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¿Todo está controlado?

Por Juana Eugenia Olvera*

No sé si alguna o alguno, en ocasiones, sienten que todo tiene un orden, o como que hacemos cosas que parecieran están creadas especialmente para cada uno de nosotros.

Hace muchos años, cuando adquirimos nuestra primera casa, era un hogar que tenía el número 134 A, sumado todo era un número 9 (1 + 3 + 4) = 8 + la letra A que tiene el valor de 1 = 9.

Fue una casa que me encantaba porque era en un piso y tenía todo lo que requería, sólo que en esa casa me la pasaba haciendo cosas. Nunca pude estar tranquila, cuando no la pintaba, la enceraba, le ponía muros aparentes, le hacía adornos, es más, ahí aprendí a trabajar retablos, flores de migajón, etcétera.

Siempre estaba en movimiento y ahora veo que el 9 como es el número de Marte trae mucha movilidad. Cuando viví en una casa 6, el amor llegó a mi vida y puedo decir que fue una época muy agradable.

Así, que casi siempre busco un número que me sea favorable, pero no siempre se puede encontrar lo que busco, por lo que creo que en ocasiones he tenido que vivir experiencias diferentes, aunque el número que tenga no indique lo que sucederá o será la parte que no esperaba.

Los números maestros son llamados de esta manera porque tienen una obligación superior a la normal de quienes los tienen en su fecha de nacimiento o en la numerología del nombre o de una casa. El número maestro tiene una vibración superior. Se les llama así al 11, 22, 33, 44, etcétera.

Cuando se asume un número maestro, de pronto las acciones se vuelven brillantes. Es la persona que asume responsabilidades en momentos de crisis, porque este es el compromiso que pactó antes de encarnar. Como al nacer se olvida todo, el número maestro está ahí para recordar la misión que tiene que cubrir el alma.

Por ejemplo: el número 11 favorece el desarrollo de la intuición, la clarividencia, la sanación espiritual y todo el trabajo que tenga que ver con lo metafísico.

El número 22 aumenta el potencial de las personas en cualquier ámbito. El número 33 indica que todo lo que se quiera lograr, se alcanzará con dedicación.

Nunca vamos a vivir en una casa por casualidad. Cada espacio que ocupamos tiene un sentido, una causa, y si aprendemos a ver, descubriremos la lección que necesitábamos en ese preciso momento.

Como soy de las personas que cree que los problemas son para superarse, siempre he creído que todo lo podemos cambiar. Tengo una amiga que vivía en una casa 8, que solamente le traía la parte negativa del 8. Problemas, dificultades, obstáculos. Se quemaban los cables de la luz, había goteras aunque la impermeabilizaran, etcétera. La revisaban y no se encontraban las fallas, en fin.

Como medida, sugerí que le agregaran una A, para convertirla en 9 y funcionó. Al poco tiempo, los problemas desaparecieron.

Este es un tema tan amplio, que nos podríamos pasar días hablando de él, pero como no estoy haciendo un tratado, voy a pasar a otro tema que nos ayudará también a tener un tipo de energía armónica a lo que somos.

Una de las formas como nos vamos relacionando con nuestro entorno es la atracción que ejerce en nosotros el color. En nuestra época vemos cómo los colores son vivos, alegres.

Hubo épocas de la humanidad que los colores eran obscuros, tristes y, por ende, la vida de los ciudadanos de los países donde los colores dominantes eran negros o café oscuro, tenían vidas tristes, duras, agobiantes.

El color es una manifestación de la luz del Sol y ahora sabemos que el color son ondas electromagnéticas. La luz que podemos ver es tan sólo una pequeñísima parte del espectro electromagnético.

El hecho de que seamos sensibles al color indica que nuestro cerebro ha ido evolucionando lentamente hasta llegar a captar la luz, lo que está integrado en nuestro sistema nervioso.

Se han hecho una infinidad de pruebas y se ha detectado que cuando una persona ha estado cerca de un color de los llamados cálidos (naranja, rojo o amarillo), aumentan las pulsaciones, la presión sanguínea y el ritmo respiratorio.

Me recuerda una de las primeras veces que acompañé a mi maestro a efectuar una prospección a una casa (armonizarla energéticamente). Nos llamó la atención que toda estaba pintada de color rosa, así como cortinas y alfombras.

Mi maestro preguntó quién vivía ahí. Era de la mamá de la dueña, quien nos dijo que recién había muerto. "¿De cáncer?", se le cuestionó. La señora se sorprendió porque, efectivamente, la señora había muerto por un cáncer. Si bien el color no provocó la enfermedad, sí contribuyó a evitar la salud.

*Narradora oral, astróloga y terapeuta.

12/JEO/RMB

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