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Victimaria o víctima

Por Olga Villalta *

La imagen de una joven indígena agachada, ocultando su identidad y con las manos en forma de desconsuelo, en una nota informativa publicada el 28 de agosto en un matutino local, no me deja en paz. Desde el titular: “Consternación por el deceso de una bebé”, se puede inferir que el reportero ubica el hecho noticioso alrededor de la niña muerta y no de la joven madre, quien es víctima de una sociedad que no le proporcionó los medios para evitar un embarazo no deseado a tan corta edad.

Me indigna cómo el reportero indica que todavía no se podía determinar si la bebé murió por “desconocimiento de la joven o si fue un hecho premeditado”. Con esta insinuación se sugiere al lector rechazar a la joven ubicándola como una persona capaz de asesinar a la bebé.

Me pongo en los pies de esa joven, puedo recordar cuando yo tenía esa edad y, aunque era niña urbana, tampoco sabía exactamente lo que pasaba en mi cuerpo y los riesgos que podía correr con el despertar de mi sexualidad.

Mi madre no se ocupó en informarnos sobre sexualidad, creyó que la práctica religiosa sería suficiente para protegernos. Esta joven de origen achi’, con una madre que supongo casi analfabeta, ¿cómo podía enfrentar el apetito sexual de un hombre –sea de su edad, adulto o viejo, vecino, maestro o pariente– que únicamente quiso aprovecharse de su cuerpo?

¿Cuándo vamos a tener reporteros que escriban con objetividad y no desde el prejuicio? En la universidad privada en la que cada año doy el curso de Comunicación y Género intentamos motivar a los estudiantes a escribir las notas informativas desde una posición de respeto a los derechos humanos de las mujeres.

Detrás de cada caso como este hay toda una historia de vida que merece respeto. ¿Qué sabemos de la niña? Si a los 14 años apenas va a 4.º grado de primaria, eso evidencia que no vino al mundo en las mejores condiciones de vida, sino rodeada de pobreza, ignorancia y marginación.

Ella es parte de las miles de mujeres que son triplemente discriminadas: por ser pobre, mujer e indígena. Las niñas en este mundo todavía son consideradas como seres sin ningún valor. Atrás de su embarazo se encuentra un abuso de poder. Pudo haber sido una violación o incesto.

Los medios de comunicación suelen reportar la información de manera que “venda”, es decir, que despierte el morbo y las y los lectores no hemos creado mecanismos que permitan indicarles un hasta aquí a los prejuicios y estereotipos de género que inundan las páginas impresas y emisiones radiales o televisivas.

Los operadores de Justicia tendrían la obligación de buscar el hombre que embarazó a esta niña, pues él es el responsable del drama que hoy ella enfrenta.

* Periodista guatemalteca, del diario de Centroamérica.

10/OV/LR/LGL

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