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Un económico modelo injusto y desigual

El hambre, la pobreza, la desigualdad, la falta de justicia y democracia, la corrupción, la tortura física y psicológica, la indiferencia, la complicidad, así como la falta de oportunidades en educación, salud o la recreación son formas de violencia, sostuvo la doctora Concepción Núñez Miranda, al participar esta semana en el Foro Nacional por la Libertad de las y los presos políticos.

Hechos de violencia que se articulan necesariamente con la violencia de género, puesto que es un fenómeno producto de múltiples factores relacionados con problemas estructurales económicos, psicosociales, políticos, culturales e ideológicos.

En el evento organizado por la Coordinadora de Mujeres Oaxaqueñas (Como), la investigadora de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) dijo que el caldo de cultivo para la violencia estructural en la sociedad se encuentra en un modelo económico social injusto y desigual, que da prioridad a la seguridad al aumentar los cuerpos policíacos y hace a un lado la justicia social.

En México, como en Oaxaca, aumenta el desempleo, la pobreza y los precios de los alimentos básicos; la violencia se ha institucionalizado y se concreta la violación sistemática de los derechos humanos y la criminización de los movimientos sociales.

En tanto, con el pretexto del supuesto combate al narcotráfico se fortalece al ejército y a los grupos policíacos, sin embargo, los crímenes por este motivo aumentan.

En este contexto, Núñez Miranda se refirió al reciente movimiento social en Oaxaca y al uso de la “brutalidad policíaca frente al que consideraba su enemigo (el pueblo) y no ciudadanas y ciudadanos con derechos, lo cual pone en entredicho no sólo al servidor público y a la institución que representa sino a la especie humana”.

La investigadora citó que los medios locales muestran la violencia contra mujeres y niñas, donde Oaxaca no es la excepción:

“Según informes nacionales ocupa el segundo lugar en feminicidio y nos encontramos en uno de los estados con mayor índice de violencia familiar, pero el gobierno insiste en minimizar e invisibilizar a las mujeres que sufren violencia de género porque existe la teoría de que ellas se lo buscaron, querían ser violadas, maltratadas, desaparecidas o asesinadas”.

Una concepción machista persiste en la visión de fiscales, procuradores o jueces que imparten la justicia y esto contribuye a “normalizar” la barbarie en las realidades sociales, añadió la activista por los derechos humanos de las mujeres indígenas en México.

La también integrante de la Casa de la Mujer “Rosario Castellanos” añadió que a la sociedad le toca romper el silencio y denunciar, “tenemos que aumentar la memoria colectiva, no permitirnos que una amnesia global nos haga olvidar el valor que tiene la vida, no hay peor violencia que una sociedad inmovilizada, que no reconoce como suyos a los hombres y mujeres asesinadas y violentadas”.

Propuso dejar de pensar que la violencia es natural e incontrolable, que la violencia social como una violencia de género son normales, debemos exigir una educación en la igualdad y exijamos que las recientes leyes aprobadas para que las mujeres vivan libres de violencia se cumplan.

Debemos incluirnos ?dijo- en los procesos de construcción de la democracia, de lo contrario se desarrollará el autoritarismo y la misoginia; aprendamos a denunciar los abusos, injusticias y terminemos con el silencio y la simulación.

07/SJ/CV

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