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Uno de cada 4 nacimientos, producto de embarazo adolescente

Por Redaccion

Los embarazos en adolescentes, además de constituir un problema de salud pública, son un fenómeno de gran impacto social. Las jóvenes en esa condición enfrentan, en muchas ocasiones, un entorno adverso: el rechazo familiar, la expulsión de la escuela o la pérdida de la red social de amistades, con la consecuente depresión, aislamiento y baja autoestima, consideraron especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define como embarazo temprano a aquél que ocurre entre los 15 y los 19 años de edad. Según Alba Moguel, directora general adjunta de Salud Reproductiva del Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva de la Secretaría de Salud, en México nacen cuatro niños cada minuto, y de ellos, uno es hijo de madre adolescente, dice un comunicado de la UNAM.

Para Mirna García Méndez, jefa de la carrera de Psicología de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza (FESZ), es además una situación sin atender, originada por la falta de educación, que se queda en el papel, sin llevarse a la práctica. Además, los padres no saben cómo hablar de sexualidad con sus hijos.

Tomás Zepeda, jefe de las Clínicas Multidisciplinarias de esa Facultad, opinó que los embarazos deben dejar de ser de competencia exclusivamente femenina. La información y la responsabilidad también deben dirigirse al varón, quien no sólo aporta la mitad de los cromosomas y determina el sexo del nuevo ser, sino que puede transmitir enfermedades y ‘echarle a perder la vida’ a una chica.

INICIO DE LA VIDA ADOLESCENTE

En la adolescencia no se es niña ni adulta. En ese lapso, las ylos chicos no sólo buscan identidad y emancipación, sino que se creen inmunes a todo, del tipo a mí no me va a pasar, incluso al contagio de enfermedades o embarazos no deseados, dijo la psicóloga.

Entre los eventos que marcan la vida de los individuos, “la primera unión sexual y el nacimiento del primer hijo tienen especial significación, expresó Carlos Welti Chanes, del Instituto de Investigaciones Sociales.

Dichas acciones –señala en La salud reproductiva en México. Análisis de la Encuesta Nacional de Salud Reproductiva (Ensar) 2003–, tienen implicaciones en su vida futura y los obligan a asumir nuevos papeles: pareja conyugal, jefe de familia y madre o padre, y dejan atrás funciones propias de la infancia o la adolescencia.

En el embarazo temprano, explicó García Méndez, influyen múltiples factores. La familia es uno de ellos. En el hogar no se habla de sexualidad; se cree que entre menos sepan, menos tentaciones tendrán los jóvenes.

El hecho es que a los 19 años más de la mitad de las mujeres ya ha tenido su primera relación coital. Es a partir de los 15 que la proporción aumenta en casi 10 por ciento. Es notorio que al cumplir 18 años se produce otro importante incremento en los porcentajes de chicas que se inician sexualmente, precisamente cuando la población adquiere la ciudadanía, detalló Welti.

Los jóvenes aprenden del tema con los amigos, en películas pornográficas o Internet, cuando no son los medios más adecuados para obtener información. En ninguno de ellos se mencionan las consecuencias de esta conducta, como la transmisión de enfermedades, afirmó la experta.

ATENCIÓN MÉDICA Y ENFERMEDADES

De las infecciones que con más frecuencia se adquieren y de las que poco se habla son el virus del papiloma humano (VPH), que puede producir cáncer, y la hepatitis B, además del VIH y el SIDA, añadió el pediatra Tomás Zepeda.

En el embarazo, las dos primeras enfermedades referidas pueden desencadenar daños en el producto. Además, una chica con uno de estos padecimientos no tendrá un parto natural, sino una cesárea. A esos males se suman otros, como el herpes simple e, incluso, la gonorrea o la sífilis, que siguen presentes y producen malformaciones congénitas o abortos en los primeros meses de gestación”, advirtió.

Un problema adicional es que las futuras madres prematuras esconden su condición y pasan meses sin atención médica. Son embarazos no planeados y mucho menos aceptados; la paciente no acude a consulta sino “hasta que se le nota”, en el quinto o sexto mes, y no se realizan estudios para determinar la salud del producto gestado. Muchas, incluso, son atendidas hasta el parto, con los riesgos que implica, abundó Zepeda.

En el momento en que una jovencita queda preñada, en cualquier hospital deja de ser atendida por pediatría o medicina del adolescente, y pasa al servicio de ginecología y obstetricia. Ahí, la tratan como si fuera adulta, y no lo es física ni emocionalmente”. En este sentido, sugirió un cambio en los sistemas de salud.

Mirna García explicó que en los primeros meses, muchas de las futuras madres usan fajas para que no se les note el crecimiento del abdomen. Niegan su condición y siguen fumando e ingiriendo bebidas alcohólicas, lo que provoca el nacimiento de bebés de bajo peso; otras se inducen abortos sin condiciones de seguridad.

Aún en el siglo XXI, otro fenómeno es la llamada prueba de amor. En el caso de las mujeres, detalló Welti, el amor aparece como justificación para tener relaciones sexuales con el novio. En terapia se observa a muchas niñas que en su primera vez quedan encintas, aseguró Mirna García.

Ellas no piden el uso del preservativo porque les preocupa lo que sus parejas van a pensar: que son libertinas, malas o que se acuestan con otros. Ni siquiera se rigen por la etapa en que son más fértiles, desconocen su período menstrual, y así se la juegan, como una moneda al aire, sentenció.

ESCOLARIDAD

Un elemento más es el nivel educativo de las muchachas. Entre menor sea, existe mayor posibilidad de un embarazo no deseado, sostuvo la académica.

La escolaridad, aseveró Welti, reduce las probabilidades de tener la primera relación sexual en la adolescencia. Según la Ensar, el porcentaje de mujeres que no fueron a la escuela o no completaron la primaria y que a los 15 años ya han tenido su primera experiencia, es diez veces superior al quienes llegaron al menos al bachillerato.

La educación también reduce el riesgo de tener hijos a edades tempranas, de manera que antes de cumplir 20 años, casi seis de cada 10 mujeres que no asistieron a la escuela han tenido su primer hijo; en contraste, de las que alcanzaron por lo menos el nivel medio superior, esa proporción se reduce a poco más de una de cada 10.

Incluso, la edad al primer hijo se encuentra estrechamente relacionada con las condiciones socioeconómicas de la población femenina, expresó Welti. Los estados de Chiapas y Oaxaca muestran los mayores porcentajes de mujeres que ya han sido madres a los 15 años de edad.

En cualquier caso, coincidieron los especialistas, el nacimiento de una hija o hijo limita las posibilidades de desarrollo personal de las adolescentes. Entre las mujeres que se embarazaron por primera vez entre los 15 y los 19 años, sólo el 14 por ciento estudiaba; sin embargo, más del 60 por ciento de ellas dejó de hacerlo.

Además, el retraso en el inicio de la maternidad tiene un claro efecto sobre la fecundidad total. A nivel nacional, las mujeres que tuvieron a su primer bebé en la adolescencia tienen alrededor de tres hijas o hijos más que las que fueron madres por primera vez después de los 20 años.

Así, la mejor recomendación es prevenir el embarazo mediante el uso de cualquiera de los métodos anticonceptivos disponibles. Para las que ya están embarazadas, es aconsejable ponerse bajo control médico y buscar el apoyo de la familia. Luego, reorganizar su vida para tratar de superarse de manera personal, es decir, que busque ir más allá de desempeñar el rol de madre, concluyeron.

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