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Todos coludos

Por Cecilia Lavalle

…Y retiemble en sus centros la tierra…. ¡Cómo!, ¿no tembló? ¿No hay escándalo? ¿No han rodado cabezas?, ¿no se han exigido explicaciones? ¿Tan acostumbrados estamos?

La semana pasada y a lo largo de ésta, diversos periódicos como Reforma han publicado datos que verdaderamente deberían alarmarnos; deberían haber provocado un escándalo mayúsculo; deberían haber propiciado que los centros de la tierra mexicana temblaran.

Me refiero al Diagnóstico sobre el impacto del fraude y la corrupción en las pequeñas y medianas empresas, elaborado por la empresa cei Consulting & Research.

De acuerdo con este estudio, 10 por ciento de los ingresos anuales de las pequeñas y medianas empresas, mejor conocidas como Pymes, se destina a prácticas de corrupción, principalmente sobornos. Se estima que diariamente las Pymes pagan 507 sobornos.

Traducido a pesos y centavos, significa que las Pymes pagan por ese “concepto” 29 mil 700 millones de dólares al año, lo que equivale a 4.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Si a la corrupción le sumamos el fraude y la deshonestidad, resulta que las Pymes gastan 81 mil millones de dólares anuales, lo que equivale a 12 por ciento del PIB.

Estos datos adquieren mayor dimensión al saber que, según Arturo del Castillo, director del cei, las Pymes contribuyen con 42 % del PIB; que seis de cada diez han sido víctimas de al menos un fraude; que cuatro de cada diez realizan de manera frecuente pagos extraoficiales a servidores públicos, y que el fraude es la tercera causa de “mortandad” de las Pymes.

¿Dónde se registra más corrupción? En los municipios. La encuesta que se realizó a mil 376 pequeñas y medianas empresas, y que tiene un rango de error de 1 por ciento, indica que seis de cada diez sobornos se pagan a funcionarios de gobiernos municipales; cuatro de cada diez, a servidores estatales, y dos de cada diez, a federales.

¡Ah, pero no es todo! El estudio realizado a petición del Consejo de la Comunicación, conformado por miembros de la iniciativa privada, reveló que la cultura del soborno inicia a los 12 años de edad ¡en las escuelas!, donde adolescentes pagan a maestros para pasar una materia: 15 por ciento de entre 10 y 15 años ya ha pagado al menos un soborno; lo mismo que 40 por ciento de entre quienes tienen de 15 a 25 años, y 57 por ciento de entre quienes tienen treinta años o más.

…Y retiemble en sus centros la tierra… ¿Nada? ¡Nada!

Ese estudio también sacó una especie de geografía de la corrupción. Ubicó a cada entidad en una escala (alta, media alta, media, media baja y baja) en función del riesgo de pagar un soborno o padecer un fraude. Ningún estado de la República se salva. Morelos tiene la más alta calificación (léase: es el estado más corrupto) y Querétaro la más baja. Quintana Roo está en la media.

Para acabarla, el pasado jueves 18 se difundieron en medios como La Jornada algunos datos de la Encuesta de gobernabilidad y desarrollo empresarial 2005, elaborada por el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), que señalan que las empresas mexicanas gastan alrededor de 120 mil millones de pesos al año en sobornos pagados a las autoridades de los distintos niveles de gobierno.

Entre las dependencias más corruptas se apuntan la Policía Federal (judicial y preventiva), Petróleos Mexicanos, la Administración General de Aduanas, la Procuraduría General de la República, el Instituto Mexicano del Seguro Social, la Comisión Federal de Electricidad y la Secretaría de Energía.

Pero hay más. El 20 por ciento de los empresarios encuestados reconoce haber hecho pagos a legisladores para influir en el contenido de nuevas leyes, políticas y regulaciones; y que esos sobornos equivalen al seis por ciento de sus ingresos anuales. ¿Qué entidades son más señaladas en este rubro? Hidalgo, Tabasco, Zacatecas y el Distrito Federal.

…Y retiemble en sus centros la tierra… ¿Ni siquiera un poquito? Bueno, un poquititito.

Algunos legisladores se indignaron y empezaron a exigir nombres. Pero dudo mucho que pase de ahí. Por un lado, porque los empresarios saben que algo peor que la corrupción es la impunidad y si hablan firman una especie de sentencia en su contra; y, por otro lado, los empresarios no contemplan la corrupción como un grave problema. El diagnóstico señala que a su juicio los cinco principales obstáculos para el desarrollo del país son: la inseguridad, la piratería, la economía informal, los sindicatos y la política fiscal. La corrupción no figura ahí.

¿Y por qué no tiembla en sus centros el sistema político mexicano con estos datos? No sé, pero recordé lo que dicen que dijo una vez un gobernante: “Hay que embarrar a todos de mierda para que nadie diga que apesta”.

Apreciaría sus comentarios: [email protected]

*Periodista mexicana

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