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Tribus y pactos masculinos no deben frenar candidaturas femeninas

Por Lucía Lagunes Huerta*

Nuevamente está envuelta la ciudadanía en un proceso electoral más, donde se renovará la Cámara de Diputados y habrá elecciones en 15 entidades federativas para el reemplazo de congresos locales y ayuntamientos. Si bien tenemos nuevas reglas del juego, gracias a la acción legislativa de las diputadas, lo que sabemos hoy es que la presencia femenina sigue siendo escamoteada por las tribus partidarias y los pactos masculinos.

En aras de caminar hacia la paridad, diputadas de la LX Legislatura, comprometidas con los derechos de las mujeres, reformaron el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, para establecer que los partidos políticos “presenten al menos el 60 por ciento de las candidaturas de un mismo sexo, procurando llegar a la paridad”.

La intención, sin duda, es muy buena, lo que queda es lograr la realidad, pues hasta donde hoy se tiene información pocas mujeres lograrán estar verdaderamente en la contienda electoral, tanto en posiciones seguras de llegar por las condiciones mismas de las lógicas partidarias que aún siguen secuestradas en las corrientes y los grupos de interés.

Dentro y fuera de los partidos no se ve mucha voluntad para cumplir con la ley. Lograr una candidatura ciudadana en alguno de los grandes partidos es casi imposible.

Por ejemplo, hasta donde se sabe, en los pre-registros de candidaturas en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) de 714 pre-candidaturas registradas por mayoría relativa hay 97 mujeres como propietarias y 125 suplentes, sumando ambas 31 por ciento; en el PRI, de 276 pre candidaturas, 68 son para mujeres (24 por ciento); y en el PAN representan apenas 25 por ciento.

Si bien puede haber otros partidos que tienen mayor número de candidaturas femeninas, como el Partido Social Demócrata, donde el 40 por ciento de las candidaturas son de mujeres, la propia historia del partido hace dudar de las intenciones.

Los datos están ahí, sin muchas claridades, ya que los partidos presentan las listas de registro de pre-candidaturas en formatos totalmente distintos, sin posibilidad de garantizar un seguimiento, transparencia y rendición de cuentas.

En cada institución política, las mujeres contienden como pueden, desde los recorridos de corriente en corriente para garantizar los amarres necesarios y en ocasiones sin mucha fuerza porque se carece de respaldos reales, más allá de compromisos verbales. Y esto se agudiza si la candidata es externa.

Adentro, la militancia femenina hace lo suyo, enfrentando procesos históricos desiguales y amañados, donde las instancias partidarias para las mujeres están arrinconadas, peleando para hacer efectivo el 2 por ciento del gasto de los partidos para la capacitación, promoción y el desarrollo del liderazgo político de las mujeres.

¿De qué tamaño será la respuesta de las dirigencias partidarias al momento de tener las candidaturas finales, hasta dónde cumplirán con la ley, tanto electoral como de su propia normatividad interna?

Ante este panorama, la responsabilidad de la autoridad electoral tendrá que ser firme para hacer cumplir la ley y sancionar a partidos que incumplan, incluso si no registran las listas de candidaturas, si no se cumple con la norma, porque en un Estado de derecho la ley se cumple.

* Periodista y feminista. Secretaria Ejecutiva de Comunicación e Información de la Mujer AC (CIMAC).

09/LLH/GG

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