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Titánica labor de Madres Afortunadas contra la discriminación

Por la Redacción
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Ante la inacción de las autoridades mexicanas para garantizar a la población el pleno respeto de sus Derechos Humanos (DH), las mujeres nunca se quedan sin hacer nada: algunas se vuelven defensoras y enfrentan con sus propios recursos y herramientas problemas que deberían ser atendidos por el Estado.
 
Tal es el caso de Gabriela Sánchez López, desde hace poco más de 10 años activista y defensora de los DH de madres solteras y niñas y niños con discapacidad en el Estado de México.
 
Las jefas de familia, cuenta Gabriela, carecen de recursos suficientes para sacar a sus hijas e hijos adelante, ven limitadas sus oportunidades de acceder a un empleo formal, no cuentan con guarderías, e incluso –como ha reportado Cimacnoticias– se enfrentan a leyes que no les facilitan el acceso a la pensión alimenticia.
 
Cuando estas mujeres además son madres de niñas y niños “especiales” –con discapacidad física, motora o mental– las barreras y obstáculos se agravan, pues además de ser víctimas de condiciones desiguales, viven la discriminación y aislamiento del que también sufren sus menores hijas o hijos.
 
De acuerdo con el informe “Estado mundial de la infancia 2013”, elaborado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), “sobrevivir y prosperar es particularmente difícil para las niñas y niños con discapacidad. Su probabilidad de vivir en condiciones de pobreza es mayor que la de los menores sin discapacidad. Incluso si comparten las mismas condiciones desfavorables”.
 
Al conocer en carne propia todas estas dificultades, la “señora Gaby” –como la llaman– decidió trabajar todos los días para brindarles más opciones tanto a las y los niños como a sus madres a través de la asociación civil Madres Afortunadas, la cual atiende a menores de edad con discapacidad.
 
MALOS TRATOS
 
Hace casi 14 años, Gabriela adoptó a Rosa Isela, pues su madre biológica ya no podía hacerse cargo de la menor, quien entonces tenía poco más de dos años de edad, y padece de discapacidad visual y retraso mental.
 
Cuando “Rosita” creció un poco más, Gabriela buscó opciones para meter a su hija a la escuela, pues siempre –relata a Cimacnoticias– “he querido que salga adelante y aprenda a valerse por ella misma” pese a sus limitaciones que a su mamá no le parecen definitorias.
 
Fue así que encontró una escuela de monjas en la delegación Coyoacán. Como le habían dicho que ahí su hija aprendería a leer braille e incluso un oficio, a Gabriela no le importaba trasladarse diariamente desde el municipio mexiquense de Ecatepec, conurbado al DF, hasta el sur de la ciudad.
 
Pero el encanto no duró mucho, sólo tres meses después, Gaby se dio cuenta que las monjas maltrataban a su hija y a los demás menores de edad que tenían bajo su cuidado, incluso “la sacaban a vender dulces a la calle”.
 
De inmediato denunció el maltrato ante un Ministerio Público y sacó a su hija de la institución. De nuevo comenzó con el arduo camino que representa encontrar una escuela donde atiendan a menores con discapacidad.
 
“Todos los lugares son muy caros, la gran mayoría están en el DF y los pocos que son de gobierno te piden una serie de requisitos que muchas veces son imposibles de cumplir”, explica Gabriela.  
 
El cansancio de buscar ayuda de instancias de gobierno y tener que trasladarse al DF para recibir apoyo de grupos civiles capitalinos llevó a Gabriela en 2003 a tomar en sus manos el cuidado de su hija y de otras niñas y niños con discapacidad.
 
“Yo no sabía qué hacer, sólo tenía claro que la prioridad era mi hija y cuando conocí a otras madres que apenas empezaban a recorrer lo que yo ya había hecho, quería que mi experiencia les ayudará a no pasar por lo mismo”.
 
Para crear Madres Afortunadas, Gabriela acondicionó un pequeño espacio en su casa para que las y los menores de edad recibieran terapia ocupacional que les ayudara a desarrollar sus habilidades motoras y psicológicas; pensó que sería temporal pues comenzó a buscar a las autoridades municipales y estatales para que la ayudaran.
 
En 2005, el entonces alcalde de Ecatepec y actual gobernador mexiquense, Eruviel Ávila Villegas, acompañado de la entonces directora general del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia en el Edomex y actual titular del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), Lorena Cruz Sánchez, visitaron la casa de Gabriela y conocieron su pequeño espacio de trabajo.
 
Además de felicitarla por su ardua labor y entregarle un reconocimiento, prometieron gestionar los recursos necesarios para construir una “escuela para personas con capacidades diferentes”.
 
Gabriela se apuró a recolectar las firmas vecinales para que le fuera otorgado el permiso de construir la escuela en un terreno baldío cercano a su casa, y que era propiedad del municipio.
 
Sin embargo, actualmente en el lugar hay un salón de fiestas y Gabriela sigue prestando su pequeña casa para que las y los niños especiales reciban la atención correspondiente.
 
La “señora Gaby” tuvo que abandonar su labor durante tres años debido a que de 2009 a 2011 se trasladó a Guadalajara, Jalisco, en busca de mejorar sus ingresos económicos.
 
En esa ciudad su hija fue violentada sexualmente por Ricardo Alejandro Meneses, ante lo que emprendió el proceso penal correspondiente y en consecuencia fue víctima de amenazas, ataques y hostigamiento por parte de personas cercanas al agresor.
 
Para 2012, de nuevo en la entidad mexiquense, Gabriela retomó el proyecto de Madres Afortunadas y nuevamente emprendió la batalla de pedir apoyo gubernamental y la construcción de la escuela en un espacio disponible del terreno previamente acordado.
 
HISTORIAS
 
En el pequeño cuarto pintado de blanco de cuyas paredes cuelgan algunos dibujos, están algunas repisas llenas de juguetes didácticos que también Gabriela ha comprado con sus recursos. Ahí juegan todos los jueves varias niñas, niños e incluso jóvenes.
 
Gina, de 25 años, padece autismo y retraso mental. Su madre cuenta que gracias a la ayuda de la “señora Gaby”, su hija se ha vuelto más sociable, sonríe más y puede convivir con otras personas.
 
Además Gaby ayudó a la mamá de Gina a obtener atención médica. “No me puedo enfermar, mucho menos morir; mi hija me necesita así que me tengo que cuidar mucho. La señora Gaby me ayudó mucho porque por ella pude ir al hospital y ya estoy mejor”, narra la madre de la joven.
 
También está “Lalo”, un niño de nueve años diagnosticado con hiperactividad y déficit de atención, enfermedad por la que lo expulsaron de la escuela, “pues la maestra dijo que no podía atender a niños así”.
 
Su mamá explica que el rechazo de los otros menores de edad y de otras madres a su hijo le duelen, pues ella espera que pese a todo su “niño sea alguien de bien”.
 
En la organización le ayudaron a conseguir un trabajo como asistente de un optometrista, y la apoyan para conseguir el medicamento para “Lalo”, ya que no lo puede costear con sus propios recursos.
 
También está un menor de ocho años con parálisis cerebral, enfermedad que desarrolló tras recibir la vacuna pentavalente en un centro de salud. Al morir su madre quedó al cuidado de su abuela, para quien Madres Afortunadas representanta el gran logro de que el niño sea capaz de comer con sus propias manos y agarrar la cuchara.
 
Con una sonrisa, Gabriela afirma que cada niña, niño o madre que ella ayude representa un gran logro y una motivación para seguir luchando para derribar todos los obstáculos que tiene frente a ella.
 
13/RED

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