de las vibraciones de las placas elásticas.

Lo que abre definitivamente la puerta Sophie al convertirse en la primera mujer en ingresar a la Academia de Ciencias Francesa, sin ser esposa de un integrante y de ser la primera mujer a la que se le otorga un premio Honoris Causa por el Instituto Francés, premio que no recibe a causa de su muerte.

Sophie muere el 27 de junio de 1831en París. En el certificado de defunción, a pesar de sus múltiples aportaciones al avance de las matemáticas, consta como renttiére-annuitant, es decir, mujer sin oficio.

Más aún, cuando se erigió la torre Eiffel -para la Expo de 1889- se inscribieron los nombres de 72 sabios franceses, cometiéndose la tremenda injusticia de no incluir a Sophie Germain entre ellos. Hoy sólo una calle y una placa en la casa en donde murió recuerdan los grandes aportes de Sophie Germain al mundo de las matemáticas.

Sophie Germain nos hereda la lucha en contra de los prejuicios sociales sobre la inteligencia de las mujeres y su capacidad de abstracción que únicamente están en la mente de quien niega el derecho al conocimiento y la educación a las mujeres.

2005/EC/SJ

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